Ahora Bulgaria y antes Ucrania han puesto a la Unión Europea a prueba con dos cuestiones vitales para la organización y su evolución, siendo ambas circunstanciales, una al principio y otra al final.
El primer examen no lo pudo superar, a su momento su efecto. El proceso de acceso inmediato mediante inversión fue la experiencia que la probó. La segunda el régimen de interinidad constitucional, de identidad si cabe más fundamental y que afecta al equilibrio. Si aprobará o no estando en suspenso se verá. Como si un contrapunto de claroscuro fuera, nos muestra Bulgaria la emotividad detenida del instante, sin boceto previo, pasaje directo del natural al lienzo.
Bulgaria dispone de un marco constitucional donde prevé un gobierno de excepción frente a los intereses de los partidos divididos, que puestos a hacer la comparación es lo mismo que la Unión pero sí cabe con más interinidad. Lo contrapuesto del gesto se muestra como supuesto cuando Judith decapita a Holofernes en el cuadro de Artemisia Gentileschi.
En 2005 Bulgaria introdujo un artículo europeizando su constitución, que dice que ella “participará en la construcción y desarrollo de la Unión Europea”. Con eso ciertamente captó su esencia.
La constitución tiene, además, otra disposición para un gobierno interino al cuidado de la nación. Aunque ¿no es esa siempre su misión? Dice que en el caso acaso de coalición parlamentaria frustrada y tras solicitar una segunda opción y fracasase, el presidente nombrará un gobierno ínterin que ni por el resultado de las elecciones ni con los partidos guarda relación su redacción.
Se supone, aunque no lo pone la constitución, que es solo de gestión de los asuntos ordinarios, lo cual aparenta contradicción: un gobierno extraordinario ocupándose de lo diario, la lección no se puede aprender mejor a menos que lo necesitemos en lo propio. El flete a flote el precio.
El presidente nombra su gobierno al cuidado provisionalmente de forma tal que el equilibrio constitucional no se concibe ya igual. Para la Unión Europea si algún instante dejase de contemplar su reflejo en el espejo, la teoría de los tres poderes quedaría en entredicho transmitida de parte de un miembro al todo. Un presidente cuya finalidad es representar al estado, si sobre tres en un momento dado está, uno es el poder singular.
El equilibrio ya sea entre lo excepcional y lo normal resulta igual unidos como van por el instante. Si lo directo no marcha manda la contrariedad. El presidente es cabeza e incorpora la unidad, siendo así lo es todo a la fuerza cabeza y cuerpo. Funcionando la Unión Europea por interinidad ¿a qué más? Tres cuartos de lo mismo, dirá.
Bulgaria da al frente a un mar interior, un lugar donde lo diverso no termina de gobernar. Según el actual presidente el gobierno de cuidado no se lo ha inventado él y su visión de su función, según ha manifestado, es de contrapunto y opera sobre dos puntos como solución: el estancamiento económico y la feudalización, lo opuesto a la libre circulación. Similitud, haya o no comparación.
La economía, finalmente, está también en la escena: en los últimos tres trimestres de 2022 Bulgaria ha exportado gasoil a Ucrania, según datos que han trascendido del Instituto Estadístico Nacional de Bulgaria, en una proporción 1000 % mayor que el año anterior. La única refinería en el país es Lukoil que se abastece de su propia materia prima. En virtud del embargo occidental los precios del petróleo son más bajos y su transporte en barco posible por una dispensa de circulación.
Así queda de barroco el claroscuro del cuadro.