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La vida partida

Laila Escartín Hamarinen
miércoles 15 de octubre de 2008, 21:50h
El horario laboral partido rige la vida de muchos desafortunados, que salen de casa a las siete de la mañana y no vuelven hasta las nueve de la noche. Ha pasado un día entero, y lo único que realmente han hecho es trabajar y perder el tiempo en los desplazamientos y en la eterna pausa de la comida –no hay tiempo que perder, la oigo decir; paga por tus sueños antes de que se te escapen –.

En la Antigua Roma, el plebeyo se levantaba con el sol, trabajaba de seis a doce del mediodía –o sea la sexta hora, de la cual deriva la palabra ‘siesta’ –, luego comía, reposaba y tenía el resto del día para dedicarse a lo que eligiese. En Europa se ha adoptado este horario laboral, aunque generalmente se trabaja ocho horas. Pero en nuestra excéntrica España aún se mantiene en muchos sectores laborales un horario absurdo cuyo origen se encuentra en el ritmo del terrateniente. El rico terrateniente se levantaba tarde, desayunaba, trabajaba un poquito gestionando sus propiedades, comía copiosamente a eso de las tres, tras lo cual se echaba un siestón para digerir todo lo ingerido, y luego, a eso de las seis, volvía a trabajar un poquito, para luego cenar opíparamente, disfrutar de la sobremesa y el juego hasta las tantas, antes de volver al calor del lecho para empezar con la calma un nuevo día.

Nosotros los españoles, como no, queremos ser terratenientes y por eso los imitamos, mientras que esos europeos sin clase se dedican a imitar a los plebeyos romanos. Lo malo de seguir el sistema de los terratenientes es que la mayoría de nosotros no lo somos, y trabajando todo el día –con esa larga pausa que parte el día inutilizándolo – no vemos a nuestros hijos, ni nos dedicamos a actividades que enriquezcan y cuiden de nuestro cuerpo y nuestra alma, excepto en el fin de semana. Muchos vivimos tan lejos del trabajo, que no nos es posible ir a casa a comer, y cuando llegamos a las nueve de la noche, los hijos ya tienen que acostarse para madrugar al día siguiente, y además, llegamos rotos y deprimidos porque ha pasado un día más en que lo único que hemos hecho es trabajar y estar incómodos en la calle.

El horario de verano lleva un adelanto de dos horas con respecto a la hora solar, por lo tanto las seis de los romanos son las ocho de los españoles del siglo XXI, una buena hora para iniciar el trabajo.

¡Que la revolución laboral no se haga esperar más! Gritan los neohuérfanos. El horario partido es hostil al ser humano. La vida no es trabajar en la oficina cinco completos días a la semana, y dos dedicarlos a la familia y a uno mismo. La vida inteligente, como en Europa y los EE.UU., sabe integrar armoniosamente el trabajo y los demás aspectos de la vida humana en la totalidad de un día.
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