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TORIJA (GUADALAJARA)

Jesús Campoamor: "Cela siempre se preocupó por el Museo Viaje a la Alcarria"

Torija. Inauguración Museo Viaje a la Alcarria, 1995
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Torija. Inauguración Museo Viaje a la Alcarria, 1995
José Manuel López Marañón
viernes 13 de enero de 2023, 12:12h

El Imparcial habla en Torija con el pintor y escultor guadalajareño Jesús Campoamor, superviviente único de la terna que fundó el Museo dedicado a difundir esta inmortal joya literaria.

El escritor y periodista Manuel Leguineche, Francisco García Marquina, periodista, escritor y biólogo (autor de una biografía sobre Cela: Retrato de un Nobel) –ambos ya fallecidos–, y el pintor y escultor Jesús Campoamor, tuvieron la original idea de crear en 1995, casi coincidiendo con los 50 años de la publicación de Viaje a la Alcarria, el primer museo del mundo dedicado a un libro.

Manuel Leguineche, Francisco García Marquina (hijo póstumo de Guadalajara) y Jesús Campoamor (hijo predilecto) eran íntimos amigos de Camilo José Cela y amplios conocedores de su obra.

¿Qué les lleva a ustedes a elegir Viaje a la Alcarria para poner en pie en Torija este completo y sorprendente museo?

En una cena en la que estaba Manu Leguineche este nos comentó que era una pena que la Torre del Homenaje, en este castillo fabuloso de Torija, estuviera desocupada y cómo le parecía una buena idea hacer allí algo relacionado con el libro. Si el proyecto salía adelante, añadió, sería el primer museo del mundo dedicado a un libro. Nos repartimos el trabajo. Manu se encargó de hablar con el presidente de la Diputación de Guadalajara, la propietaria del castillo. Tras involucrar en el proyecto a Paco Marquina, amigo íntimo de Camilo y gran conocedor de su obra (es también autor de una imprescindible Guía del Viaje a la Alcarria) que sabía dónde captar las cosas realmente interesantes para el museo, se lo expusimos al autor. Como Camilo nos conocía y nos tenía confianza, la idea le gustó. Y así arrancamos.

Torija fue elegido por estar en la Alcarria y por ser la etapa inicial del viaje. Además, el libro de Camilo es uno de los más importantes que escribió, se estudia en todas las universidades del mundo y hacerle un museo no nos pareció descabellado.

A lo largo de sus tres plantas el museo alberga una colección de recuerdos personales del escritor utilizados en su recorrido por tierras alcarreñas, entre los que destaca un facsímil de su cuaderno de notas empleado en el viaje, así como ediciones únicas de la obra en distintos idiomas, fotografías de la época, utensilios artesanales de aquellos años de la postguerra, cartillas escolares, y monedas y billetes de curso legal en ese tiempo.

Desde que el museo se funda hasta el fallecimiento de Cela, en enero de 2002, pasan siete años. ¿Durante este período de tiempo cedió el Nobel al museo algún utensilio de los que se usaban en la postguerra? ¿Pudo regalar algún objeto personal (se muestran bastantes) usados durante su viaje?

Camilo nos regaló ediciones de todos los países, hay más de setenta traducciones del libro, por ejemplo al hindú, al chino, al japonés… y también una serie de sellos conmemorativos de Viaje a la Alcarria. Fue bastante, porque el fondo importante sobre su obra lo tiene el museo de Padrón. Pero él siempre se preocupó y estaba muy interesado en este museo. Cada 15 días nos reuníamos para cenar en Torija con Manu y Paco. Y Camilo nunca faltaba a su cita.

Dejando al margen la colaboración del propio autor del libro, ¿cómo incorpora el museo tanto y variopinto material sobre Viaje a la Alcarria?

