Ya hemos comentado en El Imparcial que todo lo que hace el Gobierno desde hace demasiado tiempo sólo tiene un objetivo electoralista. La ley de vivienda es un buen y reciente ejemplo de la actitud de Pedro Sánchez. Se acuerda de los grandes problemas en vísperas del 28-M y, lo peor, en lugar de resolverlos los agrava por la improvisación de las medidas. Ahora, el líder del PSOE se ha acordado de la tragedia de la sequía, que viene asolando España desde hace meses. O años. Pero resulta muy beneficioso para las urnas socialistas regar de dinero a agricultores y ganaderos, que no el campo. Lo que resulta urgente, sin embargo, es un plan nacional hidráulico negociado con la Oposición, los sindicatos y la patronal, arropado por expertos en medio ambiente.
Pero Pedro Sánchez no ceja en su empeño de utilizar el Consejo de Ministros como trampolín de su campaña. Después de organizar el mejunje legislativo de los sexos, aprobó una ley de vivienda, cuya primera consecuencia salta a la vista. Y es que, va a proteger a los okupas frente a los propietarios. Ahora, celebra un Consejo de Ministros extraordinario sobre la sequía, cuando el campo lleva demasiado tiempo seco y agrietado por la falta de agua, pero lo hace horas antes de que arranque la campaña electoral del 28-M. Nadie puede creer que es casual.
Son acertadas, sin embargo, algunas de las medidas que recoge el decreto y se han filtrado, como la prohibición de trabajar al sol cuando las temperaturas son extremas. Pero el verdadero problema sigue sin abordarse. Pues solo se resolverá con un plan nacional negociado con todos, también los agricultores, ganaderos y expertos en medio ambiente, para abordar el drama de la falta de agua. El calentamiento global es el mayor responsable de esta tragedia. Pero los Gobiernos tienen que prever sus consecuencias y evitar que la agricultura y la ganadería entren en una crisis irremediable que, además, agravaría la situación económica de España.