Tras una novela tan buena e inclasificable como es La cordura del idiota decide usted acometer una obra de género policíaco como es esta Las horas crueles que presentamos hoy en Alovera.
Esta decisión supone un considerable giro en su todavía breve carrera literaria. ¿Ha sido complicada de tomar?
Fácil de pensar, fácil de planear y, en definitiva, una decisión sencilla de tomar. Hasta aquí, una cara de la moneda. La dificultad, la otra cara de la moneda, llegó a la hora de ejecutar el proyecto. Tocó salir de la zona de confort. Desposeer a la narración de las pequeñas interrogaciones con las que estaba acostumbrado a trabajar y generar un par de cuestiones, grandes preguntas, que acompañasen al lector a lo largo de toda la historia.
¿Cómo se siente un escritor de la personalidad de Marto Pariente en un espacio con tantos autores entregados a él, bastantes de ellos generando por lo menos un título al año?
Sin presión en este aspecto. Cada autor tiene sus tiempos, y es de valorar y admirar a quien puede sacar una novela al año. En mi caso prefiero tomarme las cosas con calma. Pensar bien la historia, armar un buen guion, encontrar los espacios adecuados para los puntos de giro, trabajar el arco de transformación de los personajes, dosificar los clímax y la información. Todo esto me lleva más tiempo que el hecho en sí de escribir la historia.
En una arriesgada opción Marto Pariente presenta al asesino de Las horas crueles tras el capítulo 2.
Samael se define a sí mismo como «la mano izquierda de la desolación» o «el lamento de tu dios muerto». Samael, el ángel de la muerte para la tradición judía, genera dolor y tragedia a todas las personas que se topa en su camino. La maldad de este serial killer no ofrece la menor fisura.
Para crear tan inhumano personaje, a semejante asesino psicópata e implacable mercenario con cuyo mortal itinerario avanza la novela. ¿Ha profundizado sin escrúpulos en la zona más oscura del alma?
Sí. Y para ello tuve que recorrer parajes perturbadores: la manipulación de las ideas religiosas, el elitismo, la locura, la maldad, el dolor provocado a unos padres que han de enfrentarse a las horas más crueles.
En La cordura del idiota los malos aparecían por parejas. Así, los hombres de confianza del traficante Colmenero, Trejo y Vito, o su guardia pretoriana, los Manolos.
En Las horas crueles los primos Víctor y Ulises Lázaro, también distribuidores de droga, vienen precedidos por un hombre alto rapado al cero y otro más bajo, armado con una escopeta de dos cañones, que vapulean a Frank, el investigador protagonista. Finalmente los hermanos Valverde, el militar Chuso, y Chema, su gordo hermano, tampoco son precisamente trigo limpio...
¿Es consciente de que presentar a malos emparejados -indiscutibles secundarios de lujo- es ya un signo distintivo de sus vibrantes narraciones?
No me gustan nada las largas descripciones, me resultan pesadas y engorrosas (hablo como lector); me gusta cuando un autor me presenta a sus personajes mediante diálogos, acciones y reflexiones. Trabajar con binomios me da las herramientas adecuadas para conseguir esto. Un par de pinceladas descriptivas y poco más. Se pintan solos por sus diferencias, sus contradicciones, sus actos y sus opiniones.
Dentro de su innegable maldad hay que decir cómo, y en no pocas ocasiones, estos siniestros dúos provocan sonrisas cuando no, directamente, la carcajada.
Estos momentos de humor... ¿Son buscados o le desconcierta que los lectores encuentren involuntariamente jocosos a personajes definidos para suscitar su estremecimiento?
Pues ni lo uno ni lo otro. Forman parte de mi imaginario, luces y sombras confluyen a la hora de crear los personajes. Personas crueles y malvadas pueden en determinados momentos hacer o decir algo que te levante una sonrisa, quizá sea un acto reprobable, pero aun así lo consiguen. Esto entronca con la pregunta anterior, es una manera de dar relieve a los protagonistas de la historia, darles una pátina de realidad.

