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ORIENT EXPRESS

La Primavera Árabe ha terminado

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 21 de mayo de 2023, 19:44h

Siria llevaba excluida de la Liga Árabe desde 2011. El ciclo de revoluciones, guerras e inestabilidad que comenzó en diciembre de 2010 en Túnez ha concluido con el regreso del presidente de Siria, Bashar al Asad, al concierto de los países árabes. Su entrada a la 32ª reunión del Consejo de la Liga Árabe el viernes pasado en Yeda, a la que acudió invitado por el rey de Arabia Saudí, simboliza el fin de una época cuyo apogeo se alcanzó pronto -podríamos decir que en torno a 2012- y que dio paso a un terrible invierno de desolación y fractura social desde el norte de África hasta el Golfo Pérsico. La reordenación del Oriente Próximo – recuérdese el acercamiento entre el Reino de Arabia Saudí y la República Islámica de Irán gracias a la intervención de la República Popular China- está avanzando muy rápido.

Distintos medios de comunicación han subrayado la importancia de ciertos temas en la agenda de la reunión: la normalización de las relaciones con Siria, la guerra en Sudán, la situación en Yemen, el vacío de poder en El Líbano y las operaciones militares israelíes en Palestina. El presidente sirio aprovechó el regreso para reivindicar la soberanía de los Estados y el fin de las injerencias: "Hoy estamos ante una oportunidad histórica para reorganizar nuestros asuntos con las menos intervenciones extranjeras posibles". Sin embargo, es inevitable pensar que él mismo ha vencido en la guerra civil siria precisamente gracias a la intervención en su favor de la Federación de Rusia y de la República Islámica de Irán, que ha sido correlativa a los apoyos que otros prestaron a sus enemigos. Todo eso ha quedado atrás. El presidente ha regresado a la principal organización del mundo árabe, fundada en 1945 por siete Estados entre los cuales estaba nada menos que Siria. Le han dado la bienvenida líderes como Abdel Fattah el-Sisi, presidente de Egipto, y Aiman Benabderrahmane, primer ministro de Argelia, pero la acogida no ha sido unánime. El emir de Catar Tamim bin Hamad Al Thani abandonó la ciudad después de haber acompañado a la delegación catarí. Días antes el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores del emirato, que ha retomado su relación con Bahrein recientemente, había advertido de sus reservas respecto de una “normalización” de las relaciones con Siria.

La reunión de la Liga Árabe ha tenido otro invitado de excepción: Volodímir Zelensky. El presidente de Ucrania está de visita en Arabia Saudí en el marco de las relaciones bilaterales y aprovechará la oportunidad para dirigirse a los dignatarios árabes. Ha un movimiento delicado precisamente porque coincide con el regreso de Al Asad, un aliado estratégico de Rusia que sale vencedor de una guerra. Sin embargo, los anfitriones saudíes, que han ofrecido su mediación entre Ucrania y Rusia, han logrado que la reunión sea histórica por la vuelta a la casa común de los árabes de uno de los miembros fundadores de la Liga. La apuesta saudí por la pacificación y el fin del conflicto se une al creciente número de voces que abogan por un cese de las hostilidades y la búsqueda de una solución política.

La reunión concluyó con la Declaración de Yeda, que celebra la participación siria en la reunión al tiempo que manifiesta su esperanza en la decisión de “apoyar la estabilidad de Siria, preservar su unidad territorial y retomar su papel en el mundo árabe” y “rechaza categóricamente todo apoyo a la formación de grupos armados y milicias” y “subraya que los conflictos armados internos no terminan con la victoria de ningún bando, sino que exacerban en sufrimiento de los pueblos, destruye sus éxitos e impide su progreso”.

Más de doce años después del comienzo de la Primavera Árabe y más de once después de que Siria fuese suspendida de la Liga Árabe, Bashar al Asad ha regresado vencedor. Hay muchas lecciones que extraer de este periodo cuyo final simboliza este reencuentro. El Oriente Próximo se está reordenando sobre parámetros distintos de los que impulsaron tanto los cambios de comienzos de los 2000 -especialmente la invasión de Irak- como los que desencadenaron las protestas, las revueltas y las guerras civiles del mundo árabe.

No ha sido Washington quien ha propiciado el acercamiento entre Teherán y Riad. No es la Casa Blanca quien lidera la pacificación y el cese de hostilidades en los distintos conflictos que el mundo árabe viene sufriendo. Los vientos de cambio en la región soplan, ahora, desde el Oriente.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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