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La Sábana Santa

jueves 16 de octubre de 2008, 02:18h
Pocos objetos han dado tanto que hablar a lo largo de los siglos. Este en concreto es una pieza de lino, tejida en espiguillas, de poco más de cuatro metros de longitud. En ella se distinguen dos pálidas imágenes de la figura de un hombre. Alto -1,80 de estatura-, bien proporcionado, con barba y bigote, en su cuerpo se adivinan multitud de heridas. Marcas circulares, a modo de grandes clavos, en muñecas y pies. Pequeñas heridas punzantes rodeando la cabeza. Torso, piernas y espalda, tachonados de laceraciones con una forma muy característica. Herida inciso contusa en el costado, y magulladuras en las rodillas. Por último, se aprecian también tumefacciones en los hombros, como si el personaje en cuestión hubiese tenido que llevar una pesada carga sobre ellos.

Hablamos, claro, de la Sábana Santa, o Sindone, que actualmente se custodia en la catedral de Turín. La primera referencia que tenemos de ella data de finales del siglo V, en la ciudad de Edesa –actual Turquía-, siendo conocida como “la imagen de Edesa”. Se atribuían a la misma propiedades milagrosas, pues que dicen que curó al rey de esa ciudad de la lepra que le aquejaba. Ya en el siglo IX, y bajo el nombre de Mandylion, aparece en Bizancio, siendo llevada a Constantinopla, de la que desaparecería tras un saqueo. Su pista se recupera gracias a la familia de un ilustre templario, Geoffrey de Charney, que la expondría en una iglesia de Lirey –Francia-, a mediados del siglo XIV. Pero sería en el XVI, cuando la Sindone reposaría finalmente en su actual ubicación turinesa.

Es interesante conocer este periplo –muy resumido- para valorar el trasiego que la Sindone ha tenido a lo largo de la historia. Por ello, no puede tomarse en consideración la datación por carbono-14 a que fue sometida: el fragmento en cuestión se estudió sin tener en cuenta la cantidad de contaminaciones que había padecido el lienzo. A título anecdótico, uno de los físicos de la NASA hizo la misma prueba con el mantel de su suegra. Idénticos medios, igual protocolo. Resultado, 2000 años A.C. Sin comentarios. Cuesta creer, además, que un falsificador medieval tuviese un conocimiento tan exhaustivo de la anatomía humana, de la forma de las heridas causadas por el látigo o fragrum taxillatum, ni de la radiación –que no tinte- capaz de impregnar todas las microfibras oscuras que conforman la presunta imagen de Jesús. Cuando en 1898 el fotógrafo Secondo Pía sacó una foto de la tela, el negativo le dejó boquiabierto: en él se veía la imagen del cuerpo de un hombre. Como colofón, añadir las gramíneas de polen halladas en la Sindone; pertenecen a especies de Palestina –algunas desaparecidas hace muchos siglos- datadas en torno al siglo I de Nuestra Era. ¿Casualidad?

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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