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Chirigota electoral de Rajoy y Zapatero

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 03 de febrero de 2008, 20:30h
Los carnavales que estos días desquician al más templado con chillidos, despliegue de plumas y demás fanfarria atolondrada, que atascan las calles de medio mundo con carrozas atestadas de bailones y desfiles multitudinarios, tienen en España una versión, al menos ingeniosa, guasona y, muchas veces, hasta literaria. En Cádiz, en teatros y plazas, ciertas agrupaciones musicales caricaturizan con sus canciones a todo el que se ponga por delante. Sin piedad.

Las llamadas comparsas suelen cebarse con los políticos, por lo que este fin de semana, a poco más de un mes de las elecciones, buena parte de las chirigotas han estado dedicadas a los candidatos de los dos grandes partidos. Y se han mofado a gusto.

Hay que reconocer, que las coplillas inspiradas en Rajoy tienen su gracejo. Una de las comparsas, con estribillo pegadizo y a ritmo tanguero, le recomienda al presidente del PP que, de aterrizar en la Moncloa, lo primero que tiene que hacer es nombrar a Gallardón ministro de lo que sea, so pena de que el alcalde de Madrid le invada los jardines de palacio con un ejército de excavadoras pesadas y estruendosas para perforar un nuevo túnel de la M-30 bajo su despacho.

Llamazares es vapuleado a ritmo de seguidilla. Al político comunista le disfrazan de monaguillo de Zapatero, porque, dicen en sus versos, con rima cadenciosa y cachondona, que se ha pasado la legislatura atacando al PP en lugar de cumplir la misión encomendada por su electorado; esto es, convertirse en la oposición al Gobierno del PSOE desde su izquierda. La sátira concluye que, a cambio de tan valiosos servicios prestados, Zapatero colocaría al líder de IU como ministro de Exteriores, para, de paso, cuajar definitivamente su alianza de civilizaciones con Castro, Chávez y el propio presidente de Irán en la mesa presidencial. Bromitas, claro.

Con menos guasa, por si la gracieta pudiera cumplirse, se escuchaban los estribillos de una agrupación gaditana al situar a Pepiño Blanco, por su preclara oratoria y su erudición, al frente del Ministerio de Cultura. La canción concluía con otra amenaza: que Blanco podría también tomar la cartera de Educación. Por educado, claro.

Pero la más cruel de las sátiras se la dedican las comparsillas, cómo no, a Zapatero. La canción suena ácida, cruel y, según algunos, injusta. La comparsa más nutrida y estruendosa de Cádiz se marcaba una copla sobre las verdaderas intenciones del presidente del Gobierno al desplegar toda la artillería pesada del Estado para impedir a los proetarras de ANV y PCTV que se presenten a las elecciones. Según los guasones gaditanos, se trataría de una triquiñuela electoral para rebañar unos votos y que, nada más ganar el 9-M, si tal suceso ocurriera, volvería a sentarse con los de las pistolas "para seguir luchando por la paz". Llegan a canturrear, a coro y a voz en grito, que ilegalizar ahora a estos matones no es más que un nuevo pacto con ETA, soterrado, secreto, vergonzante, pues los terroristas están dispuestos a sacrificar a sus peones políticos con tal de que su gran interlocutor permanezca al frente del Gobierno.

Son coplillas nada más. Unas tienen su gracia. Otras, ninguna.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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