Todo lo hemos buscado entre Paco Marquina y yo. Todo lo que hay lo hemos espigado de los pueblos. Paco los tenía bien ubicados en su guía, absolutamente todo está en ella. La recogida nos costó trabajo, tiempo y dinero. No cobrábamos nada por ello. Un facsímil de los cuadernos en los que Camilo escribió Viaje a la Alcarria, muy difícil de conseguir, lo obtuve porque, después de morir él, Marina Castaño, que sabía de mi interés, me regaló uno de los tres primeros ejemplares. Lo cedí al museo.

¿Puede citar algo especialmente difícil de conseguir, que hoy, y gracias al empeño del museo y a la generosidad de sus donantes, queda al alcance de los millones de lectores de este libro único?

Lo que nos donó la mujer de el «Rata», el albardero de Cifuentes. Hubo que hacer múltiples viajes y vencer la resistencia de la mujer y, sobre todo, de sus sobrinos, que querían llevar todo a una chatarrería. Pero cuando ella se entera de que las cosas de su marido, con lo chulín que era, van a estar en un museo (antes de acabar convertidas en morralla de a peso) las entrega encantada: nos llevamos hasta el cartel del balcón. En realidad, lo que más costaba era tener que ir varias veces a por las cosas, pero dificultades, así, grandes, pues no tuvimos. El sillón de barbero, frailuno, que estaba sucio y con manchones de pintura verde, lo tuve que rehabilitar yo. Eso sí.

¿Guarda usted especial apego por algún objeto del museo?

Al facsímil de los cuadernos del Viaje a la Alcarria. Está perfecto. Parecen los cuadernos auténticos en los que Camilo apuntaba todo durante su viaje.


Facsímil de los cuadernos de viaje de Camilo José Cela

En 2016, con motivo del centenario del nacimiento de Cela, se dio un lavado de cara al museo y se colocaron expositores con nuevos objetos donados. Asimismo se instaló una iluminación que remarca esos cuadernos sobre los que el autor escribía mientras recorría la Alcarria entre el 6 y el 15 de Junio de 1946, en plena postguerra española. Han pasado seis años desde aquellas reformas. ¿Qué opina que pueda ser mejorable?

El museo está francamente bien. No creo que en este momento necesite hacerse nada. Pero la Diputación sí podría hacer más cosas, cursos sobre el libro Viaje a la Alcarria por ejemplo. Aparte de los autobuses que nos llegan con estudiantes de todos los grados, difundir desde aquí la obra entre otros colectivos (como clubes de lectura) sería lo propio. Por el museo han pasado ya más de 30.000 personas… Podrían ser muchas más.

Usted vio nacer el museo y suponemos que estará feliz comprobando cómo se renueva y no deja de incorporar cosas nuevas. Pero, ¿que echa en falta Jesús Campoamor en esta Torre del Homenaje del castillo de Torija que alberga hoy este santuario celiano?

Me resulta difícil de comprender que en el museo no se vendan ejemplares de Viaje a la Alcarria. Y, además, la Guía del Viaje a la Alcarria de la que antes le hablaba, magníficamente elaborada por Paco Marquina (se machacó el itinerario pueblo a pueblo; era quien más sabía del Viaje a la Alcarria), esa guía, que lo natural y lo normal es tenerla en el museo para las personas interesadas, pues tampoco está a la venta. Resulta inconcebible. Ni libro ni guía.

Custodiado el torreón (posteriormente castillo) por los caballeros templarios (una suerte de monjes soldados), la importancia de Torija debido a su situación estratégica (era lugar de paso desde Castilla a Aragón y Francia) no dejó de crecer. Como tal, la villa de Torija data del siglo XV siendo totalmente arrasada en el año 1452 tras la contienda que enfrento a los Reinos de Castilla y Navarra. Más recientemente Torija fue la primera parada de Camilo José Cela en su viaje alcarreño de 1946. ¿Se barajaron otras posibilidades o el emplazamiento del museo estaba decidido desde un principio?

