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TRIBUNA

La actual derecha radical en Europa y Estados Unidos (segunda parte): cuarta a barlovento

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
domingo 30 de abril de 2023, 18:02h

He escrito que la actual derecha radical no es una fuerza política revolucionaría, y en ese punto se distingue de la derecha extremista, anterior a 1945, y de las organizaciones actuales que hoy practican los métodos de sus precedentes fascistas, como es el caso de Amanecer Dorado, el partido que se convirtió en la tercera fuerza electoral de Grecia, y cuya ideología nacionalista se fundamenta en una “invención de la tradición” de Esparta y de Bizancio, una singular fuerza política en la Unión Europea, que reivindica a los dictadores militares de la Grecia contemporánea, y que no ha renunciado a la violencia; por este último motivo ese partido ha sido ilegalizado.

Amanecer Dorado es una fuerza política excepcional en la Unión Europea, por sus antiguos caracteres de derecha extremista, por su fuerte apego a las ideologías revolucionarias de inspiración auténticamente fascista, y esa singular excepción puede que sea debida a que Grecia, en mi opinión, quedó al margen de las decisiones geopolíticas que estabilizaron Europa después de 1945.

En efecto, además de las dificultades para modernizarse de una nación que no tuvo Renacimiento, y tampoco Ilustración, pues alcanzó la independencia del Imperio Otomano en el siglo XIX, Grecia sufrió una guerra civil entre 1946 y 1948, aún más destructiva en bajas humanas y en pérdidas materiales que las que padeció en el reciente conflicto bélico mundial. Mientras las naciones democráticas de Europa occidental empezaban a influir en el nuevo orden geopolítico definido por la ONU, con el ejemplo de la aprobación en 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en París, el futuro de Grecia estuvo supeditado a los contrapuestos intereses de Stalin, del mariscal yugoslavo Tito, y del estalinista albanés Enver Hoxha, del lado de los comunistas en ese conflicto civil; y por el otro, Gran Bretaña y Estados Unidos, que daban apoyo dentro de la doctrina Truman, llevaron al gobierno monárquico griego a ingresar en la OTAN, lo que supuso aceptar a Turquía como aliado, a pesar de que había sido, y seguiría siendo, el enemigo esencial de Grecia. Años después, la crisis de la deuda de 2009 puso en evidencia la fragilidad del Estado griego, las profundas desigualdades desgarraron su tejido social, y el sistema de partidos políticos experimentó súbitos cambios, y la polarización llevó a los votantes a elegir opciones extremistas, y en esa coyuntura Amanecer Dorado irrumpió con fuerza en el parlamento nacional y en el europeo.

La singularidad de esa extrema derecha griega pone de relieve, por comparación, que la derecha radical de la Unión Europea no busca cambiar por la fuerza el común sistema constitucional. En esos países, los partidos de extrema derecha no sobrepasan la condición de grupúsculos; por ejemplo, en España, La Falange, significativamente, reivindica las doctrinas totalitarias de los años 30, y las concreta al proclamar, con lenguaje violento, que “luchamos por una revolución que conquiste la verdadera Justicia”.

Por el contrario, los partidos de la derecha radical europea están convencidos, contra sus deseos, de la superior legitimidad de la democracia liberal o representativa, y saben que la revolución, que pretende obtener el poder violentando las leyes constitucionales, es rechazada mayoritariamente por las sociedades de la Unión Europea.

Sintetizando, el orden geopolítico de 1945 resiste, a pesar de emergentes movimientos contrarios a sus principios cosmopolitas, y al mismo tiempo se comprueba su flexibilidad para adaptarse a los cambios internacionales.

Un ejemplo: el Acta Final de Helsinki fue un tratado que actualizó en 1975 los principios de las Naciones Unidas de octubre de 1945, y muy especialmente, reafirmando la Declaración Universal de los Derechos Humanos de diciembre de 1948. Pues bien, el Acta Final ha permitido a la Union Europea exigir a V. Putin que cese su agresión a Ucrania, respetando su soberanía e integridad como Estado, como consta en la importante Resolución del Parlamento Europeo, de 1 marzo de 2022. En su apartado 51, en el penúltimo punto de esa Resolución, se constata que existe una estrecha relación entre el orden geopolítico de Europa, resultado del Acta Final, y la democracia liberal. Así, el Parlamento Europeo: “Expresa su extrema (extremely) preocupación ante la alianza de los partidos de extrema derecha ( far-right parties) representados en el Parlamento Europeo y el partido gobernante ruso y por su impacto en nuestras democracias, así como por la financiación extranjera encubierta de partidos, personas y movimientos dedicados a la fragmentación social y la desestabilización de la Unión”.

Se mantiene el pacto de posguerra con el que los principales partidos europeos se comprometieron a defender la democracia pluralista, y a rechazar la violencia como técnica para conquistar y mantener el poder político. Con la desintegración de la Union Soviética, la revolución perdió su última legitimidad, y este hecho deprimió o extinguió a los partidos extremistas de derecha y de izquierda, con la excepción de Grecia, aunque su clima institucional ha mejorado desde 2009.

Mientras la idea de la revolución es políticamente inútil en las naciones de la Unión Europea, en Estados Unidos está ideológicamente activa gracias al extremismo de una parte del partido republicano, paradójicamente, the Grand Old Party de Abraham Lincoln. La historia, pudiera ser, explicaría las causas.

Hannah Arendt, en su libro Sobre la revolución, refiriéndose a la norteamericana de 1776, encuentra la culminación de su singular revolución con su Constitución de 1787, lo que permite a la autora señalar que ese texto es la fuente de la libertad de los ciudadanos de las Trece Colonias, y sólo eso explica el éxito de la revolución de los Estados Unidos, mientras otras revoluciones, desde la Francesa de 1789, hasta la Soviética de 1917, fracasaron logrando sus objetivos de libertad y de justicia social, al intentar ir más allá de sus respectivas constituciones.

La obra de Arendt es de 1963, y los cambios políticos habidos desde entonces, como la aparición de la revolución conservadora estadounidense, y sus secuaces hasta el día de hoy, constituyen un estímulo para entender que una parte de la derecha norteamericana considera que sus idearios se amalgaman con la revolución. Extinguida la amenaza de la revolución comunista, los Estados Unidos pueden sin miedo reivindicar la suya sin complejos, lo que está sucediendo en un Tribunal Supremo (Supreme Court of the United States), con mayoría de jueces partidarios del “originalismo” (original intent ), una interpretación ultraconservadora de los literales textos legales de los padres fundadores, cuando la esclavitud era un derecho de los propietarios, y sin embargo el derecho al aborto no existía (Fallo anulando el derecho federal al aborto, de Junio de 2022). “El valor del originalismo reposa en un aprecio por lo que los padres fundadores hicieron: confirmar institucionalmente la revolución americana”, ha escrito Juan José Solozábal, un reputado constitucionalista, quien no comparte que la revolución legitime la supresión de los Derechos Humanos actuales: “Los padres fundadores idearon un gran diseño, pero, como dejó escrito Madison, corresponderá a nuestros sucesores mejorarlo y perpetuarlo”, aclara Solozábal.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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