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GHM

Rusia ahonda en la represión de los derechos humanos y disuelve la ONG más antigua del país

La rusa Svetlana Astrajántseva, directora de la organización de derechos humanos más antigua de este país, el Grupo Helsinki de Moscú.
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La rusa Svetlana Astrajántseva, directora de la organización de derechos humanos más antigua de este país, el Grupo Helsinki de Moscú. (Foto: EFE)
Efe
miércoles 25 de enero de 2023, 18:49h

La Justicia rusa dio hoy un paso más en la represión de los derechos humanos al liquidar la ONG más antigua de este país, el Grupo Helsinki de Moscú (GHM), fundado en 1976.

"Ustedes están cometiendo un grave pecado. Esto fue difícil de construir, exigió grandes esfuerzos, víctimas, vidas humanas. ¡La gente murió en los campos de trabajo! La liquidación del Grupo Helsinki de Moscú es un duro golpe para el movimiento de derechos humanos no sólo en Rusia, sino en todo el mundo", denunció Valeri Bórschev, copresidente del GHM, durante el juicio contra el grupo. Después de la disolución en diciembre de Memorial, la ONG más importante de Rusia, le llegó el turno al GHM, creada también con la ayuda de Andréi Sájarov, premio Nobel de la Paz en 1975.

Fue un juicio casi sumario. La vista judicial arrancó el miércoles por la mañana y seis horas después el juez, Mijaíl Kazakov, dictó sentencia tras 20 minutos de deliberaciones. A finales del pasado año el Ministerio de Justicia ruso pidió la liquidación del grupo por extender sus actividades "fuera de su región", es decir, la capital rusa, una acusación considerada "absurda" por los activistas.

La directora de la organización, Svetlana Astrajántseva, explicó a Efe que el Ministerio presentó "once episodios" en los que el GHM participó en actividades fuera de Moscú. "No negamos su existencia, pero no consideramos que sean infracciones graves, ya que esa es la práctica habitual de las organizaciones de derechos humanos. Nosotros no tenemos filiales en otras ciudades, ni organizamos dichos actos. La mitad consistió en el control de la transparencia de procesos judiciales resonantes", adujo. Astrajántseva subrayó la "misión histórica de llamar la atención sobre las violaciones de los derechos humanos en todo el país", sea en San Petersburgo o en Siberia.

Como el derecho ruso hace caso omiso de la jurisprudencia -el único precedente en un caso como este era positivo para la organización demandada-, los abogados utilizaron como argumento principal las convenciones internacionales de derechos humanos y la voluntad del grupo de subsanar las infracciones cometidas.

En cambio, la acusación argumentó durante el juicio que las infracciones no eran subsanables y que el ministerio consideraba adecuado el castigo. "Los derechos humanos son extraterritoriales. Eso es el ABC de nuestra labor", replicó Bórschev.

Una vez se emitió el fallo, los abogados del grupo anunciaron que recurrirán su liquidación ante instancias superiores, que ya rechazaron la apelación presentada en su momento por Memorial. Al igual que en ese caso, es probable que la liquidación incluya la confiscación de la oficina en Moscú, que es propiedad del grupo, según explicó a Efe la activista.

Como en el caso de muchas otras organizaciones, Sájarov, el creador de la bomba de hidrógeno, fue uno de los fundadores del grupo, la mayoría de cuyos miembros fueron encarcelados o tuvieron que exiliarse.

Fue el caso de Ludmila Alexéyeva, considerada la "Conciencia de Rusia" que volvió a Moscú tras la caída de la Unión Soviética para encabezar dicha organización. Aunque participó en numerosas protestas opositoras contra el Kremlin, en Alexéyeva era una de las pocas activistas que era recibida por el presidente ruso, Vladímir Putin.

Su muerte en 2018 no sólo dejó huérfano al movimiento de derechos humanos, sino al grupo, uno de los pocos que nunca fue considerado agente extranjero, ya que Alexéyeva renunció hace diez años a la financiación extranjera. "Tengo 80 años y nunca pensé que asistiría a un juicio en el que se destruirían las actividades de los derechos humanos. Donde se destruye lo que construyó Sájarov", afirmó Bórschev.

Ástranjantseva aseguró que las ONG son "una alternativa" a la narrativa oficialista, pero matizó que en los últimos diez años el GHM "se había vuelto muy silenciosa". "No sé cómo podemos ser un peligro para el Kremlin. Hace mucho que no tenemos dinero para ello. Soy la única persona que recibe un sueldo por su trabajo", subrayó.

En alusión al Acta final de Helsinki, la activista recuerda que "sólo gracias al grupo" existe la figura del presidente y el resto de instituciones democráticas en Rusia, heredera de la URSS. "Debía seguir existiendo el Politburó y un poder hereditario. ¿Por qué nadie piensa en ello? Nuestro grupo jugó un papel histórico en esta trasformación casi incruenta del régimen. Todo fue posible gracias a que 8-10 personas comenzaron a exigir al Kremlin que cumpla lo que firmó en Helsinki", asegura. En Helsinki la URSS se comprometió, al igual que EEUU y el resto de países europeos, a respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, y al cumplimiento del derecho internacional.

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