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LETRAS, CEROS Y UNOS

Manifiesto posmodernista

viernes 07 de abril de 2023, 19:19h

Tengo una amiga a la que un día Gonzalo Torrente Ballester le llamó la atención por haberle respondido <<vale>> en vez de <<de acuerdo>> o <<así es>>. Cuenta que en la entrega de premios de un concurso de redacción el literato de Serantes le dijo algo y ella le contestó así, con naturalidad, y que Torrente Ballester, en pos de enriquecer el lenguaje que se usaba por los niños le llamó la atención por lo pobre de esa respuesta. Hablamos del otoño de 1981. Piensen en todo lo que nosotros como sociedad y nuestra forma de expresarnos ha cambiado.

La premisa de que todo es relativo y de que en nuestro tiempo nada tiene unos cimientos lo suficientemente rocosos como para resistir las embestidas que la realidad pueda sacudirle, así como lo fluctuante que desde siempre es el término cultura, conlleva que asistíamos impasibles a fenómenos tales como que la ciencia ya no se considere válida o que la verdad única sea aquella que se alcanza por consenso. Es la posmodernidad amigo. No intente rehuirla.

Leo acerca de Alan Sokal. En mi biografía de Facebook me defino como Situacionista y aunque el término también es amplio y líquido, lo que para mi lo define es la pequeña acción terrorista, culturalmente hablando, capaz de sembrar la duda y la extrañeza aunque sea por un corto instante de tiempo siempre bajo la bandera del humor y el surrealismo. Acciones que muestran las costuras de una sociedad que cada vez se vuelve más contradictoria y amorfa, que no heterogénea. Reírnos de nuestro destino y a la vez lamentarnos del mismo. Quizás no sepan de qué estoy hablando, así que lo resumo brevemente.

Sokal es un científico que se ha propuesto desenmascarar a tanto impostor que, sosteniendo teorías basadas en la subjetividad, consigue que estas pasen todos los filtros hasta convertirse en ciencia y todo lo que ello conlleva, es decir, que estudios posteriores se basen en estos, anteriores, sin necesidad de rebatirlos o comprobarlos, o lo que es lo mismo, la pescadilla se morderá la cola una y otra vez construyendo sobre imprecisiones y elucubraciones nuevos dogmas científicos.

En 1996, utilizando el formato, la terminología y los aspectos técnicos típicos de un artículo científico, Alan Sokal publica «Transgredir las fronteras: hacia una interpretación hermenéutica de la gravedad cuántica.» y consigue pasar todos los filtros con un paper repleto de tópicos, errores y párrafos copiados al pie de la letra de aquí y allí con un texto que pretendía criticar la rigidez de la ciencia en aquellos momentos. Rebatió, escudándose en la posmodernidad, la relatividad y la mecánica cuántica. En su artículo había absurdeces tales como que el número Pi ya no era constante y que la realidad física, al igual que la social, se modificaba mediante el uso del lenguaje, culminando su artículo con un alegato a que <<La enseñanza de las ciencias y las matemáticas debe ser depurada de sus características autoritarias y elitistas, y el contenido de estas materias debe enriquecerse incorporando las ideas de los críticas feministas, queer, multiculturalistas y ecológicas.>> Yo no se a ustedes, pero a mi todo esto me suena plenamente actual.

Podría extenderme muchísimo en réplicas, contrarréplicas, análisis y reacciones al denominado Sokal hoax, o fraude Sokal, pero esta es una columna de literatura y tecnología que hoy pretende hablar sobre el postureo intelectual y lanzar preguntas al aire. ¿Por qué esta fachada cultural puede poner a su servicio determinados argumentos científicos irrebatibles escudándose en que pertenecen a las ciencias sociales?, ¿son estas ciencias sociales más fácilmente manipulables a otras como la química o la física?

Bien, les cuento esta diatriba filosófica con el fin de llegar a este punto. Tras leer un artículo científico de la Universidad de Alabama en el que se habla de la posibilidad de alcanzar la igualdad y justicia entre el ser humano y el caballo en un contexto de entrenamiento o que la fibra de carbono es una forma de masculinidad hegemónica o que según la Universidad de Auckland mandarte emails en verso con tu supervisor hace que te abras emocionalmente y supone una crítica antineoliberal, encuentro el maná, la piedra filosofal de la posmodernidad en la web https://www.elsewhere.org/journal/pomo/ en la cual con solo pulsar un botón del teclado generas un artículo científico, --o al menos con su mismo aspecto--, en inglés, firmado por uno o varios profesores de nombre aleatorio de universidades existentes en la realidad con títulos traducidos al castellano tales como: Libertarismo y teoría poscultural dialéctica,
Discursos de Paradigma: El paradigma poscultural de la narrativa y modernismo, El absurdo sartreista y el marxismo
o Teoría preestructural cultural y constructivismo; todos ellos con sus propios epígrafes, bibliografía, exposición de hechos e incluso conclusiones, siendo muy difícil de distinguirlos de artículos científicos reales y no de una estafa intelectual como la que en realidad son.

Hace bastantes años que dejé de estudiar en un ámbito de las ciencias sociales, pero recuerdo aquello de que un artículo científico ha de tener rigor, pertinencia y relevancia, ser elaborado con ética y sus cuestionarios o escalas debieran ser tratados con un programa del tipo SPSS o similar. Cinco años de mi vida con estas premisas para que ahora el teorema del mono infinito en vez de escribir Hamlet escriba un artículo científico de ciencias sociales. Así son estos tiempos. Volvamos a Torrente Ballester y su riña por responder con un sencillo <<vale>>. Yo que siempre he sido un poco troll podría hacer un paper ahora mismo, mientras desayuno, inventándome neologismos cool para fenómenos que ya podrían explicarse con palabras existentes, hablando de posculturalidad, de teoría literaria basada en mis propios gustos, de cosas que he cogido de aquí y de allá, de frases descontextualizadas de los textos del autor gallego y con un poco de magia, ¡zas!:La obra de Torrente Ballester como teoría fundacional de la posmodernidad originada en la teleología epistemológica de la obra cervantina.

Así pues, llegados a este punto, y a falta de un manifiesto posmodernista y siguiendo a Torrente Ballester y a Cervantes con la palabra final de El Quijote podríamos decir que ese concepto teórico líquido al que llamamos posmodernidad podría resumirse simplemente así, en dos palabras: <<Todo vale.>>

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