Los vascos no pudieron con la defensiva Roma, que marcó en sus escasas llegadas (2-0). Dybala, decisivo.
En Italia, ese país que se ha visto arrasado por los vientos del fútbol moderno -con la posesión y la presión como mandatos-, quedan todavía guardianes de la esencia que ha llevado al 'calcio' a ganar cuatro Mundiales. Uno de ellos, el mejor clasificado en la Serie A -es cuarto-, es la Roma de Jose Mourinho. El técnico luso ha construido el equipo a su medida estilística: se guarece atrás, con muchos obreros, y espera para explotar a la contra y, sobre todo, para penalizar el error rival con un veneno terrorífico. Con esa receta anhela volver a la Liga de Campeones. De momento, le valió para tumbar a la Real Sociedad en la ida de los octavos de final de la Europa League.
Los donostiarras quisieron pero no pudieron. Dispusieron de la pelota y del territorio, pero les costó muchísimo generar verdaderas opciones de peligro que inquietaran al meta Ruí Patricio. El arquero luso sólo se preocupó esta noche en el chut de Takefusha Kubo que escupió la madera -minuto 22- y en el remate trompicado de Mikel Merino, desde el área pequeña, que rozó el poste -minuto 82-. Todo lo demás fue una circulación horizontal eterna de los visitantes. Cuando trataban de verticalizar o de dañar entre líneas, el muro romano les negó el oxígeno.

Salió Imanol Alguacil con voluntad dominadora. Juntó a David Silva, Merino, Illarramendi y Zubimendi en el eje. Se guardó el desequilibrio de Brais Méndez y de Mikel Oyarzabal para más adelante, así que le tocó Kubo la labor de conectar con el delantero Alexander Sorloth. No lo conseguiría un nipón muy bien marcado. Los locales concedieron metros y disfrutaron en su labor de achique, muy concentrados. Y golpearon muy pronto. En el minuto 13 Paulo Dybala se demostró como el futbolista más importante sobre el césped. Recuperó el cuero tras una pérdida de Diego Rico y lanzó una transición volcánica, aglutinó oponentes y abrió en el momento justo para Abraham, que centró para que El-Shaarawy marcara a placer.
Festejó el Olímpico y su escuadrón creció en su convicción, ya con el marcador a favor. La Real acusó el imprevisto. Estaban avisados de la amenaza a la contra de los transalpinos y les pillaron a las primeras de cambio. El bloque 'giallorosso' se mantuvo en sus presupuestos sin rubor, atrincherados y estirándose sólo de forma selectiva. Les funcionó hasta Karsdorp -recuperado para la causa tras ser señalado por 'Mou'-. Silva se destacó como el líder de los visitantes para superar el trance, con su movilidad y talento distributivo. Otra cosa es crear ocasiones de remate. Sólo fabricaron en ataque la mencionada opción de Kubo antes del descanso. Y las dudas de Remiro no les ayudaron a salir adelante. Un mal despeje del portero a punto estuvo de suponer el 2-0, tras golpear en la cabeza de Dybala.
La charla de Imanol en vestuarios, y la lesión de Diego Llorente -suplido en el camarín por Kumbulla-, apuntó a una reacción vasca en la reanudación. Con mayor velocidad en el pase y ambición en tres cuartos de cancha, los donostiarras atisbaron algo de luz en el nudo táctico contrincante. Un chut de Diego Rico forzó a Rui Patricio a volar en ese lapso de ilusión. Sin embargo, Mourinho leyó la situación y ajustó en retaguardia. Trabajaron con todo hasta sus artistas. Mención separada a Lorenzo Pellegrini, que se vació en un despliegue silente hasta partirse la cara -literalmente, en un choque cuando despejaba un córner-.

Nemanja Matic llegó este verano a la capital italiana por petición expresa del entrenador luso. Y en fechas como ésta se entiende el motivo. El veterano serbio lució en un esfuerzo colosal en el mediocentro, bien acompañado por el ordenador Cristante. Su impagable labor frenó al resurgir español y Smalling y Mancini repelieron atrás todo lo que les rondó. Se merendaron a Sorloth. La única vez que se les escapó un centro fue la oportunidad marrada por Mikel Merino en el tramo final, con un remate forzado desde el área pequeña que se marchó desviado.
Ahí pudo llegar a la orilla una Real que, por el contrario, terminaría en la lona. La entrada de Oyarzabal, Brais Méndez, Ali Cho y Turrientes no bastó para encontrarle las fisuras al granítico despliegue de una Roma que alcanzaría a doblar su ventaja en el último pestañeo. Comparecieron los potentes Spinazzola y Wijnaldum para reforzar el resuello y avisaron con alguna que otra galopada del suplente Belotti -llegó a estrellar un remate en el palo y a exigir a Remiro-. Y en el minuto 87 Dybala gritó protagonismo. Lanzó un córner con una precisión y fuerza tales que regaló a Kumbulla el tanto. El central llegó sin marca al testarazo definivo, para obligar a los blanquiazules a una machada en Anoeta.
Ficha técnica
2 - Roma: Rui Patricio; Diego Llorente (Kumbulla, min. 45), Smalling, Mancini; El Shaarawy (Spinazzola, min. 61), Matic, Cristante, Karsdorp; Pellegrini (Wijnaldum, min. 61), Dybala (Bove, min. 88); y Abraham (Belotti, min. 61).
0 - Real Sociedad: Remiro; Gorosabel (Sola, min. 83), Zubeldia, Le Normad, Rico; Zubimendi, Illarramendi (Brais Méndez, min. 75), Mikel Merino, David Silva (Turrientes, min. 83); Takefusha Kubo (Ali Cho, min. 75) y Sorloth (Oyarzabal, min. 67).
Goles: 1-0, min. 13: El Shaarawy; 2-0, min. 87: Kumbulla.
Árbitro: Sandro Schärer (Suiza). Amonestó a Zubeldia, Oyarzabal y a Matic.
Incidencias: partido correspondiente a la ida de los octavos de final de la Europa League, disputado en el Estadio Olímpico (Roma, Italia).