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Operación de estética en la Sanidad Gallega

Olga González Alonso
sábado 18 de octubre de 2008, 20:55h
Me decía el otro día mi vecina la del quinto que últimamente leer el periódico o ver los telediarios le hacía llegar a la conclusión de que ella era una pobre desgraciada en esta sociedad. Cuando los Zapateros y los Touriños se empeñaban en tranquilizar a los ciudadanos asegurando que no había ni rastro de crisis económica, ella llevaba ya una buena temporada de los nervios porque, mucho antes de acabar cada mes, no quedaba ni rastro del sueldo y sus números estaban más rojos que el abuelo de Don José Luís. Ahora, los de la Xunta acaban de informar que la Sanidad va viento en popa y que las listas de espera no pasan de listillas, pecata minuta, que los pacientes no tienen que aguardar, de media, más de tres meses para operarse y unos dos y medio para una consulta externa. Y ella, mi vecina, se siente otra vez excepción, residuo de estadística, porque lleva la pobre un año, nueve meses y veintiséis días esperando a que le intervengan una pierna que la tiene a maltraer.

Está claro que la del quinto se equivoca, se mire por dónde se mire. Si se mira desde mi punto de vista, que es el de la mayoría de los gallegos, se equivoca porque ella no es, en absoluto, una excepción: las cifras que ofreció esta semana la Consejería de Sanidad hablan de una realidad muy distinta, prácticamente opuesta, a la que viven la mayoría de los pacientes (nunca mejor dicho) que acuden al Servicio Galego de Saúde. Si se mira desde los despachos de la cosa sanitaria de la Xunta, se equivoca porque no lleva todo ese tiempo esperando, ni hablar, si los informes dicen tres meses máximo, son tres meses, por muy larga que se le haga la espera. La explicación a tan distintas ópticas radica, ya que hablamos de quirófanos, en la operación de estética que la Consejería ha perpetrado en las listas de espera. Nada de maquillaje, como dice la oposición, esto es cirugía fina, y así como algunas personas adelgazan a base de quitarles grasa vía bisturí, aquí se dejan las listas como sílfides quitándoles pacientes a navajazo limpio.

Lo que no entiende mi vecina es que, en realidad, ella lleva sólo dos meses y medio esperando por su operación. El resto del tiempo se divide entre los casi tres que aguardó por la consulta del especialista, después de cuatro que tardaron en hacerle la resonancia que le mandó el mismo especialista en una primera consulta para la que le dieron cita un año y pico después de pedirla, por recomendación de su médico de cabecera. Pero ese año y pico no cuenta, porque, en realidad, cuando solicitó esa cita no se la dieron, la agenda de la especialidad estaba cerrada, no se admitían consultas, una práctica que está siendo tan habitual como la manía de la consejera y su equipo de negarla. Así que tuvo que seguir insistiendo hasta que la citaron un buen día para dos meses después, lo que se ajusta a las estadísticas embellecidas de la Xunta. O sea que, viéndolas a cachitos, las esperas son como para presumir, por mucho que mi vecina, como tantos otros vecinos de esta Comunidad, se desespere porque ya casi ni recuerda cuándo fue la primera vez que le dijo a un médico que la pierna le dolía y haya pasado una eternidad dolorosa desde que aquél facultativo opinara que la cosa era urgente.

Así, resulta que los datos no encajan, y entre los que se ofrecen como oficiales y los que los gallegos viven como reales y corroboran algunos servicios hospitalarios hay diferencias de hasta cerca de 150.000 pacientes, que se dice tan pronto como se consigue una cita para neurología, pongamos por caso. Y mientras los de la Xunta hablan de esperas de 75 días para una consulta, muchos ciudadanos tienen hora en el especialista para finales de 2009 o incluso para 2010. Que Dios les dé salud para acudir a su cita.
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