El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha hecho este martes balance político y económico del año que acaba en una comparecencia que una, según las encuestas, mayoría de los españoles espera que sea la última. Ha repasado todo (todo lo que él considera importante para sus intereses) y ha aprovechado para presentar su nuevo paquete de medidas anticrisis. En un intento por desviar la atención de lo que va a traer más cola a largo plazo, que no es otra cosa que el no terminado aún conflicto con el independentismo catalán y la renovación del CGPJ, ha decidido un año tarde suprimir el IVA de los alimentos de primera necesidad.
No se ayuda al ciudadano si muchos meses después de una gran crisis de precios eliminan los impuestos a algunos alimentos entre los que no están incluidos ni la carne ni el pescado y sí se elimina, por el contrario, la ayuda de 20 céntimos a la gasolina y el diésel cuando los precios están todavía por las nubes. Medidas electoralistas que no enterrarán, para el que escribe, lo verdaderamente trascendente: Sánchez se alinea con el independentismo y le da alas gracias (y este es el otro gran problema) a sus maniobras en el Código Penal y contra el Poder Judicial.
A estas alturas, ha quedado claro que a Pedro Sánchez no le gustan los jueces independientes, tampoco los etiquetados como “conservadores”, a los que presiona sin pudor. Pero es que también le molestan los periodistas que no comulgan con sus doctrinas, a los que critica o ataca sin ningún disimulo porque así lo lleva en su “manual de supervivencia”. En esta línea de nulo respeto por la verdadera libertad de expresión y transparencia, el presidente del Gobierno lleva muy mal eso de rendir cuentas y tener que explicar a los españoles y su opinión pública, votantes incluidos, por qué dice una cosa y hace la contraria.
Por supuesto, odia a la oposición, aunque eso es recíproco, a la que insulta sin remilgos y luego intenta hacer creer que es al revés. No digo nada nuevo cuando afirmo que Sánchez tiene declarada la guerra a todo y todos los que no le ríen la gracia y no asienten genuflexos a sus diatribas de pasquín. Pero lo peor es que en este juego maquiavélico del “vale todo” y “el fin justifica los medios”, el líder del PSOE ha dejado sobradas muestras de que siente verdadera aversión por la separación de poderes.
Se constata, para vergüenza de socialistas de corazón e, incluso, de carnet, que el presidente y su equipo de Gobierno, que se refieren a los jueces como “golpistas con toga”, aborrecen que haya un poder judicial que le recuerde que tienen que respetar la Constitución, que no pueden hacer lo que les venga en gana, que hay reglas, que existen límites que no se pueden traspasar porque, igual que cualquier otro ciudadano español, están sujeto al ordenamiento jurídico. Sobra ya mucha soberbia en Moncloa y Ferraz.
En un claro abuso que da prioridad a los que quieren separarse de España sobre todos los españoles, Sánchez se ha prestado al juego de cambiar la democracia por sus maniobras, estrategias e imposiciones al gusto de socios independentistas. Porque no hay que olvidar ni dejar de recordar que el presidente del Gobierno está inmerso en esta deriva de autodestrucción por complacer a las formaciones políticas enemigas de la unidad nacional, que le chantajean mientras él pueda seguir en el Poder.
Que no tenga ninguna duda Pedro Sánchez de que por esto sí pasará a la Historia de España.
No se da cuenta, y si lo sabe le da igual, que al presentar las reformas del Código Penal que propone, y que sacará adelante si hace las cosas por los cauces pertinentes sin intentar atajar, se facilita la reincidencia de los condenados por el procés, que muy en contra de lo que dice el propio presidente del Gobierno, los líderes separatistas en Cataluña no han abandonado. Sánchez abona el terreno previo pago para que se repita todo nuevamente en Cataluña.
Por eso el líder del PSOE apoya los privilegios territoriales y pacta con los delincuentes sus propias condenas. Por eso el presidente del Gobierno está reformando un Código Penal a la medida de los que con sus votos amparan a los culpables y por eso los independentistas, que ya dijeron que lo volverán a hacer, hablan claramente del próximo referéndum de autodeterminación.
Recientemente, un diputado navarro se defendía de las acusaciones de transfuguismo que le hacía el ministro Bolaños. La contestación fue muy aplaudida en casi todo el arco parlamentario cuando argumentó que el mayor caso de transfuguismo en España eran los propios representantes del PSOE porque se han pasado todos al independentismo. Sergio Sayas, ex de UPN por no seguir la disciplina de voto de su partido, le dijo al ministro de la Presidencia que ya “no hay diferencia entre el Sanchismo y el independentismo”.
Y así es. El partido socialista, de la mano de Pedro Sánchez, es cada día una formación política más cercana a las tesis separatistas de los partidos nacionalistas. Muchos de los que apoyan al PSOE dejan ya de hacerlo porque ven un día sí y otro también cómo no se se gobierna para todos los españoles y sí únicamente para los que juntan unos cuantos votos con los que le dan carta verde para hacer y deshacer a su antojo.
En resumen, todos pensábamos que el PSOE hacía una moción de censura contra Mariano Rajoy porque el PP es un partido corrupto y que no indultaría a los independentistas condenados y la realidad es que ha ido mucho más allá de lo que se esperaba, pero en dirección contraria. Sánchez ampara y patrocina el independentismo. Es lo que hay hasta que volvamos a votar. Después, ya veremos...