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TRIBUNA

Poemas como brotes salvajes: El paredón de las flores, de Juan Alberto Pérez Chanduví

Javier Mateo Hidalgo
viernes 19 de mayo de 2023, 20:07h
Actualizado el: 19/05/2023 20:19h

Tal vez sea la poesía el ámbito literario que permita una mayor libertad a quien escribe. Esta apreciación no sólo la suscribe un servidor -quedando reflejada en textos dispersos e incluso como concepto fundamental en la justificación de un poemario publicado-, sino que es defendida con verdadero entusiasmo por parte de uno de los poetas emergentes más prometedores de la actualidad: el limeño Juan Alberto Pérez Chaduví. Él mismo lo ha podido experimentar como forma de expresión más acertada, sirviendo -primero- como herramienta para la canalización de sus inquietudes promoviendo la mejora propia y -segundo-, como medio de creación artística. En concreto, la idea de "escritura automática" -tan presente en el surrealismo de los "cadáveres exquisitos", como el autor reivindicará- será la auténtica arma poética liberalizadora de los sentimientos del escritor. Chanduví contradice así la afirmación que su compatriota Mario Vargas Llosa hizo en su discurso de ingreso de la Academia Francesa. El autor de La ciudad y los perros afirmó: "Nunca se ha inventado nada mejor que la novela para mantener vivo el sueño de una sociedad mejor que la que donde vivimos". Chanduví sitúa en su lugar a la poesía. Ésta ha simbolizado su "tabla de salvación" para la tartamudez crónica que padece, así como de otros "bloqueos espirituales y románticos" -lleva 25 años practicando la escritura poética como terapia personal y médica a través de estos "ejercicios"-, a la vez que le ha acompañado en su forma de expresar su visión del mundo. Sus trabajos avalan esta mirada sensible, siendo historiador del arte y profesor de apreciación artística.

Aunque por su personalidad poliédrica resulta complicado realizar una "tomografía axial" del "espíritu" de Chanduví, es precisamente en esa complejidad de análisis donde reside su riqueza como creador. Desde esta perspectiva, no se conforma con la lírica como única fuente capaz de saciar sus inquietudes; va más allá y llega incluso a apoyarse en las imágenes que proporciona y que propician el arte. Por eso, su imaginario es tan sugestivo, tan pleno de situaciones evocadoras. Se trata de un intelectual en el sentido tradicional del término, pues ha labrado su mundo después de tamizar múltiples influencias, que le han ido perfilando en sus afinidades o preferencias. Sus poemas, que él denomina como "estancias", son precisamente eso: lugares que habitar durante un tiempo, espacios para la experiencia. Aunque lo niegue, muchos de ellos pueden verse incluso como pequeños relatos. Escritos siempre, eso sí, como exteriorización de su propia existencia, representada en vivencias o traducciones experienciales desde la "simbología arcana" o los "actos de fe". Todo esto y más podemos encontrar en su libro El paredón de las flores, editado primorosamente por la granadina Aliar Ediciones. Un libro de humilde extensión, aunque de enorme densidad, rico en contenidos y conceptos.

La poesía de Juan Alberto Pérez Chanduví transita entre dos espacios o tiempos: la presencia y la ausencia del amor, el origen peruano y la tierra española de acogida: "Hoy te escribo para decirte / que recibo con angustia mi particular Ars-morendi. / Lima, Madrid, Plaza de Oriente o el Parque de la Exposición. / Puros que hacían cola desde tu casa hasta la mía". En medio, surge siempre la reflexión, como si el espacio lírico se asemejase a un purgatorio o limbo. "Sólo aquello que se ha ido nos pertenece", reza la lapidaria frase inicial de este libro ideada por Jorge Luis Borges, referente de Pérez Chanduví -una de la cuatro patas de su asiento para el aprendizaje, junto con Julio Ramón Ribeyro, Ángel González y César Vallejo (cuyo Trilce inaugura la libertad poética)-. Cicerones que han guiado a nuestro autor, como al Dante de la Divina Comedia por los paisajes simbólicos y fabulosos de su imaginario. La escritura sirve en este sentido para salir de esos "infiernos", resultando el mejor camino terapéutico. Para vencer los miedos comprendiendo su raíz. En El paredón de las flores tiene una gran presencia la ausencia, por muy contradictorio que parezca. Precisamente como dice Borges, es lo que ya no está aquello que nos permite que lo poseamos. Cuando es algo inmaterial, intangible, que pervive en la memoria por cuanto nos ha acompañado durante ese pasado, conformándonos en parte.