La forma de reflejar la violencia en La cordura del idiota resultaba muy cinematográfica: en una entrevista reconoció el influjo que sobre usted habían tenido, por ejemplo, el universo fílmico de los hermanos Coen y Tarantino a la hora de desarrollar con nítidas imágenes (algunas muy poéticas) lo que pasaba en aquel pueblo llamado Ascuas.
Por la extensión -y ambición- de Las horas crueles, aun detectando influencias del cine (una película en concreto está bastante presente), prevalece un tratamiento más literario de la violencia. La palabra tiene aquí mayor holgura a la hora de levantar el argumento y de perfilar personajes protagonistas y secundarios.
Hay que decir, y esto es un elogio, que Marto Pariente se ha tomado su tiempo para desplegar Las horas crueles; cómo sus pasajes violentos llegan -y con feliz abundancia- con otro ritmo, de manera más sosegada.
¿Comparte la apreciación de que lo literario está más aprovechado en esta su tercera novela?
Quiero pensar que la experiencia es un grado y que uno va aprendiendo por el camino a manejar mejor los tiempos de la narración. En cualquier caso, en esta novela he tenido que aprender a manejar grandes interrogaciones. En La Cordura del Idiota, los lectores tenían siempre más información que los protagonistas; al ser una novela más coral, el lector sabía de antemano todo lo que ocurría. En la anterior novela las interrogaciones tenían un tiempo limitado en la narración, aprecian, fluctuaban durante algún tiempo y se disolvían en el aire como los zarcillos de humo de los cigarrillos. En esta nueva novela, la premisa fundamental era manejar grandes incógnitas que acompañasen tanto al lector como a los protagonistas a lo largo de toda la narración. Esto en resumen te obliga a trabajar más lo literario en contraposición a los ritmos cinematográficos.
Dejando aparte a los conseguidísimos personajes de Las horas crueles, tanto los protagonistas (Frank Durán y Eliana Santoro) como los secundarios citados (a los que se añade el equipo policial capitaneado por el inspector Luis Méndez), el grandísimo acierto de su novela está en cómo se las ha arreglado para idear y estructurar una trama de desapariciones y asesinatos que no ofrece respiro, en lograr esa ingobernable atracción que empuja al lector hasta su última página y lo deja KO.
¿Decir que la historia que cuenta Las horas crueles es tan viva que incluso devora a sus magníficos personajes le causa buena sensación?
Sí, por supuesto. Los personajes tiene su importancia, pero el peso específico de la historia recae en la trama. Al contrario que en La Cordura del Idiota, cuya historia orbitaba entorno a sus personajes, en Las Horas Crueles la trama lo envuelve todo como un manto de oscuridad. Los personajes han de encender una vela, ubicarse y buscar la solución. Entiendo que son maneras diferentes de afrontar la historia.
El magnetismo de la narración y su impecable ambientación; las complejas personalidades de los investigadores; la animalidad en estado puro de Samael. Pensando en lectores de este trabajo (que en rigurosa primicia está publicando EL IMPARCIAL) cuya curiosidad se haya visto espoleada, pero teniendo en cuenta también esta actual profusión de la novela policíaca.
¿Cuál sería para Marto Pariente el principal hecho diferenciador que los lleve a hacerse con Las horas crueles?
Quiero pensar que la historia es original y que los personajes que pueblan este Guadalajara cruento y descarnado harán la delicia de los lectores. Quiero pensar que se llevaran una gran sorpresa al final. Quiero pensar que se verán rodeados de impenetrables bosques, perdidos en la Sierra Norte de Guadalajara. Quiero pensar que oirán el viento silbar en sus oídos al asomarse al barranco y ver a sus pies las turbulentas aguas del Bornova...
No lo sé. Quiero pensar...