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TRIBUNA

La actual derecha radical en Europa y Estados Unidos (tercera parte)

Juan José Laborda
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sábado 06 de mayo de 2023, 18:37h

La ultraderecha americana no es igual a la derecha radical de la Europa Unida, pero la influencia de la estadounidense en la europea es más importante que nunca, efecto de la actual globalización. Tras la derrota ideológica del comunismo, coincidente en el tiempo con la expansión de internet y otros medios nuevos de comunicación, la cultura norteamericana se extendió por Europa, sin grandes resistencias. Hay un hecho paralelo a esta penetración política de esa derecha norteamericana: la asimilación en Europa, con el Estado de Israel como avanzadilla, de las elecciones primarias, como método propio de unas democracias de electores-consumidores.

La influencia de los argumentarios de la derecha norteamericana en sus equivalentes europeos se podría resumir en dos capítulos: el primero, establecer una política económica sin controles públicos, y en segundo lugar, cumplir el programa de un modélico gobierno conservador en asuntos de costumbres, y con autoridad para defender interna e internacionalmente los intereses nacionales. Del lado de la derecha radical europea, algunos de cuyos partidos ostentan gobiernos estatales, lo significativo es que la realización de esos dos capítulos se diferencia de lo que sostiene la derecha liberal y conservadora sólo en grado o en intensidad, aunque esa diferencia no es la misma en ambos capítulos. En efecto, los gobiernos y los partidos de la derecha radical, en Polonia, Hungría, Italia, Francia y España -naciones de mayoritaria tradición católica-, coinciden básicamente todos en un programa intensamente conservador, sin poner obstáculos a medidas reaccionarias o contrarias a los nuevos derechos individuales.

No ocurre lo mismo dentro de la derecha radical europea con la liberalización económica de tradición puritana norteamericana. Los partidos y gobiernos ultras de Polonia, Hungría, Francia, y, según parece, también de Italia, no comparten ese neoliberalismo económico, practican un intervencionismo, y gastan fondos presupuestarios en políticas sociales, de marchamo populista. El arraigo de políticas de protección o de seguridad social hace que el neoliberalismo económico no encuentra en Europa terreno propicio para su éxito electoral, pero además la cultura católica de esos países, y de sus partidos derechistas en particular, hace que el valor de la Justicia social, con la imagen simbólica del pobre como imagen de Cristo, está por encima del valor de la Libertad individual.

Un comentario más sobre el conservadurismo de la derecha radical europea, y el que ésta no comparta el coqueteo de la ultraderecha norteamericana con las sugestiones de la revolución. Como los europeos han de conservar muchos elementos de su Estado del bienestar, tendrán inconvenientes para ejercer la libertad ideológica de sus equivalentes norteamericanos, cuando éstos elaboran teorías revolucionarias para hacerse con el poder.

Mientras la ultraderecha estadounidense busca dominar al viejo partido republicano, en Europa los partidos de Le Pen, Meloni y Abascal, etcétera, pretenden sustituir en el espacio electoral a sus competidores conservadores. Cuando llegan al gobierno, o están cerca de conseguirlo, el radicalismo de esa derecha radical se modera, y busca hacer los mismos programas de gobierno de la antigua derecha gubernamental.

Este último rasgo es significativo. La derecha radical de la Unión Europea, sólo se parece de verdad a sus equivalentes norteamericanos, en su total rechazo para pactar programas, o ideas políticas, con los partidos y formaciones cuyas ideologías -liberales, conservadoras, democristianas y socialdemócratas-, hicieron posible el gran pacto de posguerra, y que siguen siendo leales a sus expresiones institucionales de nuestros días, como son Naciones Unidas, la Unión Europea, o la OTAN.

La polarización política que existe en las democracias de un lado y otro del Atlántico, al hacer imposible una respuesta común de los clásicos partidos democráticos, las derechas radicales y extremas europeas y estadounidenses están acercando paulatinamente sus respectivas estrategias contrarias al liberalismo y al cosmopolitismo. Si ese acercamiento pasa a ser convergencia, el orden internacional existente entraría en definitiva crisis.

Y como comentario final, unas notas sobre la derecha radical española: Vox, y su dirigente Santiago Abascal, según la interpretación que estoy haciendo de esas formaciones políticas, posee características populistas que lo acercan al extremismo americano, y que se separa en sus programas económicos del radicalismo de la derecha europea y católica.

Efectivamente, Vox encuentra en el populismo un discurso que disimula su incoherencia ideológica, o sencillamente la falta de ideas, carencia que se sustituye por diversos tópicos de la ultraderecha, pero que todos juntos evidencian que su discurso político es oportunista.

Edward J. Watts, en la Introducción de su libro sobre la decadencia de Roma (su subtítulo original es: The History of a Dangerous Idea, que resume mejor mi argumento), se refiere a Santiago Abascal. Después de analizar el contenido del discurso de Trump, al jurar el cargo de presidente, cuando "lanzó la apocalíptica visión de una "matanza en America", Watts escribe: "Este enfoque no es exclusivo de Estados Unidos. En España, Vox, el partido liderado por Santiago Abascal, prometió "hacer España grande otra vez" a través de reformas concebidas para deshacer gran parte de las bases legales del Estado contemporáneo." A continuación, este historiador americano, profesor en la Universidad de California, encuentra en el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, un tercer tipo de político ultraderechista.

Santiago Abascal y Rodrigo Duterte son ejemplos de la diversidad programática con que se presentan los líderes derechistas ante sus electorados. La variedad es consustancial al populismo: del mismo modo que Donald Trump aboga por una desregulada política económica para su mercado interior, Rodrigo Duterte estableció durante su mandato medidas claramente intervencionistas, como ofrecer servicios educativos y sanitarios gratuitos, algo que fue aplaudido por la sociedad filipina, mayoritariamente católica.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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