Los sentimientos, siempre abstractos, cobran presencia a través de una Naturaleza omnipresente a lo largo de los diferentes poemas. Sus poemas equivalen a brotes salvajes que se desarrollan siguiendo sus propios patrones fractales. El título de uno de ellos, el que da nombre al libro, será bien representativo de ello. El poeta se presenta ante su amada perdida como muro "sembrado de mala hierba, / denigrado por el paso de los años": "Cruzo tu piel sin descanso a través de la mía / para dispararme como una muerte de vigilia. / y morirme en tu ausencia". Leyendo estos versos, el lector no puede evitar sentirse en esa encrucijada entre el dolor y la esperanza, rodeado de sufrimiento pero también de belleza. Se trata de la fórmula de lo sublime tan propia del romanticismo, del que Pérez Chanduví se siente también deudor. Su pasión es contenida y desbordada al mismo tiempo, como si Winckelmann y Lautréamont se enfrentasen, uno imponiendo el orden y el rigor de su visión neoclasicista de la historia de la cultura y, el otro defendiendo la creación a través del automatismo, auténtico predecesor del surrealismo con ese encuentro fortuito en una mesa de disección de un paraguas y una máquina de coser. En el caso de Chanduví -aunque también tiene asociaciones sorprendentes y libres de conceptos, como el título Sueño de un puente y una máquina de coser (si, como la que figura en Los cantos de Maldoror)- se trata, en su poema Breve descripción de una máquina demiúrgica, de ese encuentro imposible entre el alma universal como artífice o principio ordenador de los elementos preexistentes y lo artificial o tecnológico, creado desde lo que a su vez ya ha sido originado previamente.

Chanduví emplea los elementos naturales para describir su esencia sólo o acompañado previamente por la compañía ya perdida. En Hartazgo, describe el último caso desde el "nosotros" como "afluentes de un solo río" que confirma un "círculo vicioso por el que vemos los días pasar/ sin saber cómo o cuándo todo se empezó a desbordar / en un gran mar de hastío en eterno retorno". En este sentido, hace acto de presencia nuevamente la influencia estética teutona, mediante el historiador y teórico de arte alemán Wilhelm Worringer. En su teoría de la Einfühlung (empatía o proyección sentimental), el impulso de la satisfacción culmina en la belleza de lo orgánico; esto queda claramente patente en los mundos chanduvinianos, donde -como decíamos- la Naturaleza sirve como materialización de las inquietudes internas. El autor crea y se recrea en elementos naturales, a cuya perfección aspira a través de su escritura. No puede ser de otra manera, pues el individuo forma parte de ese orden natural y representa y exterioriza sus leyes de perfección y equilibrio. Al mismo tiempo, existe una fuerte inclinación hacia la abstracción y todo aquello que conlleva desde el pensamiento, desde lo filosófico: "Ella argumentaba que lo absoluto -como valor / y medida- solo es verificable en la eternidad y que / siendo un instante eterno e infinito, / lo absoluto sería pues asequible y palpable en cada actividad humana. / Por ello, a ojos de la eternidad, / somos inmortales en cierta medida"-. Así, también recuerda a Worringer cuando éste refiere a la satisfacción del impulso abstraccionista a través de la belleza inorgánica, cuyo funcionamiento depende de leyes y necesidades abstractas. Todo ello, junto con pasajes y paisajes oníricos y mitológicos, confluye en este remolino de la vida que es El paredón de las flores.

Demos, pues, la bienvenida desde la casa de la poesía, la de las flores nerudianas, a Pérez Chanduví. Disfrutemos de estas máscaras exóticas, traídas desde unas islas del Pacífico muy personales.

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