Siempre la Primera Guerra Mundial ha sido un escenario bélico, ideal para ambientar las novelas, ya que todo lo que ocurre en torno a la guerra, y más aún una contienda mundial, favorece que se puedan crear innumerables historias, con personajes de lo más variado y siempre apasionantes. Además, podemos considerarla como la última gran conflagración en la cual los avances tecnológicos armamentísticos no se habían desarrollado y seguía siendo una guerra de trincheras.
Algo imprescindible para tratar de dominar el devenir de un conflicto armado es contar con una información del enemigo lo más precisa y fiable y, sobre todo, que se anticipe a los movimientos. Por ello el espionaje es un elemento esencial y no hay un personaje histórico dentro del mundo de los espías con mayor renombre que Mata Hari.
En La caja de los miedos, ganadora del Premio de Narrativa Mont Marçal, se habla ampliamente de ella y de cómo fue su trayectoria vital. Mata Hari era de origen holandés y consiguió ascender a la cumbre de los cabarés de Berlín de aquel primer cuarto del siglo XX. Desarrollando esta actividad contactan con ella y la reclutan para ser espía, un giro copernicano a su vida en los escenarios. Gracias a esta nueva condición de activista de la inteligencia alemana, iniciará un periplo que le llevará desde Alemania a Londres, pasando por Madrid o París.
A lo largo de todos estos miles de kilómetros, además de realizar las tareas que le encomendaban, se dará cuenta de que es únicamente un juguete en manos de los poderosos. Pero si hay algo que todos desean de ella es una mítica caja de marfil que siempre lleva encima. En esa caja se encuentran unos documentos que sin duda alguna podrían hacer temblar los cimientos de los países implicados y tener una influencia estratégica en el desenlace de la guerra.
Pero no sólo estará esta historia. También encontraremos a Aleksei, el superviviente de un carguero de bandera francesa, el Pomone, que es torpedeado por un submarino alemán. Después de ser rescatado y estar eternamente agradecido a los habitantes del pueblo marinero de Tazones, en la costa del cantábrico, Álex consigue viajar hasta Gijón, donde buscará los documentos que la mítica Mata Hari dejó allí.
Un recorrido a lo largo de finales del siglo XIX y los primeros años del XX hasta 1918, un año después de que fuese detenida, juzgada y condenada a ser fusilada por los franceses.