La segunda tarde de toros en Olivenza fue una prueba para los diestros. Los toros de Garcigrande y Domingo Hernández (2º y 6º), con buenas hechuras y buen velamen, pero marcados por la mansedumbre: buscaron el refugio de las tablas y tomaban la muleta sin brío.
El Juli celebró su 25 aniversario de la alternativa saliendo a hombros. Cortó una oreja a cada toro de su lote. Soberbio (1º) remató en tablas y desbarajustó los primeros tercios. Se oyeron las protestas por la vara en el lomo, tirando hacia los cuartos traseros. Después del primer par de rehiletes ya estaba entablado. Al iniciar la faena, El Juli bajó las manos y el animal se dio un volteretón. Le plantea la pelea en los medios, acude el toro, mugiendo, pero sigue la tela sin enganchar. La faena se basó en la mano derecha, de pases circulares, con el cierre de luquesinas. La estocada trasera. Una oreja. Salvaje (4º) andaba desentendido desde el principio. El Juli le embarcó con sólo un capotazo al caballo, pero el bicho salió huyendo hacia el picador que guardaba la puerta. El Juli le ahormó la cabeza con una serie de pases genuflexos y siguió con las manos bajas, que mejoraron la embestida del astado. Las primeras series fueron toda una clase magistral del dominio y temple, pero el toro perdió el fuste y la decisión de alargar la faena le llevó a un larguísimo epílogo hasta cuadrar al animal. Otra estocada traserita. Una oreja.
Alejandro Talavante mantuvo a Fantasioso (2º) a distancia. El toro fue de cuidado, pero no tanto como para renunciar su lidia. El astado fue al caballo sólo. Talavante sorprendió con el quite de frente por detrás que ha ido a menos. Los pases estuarios abrieron la faena, el bicho seguía el trapo, pero empezó a intercalar achuchones hasta llegar a un desarme peligroso. Será por la falta de dominio, ya que Talavante aprovechó magistralmente las inercias de la embestida, pero no mandó. La estocada, ejecutada a respetable distancia, cayó tendida y trasera. El diestro no descabella, el toro no dobla, suenas algunas protestas. Emperador (5º) fue recibido con un afarolado, Alejandro le templó la embestida con galleos a la verónica. La faena iniciada de rodillas, impresionó al público: el diestro pasaba al toro por delante y por la espalda, hilvanándolo con circulares y un cambio de mano. Todo sin levantarse. El animal le seguía con fijeza. Alejandro Talavante desplegó una faena de adorno con faroles, molinetes y pases de desprecio que alegraban los soberbios pases naturales trazados con el más alto sentido estético. Manoletinas precedieron un pinchazo sin soltar y una estocada tendida, varios intentos de descabello y un aviso. Dos orejas.
La labor de Emilio de Justo no tuvo premio. Abad (3º), regordete, cuesta arriba, corredor y destemplado. En un arrebato, el colorado persigue al banderillero, yendo a por todos, de un extremo de la plaza al otro. Emilio de Justo brindó a El Juli. La faena consistió en sacarle a la alimaña de las tablas. Emilio lo sacó a los medios, pero el colorado se escurría a la querencia. Le planteó la pelea en el terreno del toro, hubo series valientes al hilo de las tablas. El toro no quiere nada. Va desganado y mirando de reojo. Un estoque cae entero de efecto fulminante. Una ovación. Beato (6º) lanceado bien por verónicas y chicuelinas, andaba justo de fuerzas. Al principio de la faena se cayó y le costó levantarse. No dejo el Beato ligar unas series, pero Emilio compuso la obra de pases bellos, aunque carecían de continuidad. Una faena hecha a conciencia, pero el toro ya no pasaba y se le ocurrió una tarascada: pilló al diestro por el muslo y le dio una fea voltereta. El matador se dolió del cuello, pero se repuso y acabó el capítulo con una estocada entera al toro parado. Una ovación.