“Durante toda mi vida me han llamado Bone, aunque mi nombre es Ruth Anne. Lo escogió la mayor de mis tías, tía Ruth, en homenaje a sí misma. Mi madre no participó en la decisión porque, estrictamente hablando, no estaba allí. Mamá y una carretada de tías y tíos habían ido en coche al aeropuerto para recibir a un primo que regresaba de jugar a hacer la guerra. En el asiento delantero iban apretujados tía Alma, tía Ruth y su marido, Travis, y detrás, tumbada y profundamente dormida, mamá. No había llevado lo que se dice bien el embarazo, y en aquel momento, ya de ocho meses, le costaba mucho conciliar el sueño. Decía que cuando se echaba boca arriba tenía la sensación de que yo la espachurraba, cuando se ponía de lado le parecía que le trepaba por la columna, y si se tumbaba boca abajo no descansaba nada. El único consuelo se lo proporcionaba el asiento trasero del Chevrolet del tío Travis; tenía la suspensión tan alta que mecía con dulzura tanto a bebés como a embarazadas”. Así arranca Bastarda, la impactante y dura novela de la escritora norteamericana Dorothy Allison (Grreenville, Carolina del Sur, 1949) que Errata Naturae recupera con acierto.
Quien habla es su protagonista y narradora, Bone, una adolescente que observa el violento y despiadado mundo que la rodea. El mundo del sur estadounidense, en la década de los cincuenta del pasado siglo, centrado en este caso en la llamada white trash (“basura blanca”) –muy interesante el estudio White Trash, de Nancy Isenberg, recientemente publicado en español (Capitán Swing)-. Esa white trash es aquí la familia Boatwrigtn, formada por hombres que beben sin control y a las primeras de cambio estallan con furia, y mujeres que se quedan embarazadas muy jóvenes, con la que su vida ya está marcada. Es lo que le ha sucedido a la madre de Bone, quien la tuvo a los quince años. Busca un padre para la niña, y lo encuentra, para que no sea tildada de bastarda. Pero mejor hubiera sido que no. El padrastro de Bone, Glenn, la somete a continuos abusos sexuales desde los cinco años, y a un maltrato feroz.
Estamos ante una memoir desgarradora, en la que no se escatima el horror de la situación ni la rabia -aunque hay cabida para el sentido del humor- en este descenso a los infiernos que vivió la autora del libro. Impresionada por la historia, Anjelica Huston llevó al cine en 1996 una adaptación de Bastarda, que en España se tituló Abuso a la inocencia. Dramas que siempre han de salir a la luz. Dorothy Allison lo hace en una novela autobiográfica que no es solo una necesaria denuncia, también da cuenta de su pericia como novelista.