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México: buenas intenciones, malos resultados

domingo 19 de octubre de 2008, 17:51h
El presidente Calderón nació y creció en la típica familia de militantes católicos que se incorporaron al Partido Acción Nacional (PAN). A grandes rasgos podrían caracterizarse de clases medias en mala situación económica, no sin cierto resentimiento social hacia los empresarios (otra corriente presente en la fundación del partido) que una vez pasado el susto cardenista (aplicación de los programas de la Revolución mexicana) iniciaron un maridaje con los gobiernos posteriores a 1946.

Es difícil dudar de las buenas intenciones del Presidente, no así del fracaso de sus políticas. Si con buenas intenciones se escribe mala literatura (André Gide), en política los efectos son contrarios, cuando no perversos. Y ello le ha ocurrido a Calderón: la lucha contra el crimen organizado, perdida desde un inicio, ha erosionado su autoridad y debilitado al Estado, al haber involucrado al Ejército en tareas que no le competen. El Ejército ya ha enviado discretas señales para regresar a sus cuarteles, mientras que las policías federales se enfrentan entre sí.

En el ámbito económico, los empresarios que lo apoyaron para que no triunfara la izquierda se sienten defraudados, ya que una de sus primeras iniciativas de ley fue para evitar la evasión fiscal. Si a ello se le suma la inseguridad pública y las dificultades de la coyuntura, es fácil comprender su desconfianza para invertir en México. Calderón que se proclamó anticipadamente “el presidente del empleo” será el del paro.

El plan anticrisis, presentado el 8 de octubre en todos los medios, se hizo en la soledad de Palacio: Ni empresarios ni obreros; ni políticos ni legisladores acompañaron al presidente. No es de extrañar que a unos les parezca “demasiado poco y demasiado tarde”, y a otros electorero e inflacionario. Además, el presidente se deslegitimó al anunciar la construcción de una refinería con recursos de Pemex, después de meses de argumentar su carencia para defender el proyecto de ley para abrir a la inversión privada el monopolio estatal.

En el ámbito político, parte de la izquierda sigue negando al presidente su legitimidad de origen y recientemente el estudiante galardonado como el mejor alumno de bachillerato le espetó un “espúreo” en la ceremonia de premiación. Su propio partido, el PAN, se encuentra dividido y los partidarios del ex presidente Fox no le perdonan a Calderón haberle ganado la mano al delfín foxista. El PRI espera discretamente, ya que la intención de voto para las elecciones de diputados del próximo año le favorece, al tiempo que juega, a su conveniencia, con la debilidad del presidente. Este no sólo es un problema de Calderón, sino una falla genética de su partido: su miedo a la política y su rechazo al poder se tradujo en la ausencia de políticos profesionales. El PAN, cuando estuvo en la oposición, fue un partido de buenos hombres con laudables intenciones. Cuando llegaron al poder no supieron qué hacer, salvo los oportunistas que los acompañaron en el triunfo y aprovecharon para corromperse.

El camino del infierno (y a la anarquía o al autoritarismo) está empedrado de buenas intenciones.
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