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Hambre y crisis

viernes 17 de octubre de 2008, 00:00h
La celebración este jueves del Día Mundial de la Alimentación ha servido nuevamente para poner de manifiesto una verdad incómoda: 1 de cada 6 habitantes del planeta padece hambre. En estos días en que tanto se habla de las cifras billonarias, esas que los países del llamado primer mundo destinarán para sanear sus maltrechas economías, llama la atención la cantidad que bastaría para aliviar la necesidad de alimentos a nivel mundial. Manos Unidas, Acción Contra el Hambre y Save the Children entre otras ONG han estimado dicha cantidad en 20.000 millones de dólares; algo, por lo demás, perfectamente asumible por los países industrializados. Como no podría ser de otra manera, salen a colación las partidas presupuestarias que distintos gobiernos destinan a armamento, lo que facilita en grado sumo ciertos alardes demagógicos.

Porque más allá de una mejor redistribución de la riqueza y de facilitar alternativas de desarrollo sostenible a países que estén necesitados de ello, está un cambio de orientación político-económico. Sin ir más lejos, determinadas iniciativas proteccionistas, que imponen gravosos aranceles y dificultan sobremanera el intercambio comercial en condiciones de igualdad. Africa no necesita que se retiren las barreras arancelarias sobre bienes tecnológicos que pueda producir –si es que alguno produce-, por poner un caso. Tampoco es la solución destinar los excedentes de producción de la Unión Europea en otorgar dádivas humanitarias. Quedan para el recuerdo las toneladas de alimentos pudriéndose en Addis- Abeba –Etiopía-, ya que ni el país tenía infraestructuras ni medios de transporte para darles salida. Lo recaudado por Bob Geldof en la campaña Live Aid allá por los años 80 quedó en poco más que un bonito gesto. Necesario, pero insuficiente. Es importante que haya concienciación, solidaridad y buenas intenciones, pero no lo es menos que en los recursos que se destinen a ayudar al tercer mundo prime el sentido común. Formación y desarrollo, sí; dádivas estériles y aranceles, no. Trade, not aid, como exigen en el Tercer Mundo: comercio libre, más que limosnas.
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