Una de las frases que en relación con la primera gran manifestación del 8 de octubre de 2017 en Barcelona y todavía cinco años después, me oigo mencionar con multitud de personas que salen a mi paso, es aquella tan emocional como Yo estuve allí. Y se pronuncia con cariño, nostalgia y orgullo puesto que los ciudadanos que estuvieron físicamente, un millón, lo reviven todavía, y los millones que desde sus casas en toda España lo sintieron y vivieron por televisión y medios, lo mencionan también en complicidad y envidia sana.
En aquél momento, no porque quién suscribe éste artículo fuera su presidente, sino porque Societat Civil Catalana era una organización civil en Cataluña opuesta a la deriva separatista y al lamentable procés político con una reacción valiente y sin complejos, sometida por tanto al control y espionaje como sufrí en mi persona. Por aquel signo de coraje era admirada, respetada y apoyada pública o silenciosamente por toda aquella mayoría de catalanes que se sentían también españoles intuyendo el desastre económico, social y familiar que prometía el delirio enfermizo separatista.
Lamentablemente aquella Societat Civil catalana y sus nuevos dirigentes dilapidaron el éxito y el prestigio obtenido hasta llegar al día de hoy, que lejos ya de aquellos tiempos y atenazada por influencias partidistas han hecho que abandone el ideario con que nació convirtiéndose poco más o menos en un tímido centro de atención y actividad cultural sin molestar al régimen catalán vigente. Y es una lástima.
Pues bien, el pasado 21 de Enero, un grupo de plataformas civiles lideramos, volviendo yo a recuperar mis antiguas fechorías en la lucha anti régimen, ésta vez en el conjunto de España, otra gran manifestación ciudadana sin siglas ni banderas partidistas a cuyo llamamiento acudieron centenares de miles de personas en la calle y millones en sus casas por todo el territorio nacional. Y a pesar de los intentos de boicot, zancadillas y toda suerte de mentiras vertidas por el gobierno, palmeros al uso y medios afines bien alimentados, nadie ha podido evitar una nueva denominación de origen que responde al concepto y titular Espíritu del 21. E. Porque fue una manifestación de espíritu, de emoción, de orgullo y por fin, de valentía ciudadana pletórica en su pertenencia a la auténtica sociedad civil.
Este Espíritu 21.E. ha calado profundamente en los ciudadanos que, esperemos al fin se sientan defendidos y representados organizadamente en defensa de nuestra nación, de España.
Y consecuentemente de nuevo en los medios de comunicación y entre toda aquella gente que me sale al paso vuelvo a escuchar con auténtico orgullo, sin melancolía alguna sino con una gran dosis de seguridad y confianza. Yo estuve allí.
Y quién me conozca, me lea o se interese por Foro España Cívica debe saber sin ningún género de dudas que nosotros estuvimos allí liderando y comprometiéndonos con toda nuestra capacidad y energía.
Finalmente, cuándo y dónde España nos necesite, estaremos allí.