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35 pinturas del maestro holandés, hasta enero

Madrid, expectante ante la inaguración de "Rembrandt. Pintor de historias"

lunes 13 de octubre de 2008, 22:00h
Conocer a Rembrandt es embarcarse en una historia cargada de pasión por la pintura. Dibujaba y hacía grabados incesantemente. Los había más impulsivos, otros directos de la naturaleza y todos elaborados con una espontaneidad asombrosa. La oportunidad de conocer su estilo y el contexto en el que tuvo que desarrollar su arte, a continuación.



La época
En 1568 se inició la Guerra de los Ocho años contra España: las siete provincias más norteñas de los Países Bajos (formado por 17 provincias), que eran protestantes, se rebelaron contra la opresión católica de Felipe II. Lo que hoy vulgar y erróneamente llamamos Holanda -en realidad es Países Bajos- nació en 1579, cuando las siete provincias rebeldes formaron la Unión de Utrecht. Pero no fue hasta 1648 que el entonces rey de España Felipe IV por fin reconoció su independencia. Flandes (y toda la zona sur) quedó bajo el poder español durante más tiempo y siguió siendo católica.

La religión ejercitaba una influencia importante en la creación artística. Flandes era católica, la Iglesia era rica y poderosa y comisionaba obras grandes a los artistas para decorar sus iglesias. Rubens, el pintor flamenco más importante, pintaba imponentes encargos de la Iglesia. En el tiempo en que vivió y trabajó Rembrandt, en el norte protestante, la Iglesia había perdido poder y riqueza a favor de la burguesía. Tras el cisma de la Iglesia católica (lo que los protestantes llaman la Purga Religiosa), la protestante abogaba por la sencillez y lo escueto, y dejó de encargar grandes obras decorativas, la Iglesia se desnudaba; fue la burguesía la que tomó el revelo en el mecenazgo de las artes.


Los mecenas burgueses se interesaban por obras pequeñas, realistas, sencillas y directas; por ello las obras de gran tamaño pintadas por encargo por la Escuela del Norte eran retratos en grupo de compañías de guardias municipales, de gremios profesionales y regentes de hospitales. Con la pérdida de poder de la iglesia, el arte se seculariza. Conocer la realidad sociopolítica de los Países Bajos nos ayuda a comprender mejor el arte de Rembrandt, más sobrio y cotidiano que el arte de Rubens, el máximo exponente del arte flamenco.

Vida y obra
Rembrandt Harmensz van Rijn nació en 1606 en Leiden, hijo de un molinero. Estudió siete años en la escuela secundaria, tras lo cual se matriculó en la Universidad de Leiden para abandonar a los pocos meses y hacerse aprendiz de un pintor local. De 1620 a 1623 fue aprendiz de Jacob van Swanenburgh, y completó su aprendizaje en Ámsterdam con el entonces famoso Pieter Lastman, que le familiarizó con las técnicas narrativas derivadas del renacimiento italiano, y cuyo trabajo inspiró a Rembrandt a hacerse pintor histórico.
En 1631 Rembrandt se mudó a Ámsterdam, donde rápidamente consiguió una reputación internacional y prosperidad. En 1634 se casó con Saskia van Uylenborch, con la cual tuvo cuatro hijos de los que sólo uno, Titus, sobrevivió. Tras la muerte de su mujer en 1642, Rembrandt estuvo aquejado de constantes problemas económicos porque no sabía administrar su dinero, gastaba más que ganaba (era un gran coleccionista de arte y objetos raros). Una vez viudo, se emparejó con su sirvienta Hendrickje Stoffels, 20 años más joven, con la que tuvo una hija, Cornelia. Hendrickje murió en 1663. Titus murió en 1668. Las tragedias personales que tuvo que soportar el artista marcaron fuertemente su trabajo. Rembrandt murió acompañado de su hija Cornelia en 1669.

Rembrandt pintaba, dibujaba y hacía grabados incesantemente. Sus dibujos eran a menudo impulsivos, estudios directos de la naturaleza que inspiraban su imaginación; hacía grabados con una espontaneidad asombrosa, aún así, muchos eran elaborados como su pintura. Las primeras pinturas del maestro eran pequeñas dramáticas escenas de grupos. Pasó una fase de exuberante barroquismo en los años 30 –quizás emulando a Rubens – con formas cargadas de peso y masa que sugieren la influencia del maestro flamenco. Las pinturas de esta época son dramáticas, llenas de gestos y expresiones violentas y exageradas, como la durísima Sansón cegado por los filisteos (1634). Sus autorretratos (hizo muchos) y los retratos de su familia están plenos de confianza y fuerza. La ronda de noche (1642) es la culminación de su fase barroca.


En los años 40 su estilo se vuelve más silencioso y contenido, rechaza la exuberancia del barroquismo y elige una sencillez clásica en un intento de comunicar la vida interior de los retratados. A partir de 1648, aumenta la capacidad del pintor de comprender y comunicar con la pintura la sutileza y la complejidad del sentimiento humano, y su espiritualidad versus la vida activa externa. La mirada se torna hacia el interior. El dolor y la pérdida han dejado su marca en el arte del maestro.

La base de la pintura de Rembrandt fue desde el principio el chiaroscuro; a finales de los 40 se vuelve la manera de crear estados anímicos y emociones, y sugerir valores espirituales. Como pintor bíblico Rembrandt creó un arte nuevo con su empatía y su habilidad de capturar la esencia humana de las situaciones. En el último período, su trabajo se vuelve más y más sombrío y trágico. El autorretrato que se podrá ver en el Prado, Autorretrato como Zeuxis (1667-68), es una buena muestra de la oscuridad y la tristeza que campaban en el alma cansada del maestro en los últimos años de su vida. En una carta a uno de sus mecenas describe Rembrandt su intención de lograr con su arte "el mejor y más natural movimiento".

Rembrandt. Pintor de historias
Alejandro Vergara comisiona esta exposición en la que podremos ver 39 obras del maestro neerlandés, provenientes del extranjero, acompañando a Artemisia (1634), único Rembrandt que posee el Museo del Prado. Las obras han viajado desde 20 lugares diferentes: Nueva York, Ámsterdam, París, San Petersburgo, Moscú, etc. Veremos obras pertenecientes a distintas etapas de la carrera artística de Rembrandt, pero con el hilo rojo que las une todas del género de "pinturas de historia" –la gran pasión del maestro – inspiradas en la Biblia, la mitología y la historia, y todas impregnadas de una gran humanidad y cercanía. La exposición se completa con obras de Rubens, Tiziano, Veronese, Velázquez y Ribera, para dar al espectador una idea más completa de la época en que se encuadra la creación de Rembrandt.

Entre las maravillas que nos depara el Prado se encuentran: Judas devolviendo las 30 monedas de plata (1629); Autorretrato con traje oriental (1631); Sansón cegado por los filisteos (1636); Sagrada familia (1645); Betsabé (1654); Autorretrato como Zeuxis (1667-68); y un largo y espléndido etcétera del cual es frustrante hablar, ya que las palabras son frágiles y no alcanzan a describir con justicia el arte visual de gran categoría; siempre será mejor ir personalmente a verlo, con los ojos, con la piel, y dejarse embriagar, y hacerse más sabio con la entregada observación de las sublimes producciones artísticas de uno de los genios de la pintura del mundo occidental.







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