Para una parte del mundo, el fin del capitalismo. En América Latina, más de lo mismo
lunes 13 de octubre de 2008, 21:11h
Cuando hace varias semanas, cuando la crisis todavía parecía encapsulada en algunas entidades financieras norteamericanas, Cristina Fernández de Kirchner expuso en la Asamblea General de la ONU un punto de vista descalificativo del sistema capitalista versión USA, muchos la criticaron dentro de la Argentina -y algunos también desde afuera- por lo que parecía una opinión superficial e inoportuna. Por lo demás, ¿con respaldo en qué títulos puede un gobernante argentino dar lecciones de economía y finanzas al resto del mundo? Hoy, un rápido recuento de lo que están diciendo comentaristas en toda la prensa del mundo desarrollado muestra una mayoría que opina más o menos lo mismo que la presidenta argentina. “El fin del capitalismo que conocemos” es una expresión que se escucha por doquier.
La magnitud de la crisis está ahora fuera de discusión, aunque es incierto cuanto tiempo se prolongará y cuales serán sus efectos devastadores. Pero, ¿será el fin del sistema capitalista? Esa aseveración reposa sobre un supuesto: el capitalismo que conocemos estaba cerca de un modelo de economía de mercado con escasas interferencias de los gobiernos. Nada más lejos de la realidad. El retroceso del estado en algunas industrias y esferas de actividades es algo relativamente reciente en gran parte de los países del mundo; la socialdemocracia siempre defendió la idea de un capitalismo con regulaciones gubernamentales y un papel activo del estado en muchas actividades; inclusive la participación estatal en la banca en muchos países no es algo nuevo. Si la idea de más mercado cobró impulso en las últimas décadas fue porque el fracaso del estatismo era evidente en todas partes.
La realidad de una crisis global tampoco es una novedad, desde luego. En los últimos veinte años varias economías emergentes sufrieron crisis financieras y de endeudamiento de gran magnitud. Pero antes y durante esos años también se produjeron crisis desatadas en países centrales. Lo más probable es que el mundo -o el mundo que conocemos- no acabe acá. Muchos sufrirán enormemente por esta crisis, algunos de ellos personas muy ricas, otras de clase media, muchas muy pobres. Estas últimas casi puede decirse que viven normalmente en estado de sufrimiento; probablemente esta crisis no les haga tanta diferencia. Las clases medias viven aterradas desde hace décadas; la crisis les confirmará que su terror es justificado, y por lo tanto seguirán viviendo con miedo acabe como acabe este lío. Y los más ricos posiblemente se ocuparán activamente de tratar de descargar la mayor parte del costo sobre los demás sectores.
En gran parte de América Latina, en particular, el mundo que se presagia es bastante parecido al mundo actual. Estados intervencionistas, economías discrecionalmente subsidiadas, bancos estatales o bancos privados manipulados por los gobiernos, fuertes regulaciones en muchísimos sectores económicos -especialmente, pero no exclusivamente, en el financiero-. Los gobiernos, los políticos y las personas comunes que se sienten orgullosos de que así sea podrán seguir diciendo: “vean como el modelo que nos quieren imponer desde el hemisferio Norte hace agua”. A la mayoría de los habitantes eso no les va ni les viene; ya conocen crisis financieras, confiscación de depósitos, devaluación de sus activos -empezando por la vivienda-, dificultades para pagar sus deudas y demás.
En América Latina, en general, el capitalismo no funcionó bien y eso es lo que la gente cree. Lo que viene ahora, llámese como se llame, probablemente funcionará igualmente mal. Para millones de personas, el mundo no habrá cambiado demasiado.
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Sociólogo y analista político
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