No hubo ninguna duda porque la idea de Manu Leguineche de aprovechar la Torre del Homenaje resultó incuestionable. A Camilo que un castillo abandonado, en el que nada había, albergara un museo sobre su obra le resultó genial. Además el castillo ganó mucho con la restauración de la Torre.

¿Qué cree que debe Torija al museo?

Torija debe mucho al museo, pero también a Camilo. Él hablaba mucho de Torija porque venía constantemente a Guadalajara. Tras ganar el premio Nobel en 1988 Camilo pasó tiempo buscando una casa en condiciones para recibir a la gente. Yo le encontré en Fontanar un chalet de 1.200 metros cuadrados y 20.000 de jardín (El Espinar, donde se casaron Camilo José Cela y Marina Castaño en 1991) y se quedó a vivir aquí.


El castillo de Torija, sede del museo

Es usted un pintor que cultiva la temática paisajista. Su visión de los paisajes alcarreños, con gran sencillez y pureza de líneas, entresaca su esencia última. Las suaves lejanías, las luces inciertas del amanecer, las nieblas que se desgajan sobre los carrascales, iluminan su pintura. Por una entrevista sabemos que Camilo José Cela tenía uno de sus cuadros en su despacho. Ese cuadro le servía de inspiración cuando escribía. ¿Puede decirnos algo de ese cuadro?

Es un cuadro grande, de unos 160 cm. En él pinté un paisaje de la serranía de Guadalajara. En la exposición antológica inaugurada este mayo, que recoge cuadros míos desde 1960, está ese cuadro. Camilo habló mucho sobre mi pintura, le gustaba mucho. También Manu fue muy generoso con ella.

Paisaje alcarreño de Jesús Campoamor

¿Qué conexión encontraría usted entre su pintura y Viaje a la Alcarria?

Comparto el cariño que Camilo siempre tuvo por la Alcarria. Con igual amor que él trato yo a los personajes y paisajes alcarreños. He pintado cuadros sobre Turquía, Italia…, de muchos países en los que he estado, pero ningún paisaje como el alcarreño. Un pintor no necesita salir de la Alcarria. Aquí se encuentra todo… Y sigue siendo una región por descubrir con un color especial. Camilo se vino a vivir aquí y estaba feliz. «La época más feliz de mi vida la he vivido aquí», me dijo antes de irse de Guadalajara con Marina Castaño.

Jesús Campoamor fue amigo personal del premio Nobel. A los 21 años de su desaparición, a los lectores de El Imparcial les gustaría conocer alguna anécdota de Cela.

Una anécdota graciosa. Un día después de salir de cenar con Camilo nos encontramos con un mendigo. Camilo abrió la cartera y le dio 1.000 pesetas de aquellas y le dijo… «¡Toma, para que escarmientes!». Con el consiguiente pasmo del pedigüeño, claro.

Por otra parte, ¿piensa usted que la obra de su amigo goza de la estimación que merece?

Yo creo que no. Pero, sin duda, volverá esa estimación porque su obra es de mucha importancia, tanto en el momento en que la escribió como ahora. Lo que pasa es que a Camilo le han achacado muchas cosas que no fueron verdad, falsas fobias hacia escritores, por ejemplo; o su temporada como censor franquista que, en realidad, duró solo cuatro días y si lo hizo fue porque se estaba muriendo de hambre… Se agrandan estas cosas y eso, en tiempos tan buenistas y delicados, le ha perjudicado... Cuando escribió Pascual Duarte… ¡En aquella época, ser capaz de hacer algo así, que rompió con todo! O La Colmena, esa obra maestra, o Mazurca para dos muertos, su canto del cisne para mí, otra hermosísima novela. Yo tengo la obra completa que editó Destino cuando le dieron el nobel, entre 1989 y 1990. Ocupa varios metros.

Dentro de una producción tan extensa, ¿cuál es su libro favorito de Cela?

El viaje a la Alcarria.

Manu López Marañón, el pintor Jesús Campoamor y Mercedes García en el Museo, durante la entrevista

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