El poeta Robert Graves, pagano irredento, aclaraba que para los de su cuerda Jesucristo era un tipo inmejorable; cuando volviese por tercera vez a este mundo ellos le seguirían llamando Apolo. El historiador Eward Gibbon, también pagano tardío, es menos complaciente: a su juicio el veneno del cristianismo provocó el declive del imperio romano. Lo primero es una declaración de intenciones; lo segundo, un error. El cristianismo absorbió la cultura pagana. Las diosas de Grecia y de Roma se guardaron bajo el manto de la Virgen María, y los dioses menores se transmutaron en el santoral cristiano. La vieja Roma prolongó su vida y sus fronteras gracias al cristianismo. América recibió la Roma cristiana de manos de los españoles. La religión no es el opio del pueblo sino el alma de las civilizaciones.
La Izquierda nace como concepto con la revolución francesa y se propaga en el tumulto bolchevique de 1917. Los jacobinos trajeron a la diosa Razón, que vino del brazo de la guillotina. Los revolucionarios rusos sustituyeron Padre, Hijo y Espíritu Santo de las Escrituras por una nueva trinidad: el Proletariado, el Partido y la Historia. Actualmente China ha recuperado a Confucio, los rusos se han sumergido de nuevo en el rito bizantino, en Vietnam prevalece el antiguo culto a los antepasados. Un indisimulado apego a la diosa Razón y una intermitente añoranza de la guillotina persisten en la Izquierda española, tan afrancesada ella. Nuestro pasado abunda en litigios religiosos. La glosa de la Reconquista, con los mitos de Covadonga y don Pelayo, de Favila y del oso que se comió a Favila. El trasfondo doctrinario de las guerras carlistas. La acometida contra el cristianismo durante la segunda República, perpetrada primero por Azaña y después por el gobierno del Frente Popular. “España ha dejado de ser católica”, proclamó Azaña en 1931; ardieron un largo centenar de iglesias. En julio de 1936, iniciado el pronunciamiento, un piquete de milicianos fusiló simbólicamente al Sagrado Corazón del Cristo del Cerro de los Ángeles; sus custodios fueron fusilados previamente, de una manera real y nada simbólica.
Luego del franquismo ser “de izquierdas” supuso una inequívoca seña de demócrata, al igual que ser “buena gente” significó linaje de cristiano viejo, sin traza de judío. Si estas medallas refiriesen la intensidad de su oposición a la Dictadura, sólo serían demócratas los comunistas de entonces; pocos, de un valor inobjetable y unas credenciales democráticas modestas.
La Izquierda en España se ha consagrado a un dios menor, el PSOE, una deidad local, rudimentaria y tornadiza. No se trata de socialismo o de socialdemocracia. El socialismo es un término impreciso; la socialdemocracia ha sido recogida por todos los partidos con representación parlamentaria salvo Bildu. La cuestión es el Partido Socialista Obrero Español, sus siglas inveteradas, por más que las palabras “obrero” y “español” desvaneciesen su significado. La fe es un relámpago; la liturgia, una rutina obstinada. Desde la muerte de Juan XXIII, la pretendida relación entre el Vaticano y el Cristo anunciado en los Evangelios es harto liviana y su invocación obedece fundamentalmente a una estrategia de marketing; así dice mi memoria. En lo conveniente al PSOE, que una retórica centenaria se rebaje a la superstición no supone su inmediato desarraigo. Vengo de familia de actores: mi padre no cruzaba delante de un acuario ni obligado por una pistola, y a mí no se me ocurre dejar el sombrero encima de la cama. Hacemos algunas tonterías por pura tontería, también por interés.
La Izquierda española medita el manejo del wokismo como nueva devoción. Se me antoja improbable por atrabiliaria, con esa fragancia salvaje propia del Libro Rojo de Mao. Ciertamente llega muy publicitada. Confieso que no daba un duro por Papá Noel y el aquelarre de Halloween; ahí los tienen, éxitos de taquilla. En tanto husmean la disposición de su público para allanarse a creencias bizarras, la intelligentsia progresista mantiene el culto a la reliquia decimonónica. Da igual quiénes encabecen el PSOE: Largo Caballero, Felipe González, Zapatero, Pedro Sánchez, el Dalai Lama o Perico de los Palotes. Por ahora su parroquia fetén cumple los oficios del mismo modo que antaño las beatas rezaban el rosario.