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Rusia y la OTAN

Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
domingo 12 de octubre de 2008, 18:03h
En declaraciones, pocas semanas atrás a “El País”, Gorbachov reiteraba que el Secretario de Estado norteamericano Baker le prometió que la OTAN no se expandiría hacia el este si la URSS aceptaba la reunificación de Alemania y la permanencia del nuevo estado en la Alianza.

Gorbachov no quiso mandar los tanques a Varsovia ni a Berlín, a diferencia de lo que hicieron sus antecesores (Budapest 1956 y Praga 1968). Esta decisión fue aplaudida en Occidente. “The Economist” llamó a Gorbachov “zar liberador”. Perdidas las conquistas de Stalin tras la II Guerra Mundial, Yeltsin fue más allá, liquidando las hechas por los zares desde Pedro el Grande. Ambos procesos tuvieron lugar sin que Rusia hubiese sido derrotada militarmente y en buena medida como resultado de la incapacidad de Gorbachov en reformar la economía soviética (cosa no imposible, como demuestra el caso chino) y de los conflictos en el seno de la clase política soviética. Gorbachov me ha contado personalmente que Yeltsin destruyó la URSS, en el acuerdo de Bieloviezhsk con Ucrania y Belarús, para quitarle a él de en medio: liquidada la URSS, se libraba de su Presidente, lo que le allanaba el camino hacia el Kremlin. Antes Yeltsin había iniciado ya la demolición de la URSS proclamando la independencia de Rusia (es como si Castilla se hubiese declarado independiente de España!).

A esa paradoja siguió otra: Yeltsin acabó con la URSS contra la opinión de todos los dirigentes occidentales: el primer Bush, González, Miterrand, Kohl, Thatcher. Bush previno al parlamento ucraniano, en su famoso discurso “Chicken Kiev”, “contra el nacionalismo suicida”. Se quería evitar un baño de sangre, pues nadie creía que Moscú cedería su imperio sin luchar. Sin embargo, Gorbachov se negó, de nuevo, a emplear la fuerza. Fue por ello alabado en Occidente, pero acerbamente criticado en Rusia. Le faltó la voluntad de mantener tanto el Pacto de Varsovia como la URSS. Tenía la fuerza para hacerlo, pero no la utilizó. Si a Lincoln le hubiese flaqueado la voluntad, si hubiese querido evitar a toda costa el derramamiento de sangre, los Estados Unidos habrían dejado de existir. Si Breznev, o Andropov, o Chernenko, o Putin hubiesen ocupado el poder en lugar de Gorbachov tanto la URSS como el Pacto de Varsovia seguirían hoy, con toda probabilidad, aún en pie. Es obvio que ni la “guerra de las galaxias” de Reagan ni las “divisiones” del Papa habrían podido frenar los tanques soviéticos si se hubiesen puesto en marcha.

Uno de los principales reproches contra Gorbachov en Rusia es que hiciera una concesión tras otra, arrollado por los acontecimientos, gratis. Si hubiese puesto sobre la mesa de negociación la disolución del Pacto de Varsovia y de la URSS, es obvio que habría podido obtener, por lo menos, un compromiso formal de no ampliación de la OTAN (en vez de meras garantías verbales, luego ignoradas) y probablemente fuerte ayuda económica. Históricamente hablando, la de Gorbachov es una figura patética, ya que su política llevó a resultados nunca buscados por él: la liquidación del Pacto de Varsovia y de la URSS, el hundimiento del sistema comunista en Rusia. Más que a Reagan y al primer Bush, la victoria de Occidente en la guerra fría se debe a la ineptitud (si se quiere a la benevolencia) de Gorbachov.

















Respecto a los países del antiguo Pacto de Varsovia y a los bálticos, ya miembros de la OTAN, Rusia parece resignada, pero no así respecto al resto de la extinta URSS. La expresión “extranjero próximo “es sinónimo de soberanía limitada, o de zona de influencia. Rusia reclama, ante todo, el derecho a defender a los ciudadanos rusos, mayoritarios en ciertas zonas de los nuevos estados. Los ejemplos de Kosovo o la “doctrina Monroe” le dan argumentos. Rusia entiende que a la magnanimidad de Gorvachov la OTAN ha respondido con voracidad, engullendo no solo los países del antiguo Pacto de Varsovia y los bálticos, sino intentando ahora ir más allá, ocupando posiciones geoestratégicas que considera la amenazan, amén del escudo antimisiles norteamericano a desplegar en Polonia. Las ventajas geográfica y militar más la voluntad de utilizarlas hacen que Rusia siga siendo una gran potencia en el “extranjero próximo”. ¿Están los países de la OTAN decididos a extender a las ex repúblicas soviéticas la garantía del Art.5 del Tratado, es decir, a correr el riesgo de un enfrentamiento militar con Rusia en el Cáucaso o en otros rincones del antiguo territorio soviético? ¿Aceptarían sus opiniones públicas que sus soldados fueran a morir por esta causa?

De ser así, podrán admitir en la OTAN a las antiguas repúblicas soviéticas. De no serlo, la situación de estos países será similar a la de Finlandia durante la Guerra Fría. Finlandia, que había resistido heroicamente el intento ruso de anexión, decidió no pedir el ingreso en la OTAN y asumió una gran deferencia hacia los intereses soviéticos. Era una interpretación realista de la correlación de fuerzas, que le permitió mantener su independencia y prosperar económicamente.

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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