www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Homilía sobre el ecumenismo mágico

lunes 20 de febrero de 2023, 20:07h

Vaya de entrada que me gustaría no sacarle punta a todo mientras los “buenos” se las tragan cuadradas, y que tampoco me agrada el papel de Pepito Grillo, pero no puedo frenar el dolor de mis silencios cómplices con el mal dentro y fuera de mí: ¿quién, sin vomitar sus propios hígados podría silenciar en este caso la relación entre el imperialismo belicista del nuevo zarismo soviético y la comunidad ortodoxa de fe en Dios que dice alentar la religión oficial de ese mismo imperio?

Tras tantos siglos en la historia de las religiones, el señor Kirill, ni más ni menos que el Patriarca de la Iglesia ortodoxa, considera la presidencia del profeta Putin como “un milagro de Dios”, algo así como el Espíritu Absoluto de Hegel. El señor Kirill, ex-informante del KGB, ha pasado a convertirse, conforme al cargo que ostenta, en paradigma escandaloso en lo que se refiere a la imposibilidad de establecer un diálogo ecuménico de bóbilis bóbilis desde las confortables sacristías alfombradas al margen de tanto sufrimiento.

¿Cómo es posible promover guerras “santas” que pueden resultar mundiales, y al mismo tiempo contrarrestarlas con cánticos, ensalmos, y cucharaditas de incienso en favor de la paz y gloria a Dios en las alturas? ¿De nuevo el maquiavélico “si quieres la paz prepara la guerra”. Y ¿cuánto gastan los megapatriotas ultrarreligiosos en nóminas, incensarios y en aromas de botafumeiro para apoyar a ese cerebro de Putín, serrín y orina, que hace honor a su apellido para putear a todo bicho viviente?

¿Qué es lo que esperan los desmayados irenistas ecuménicos sobre la actuación del Espíritu Santo, fundamento de la Ecúmene, de cuyo monopolio presumen especialmente los ortodoxos entre el resto de las iglesias cristianas? Si los incensarios celestiales y los aromas de pichuli son subvencionados por el Kremlin, ¿cómo negar que la política paneslavista defendida por los espiritualistas volanderos imposibilita la alabanza al buen Dios en la tierra como en el cielo? A menos que Putín sea el último avatar del Espíritu Santo, para mí la cuestión resulta de todo punto ininteligible.

Por otra parte, agárrese que hay curva, ¿cómo interpretar el silencio de la Iglesia católica respecto a esta guerra devastadora y empobrecedora? ¿Acaso no habíamos quedado en que la fuerza del verdadero Espíritu Santo irrumpe con fuerza en los corazones de los creyentes para denunciar todo satanismo y proclamar la buena nueva? A menos que la buena nueva sea la de Putín. Sigo esperando la respuesta de los “teólogos” ecuménicos.

Hay demasiadas víctimas como Salman Rusdhie, pues tampoco canta malas rancheras el sector terrorista del islamismo en esto de la Ecúmene. A falta de arrestos proféticos entre mis convecinos y en mí mismo, y en solidaridad con el autor de los Versos Satánico, al menos me he afiliado a la Asociación de Parche en Rostro para tapar los ojos vaciados por los Putones de toda laya.

Pero volvamos a nuestro asunto. Sabemos que quien más y quien menos, para evitar las esquizofrenias múltiples, establece su propio entramado existencial acoplando sus convicciones y sus conductas políticas, ideológicas y religiosas o antirreligiosas; cuando falta alguna dimensión, o cuando no embona con las demás, tenemos un serio problema. Por lo mismo, quien pretende vivir su religiosidad y/o su espiritualidad al margen de las otras dimensiones o contra ellas, queda severamente dañado para vivir armoniosamente. Del mismo modo, cuando una dimensión invade o anula los restantes ámbitos de nuestra vida, ésta deviene un infierno monotemático. De esto no se salvan la religiosidad ni la espiritualidad convertidas en meras cosmovisiones.

La gran dificultad está, por tanto, en cómo lograr que las conductas llamadas religiosas tengan su encaje sin deformarse ni deformar el mundo en el que viven y sin deformarse a sí mismos. La solución correcta, desde luego, no es la de evitar la cuestión negándola, es decir, apostando por una religión apolítica individualista, clausurada a cal y canto, que es tanto como defender el aislamiento contra la religio, vinculación y compromiso en este mundo con las demás gentes. Dicho más claramente, el apoliticismo es arreligioso y, por ende, una religiosidad entendida como espiritualidad ajena a su sana interacción existencial no es espiritualidad, es espiritualismo tendente a espiritismo, a saber, una excrecencia patológica de la magia, la cual se caracteriza por su pretensión de obtener los efectos deseados o indeseados de espaldas a las causas reales.

Añoro el tiempo aquel de los “directores espirituales”, aunque también deploro sus abusos. Me he dejado aconsejar a lo largo de mi vida por los “espirituales” (así se decía, sin el prefijo “director”, “padre” o “madre” ni perrito que les ladre), los grandes confesores, los que se sabían de memoria en todas las células de su piel a San Juan de la Cruz y a otros del mismo corte, cuyas exhortaciones u homilías parecían diseñadas para ti. Ya apenas los hay entre los católicos, pues no han leído a los Padres latinos ni griegos con la equipación necesaria. A mí, y acepto que se rían a mandíbula batiente, si la admonición correspondiente no me llega en griego o en latín o en hebrero, no me sirve lo mismo, y no por los idiomas, que son meros instrumentos y que hasta se evocan para distanciarse narcisistamente de la grey, sino porque esas lenguas las veo encarnadas en figuras concretas históricas, que tanto ayudan a entender mi propio presente. Y sobre todo, porque convocan a la reviviscencia de un origen común sin engañabobos místicos. Pues no pueden ser místicos quienes joden a todo prójimo, con agua bendita o con agua sucia.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios