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Novela

Rafael Reig: Guapa de cara

domingo 28 de mayo de 2023, 21:56h
Actualizado el: 29 de mayo de 2023, 14:04h
Rafael Reig: Guapa de cara

Tusquets. Barcelona, 2023. 231 páginas. 18,50 ?. Libro electrónico: 9,99 ?.

Por Aránzazu Miró

Fluye la novela como su principio, impactante, claro, conciso: «Todo acabó un jueves por la mañana, el 18 de noviembre de 1999, sin que terminara el siglo y cinco días antes de mi cumpleaños. Habría cumplido treinta y siete». Cercanía temporal (o no tanto, son ya veinte los años transcurridos), una muerte y un ¿y entonces qué?, Rafael Reig nos sitúa en una novela actual, que transcurre en este milenio del que llevamos ya vividos años, pero que no pesan.

Publicada originalmente en 2004, alcanzar la colección Andanzas de Tusquets es una importante segunda vida. Ahí llegó el autor con el premio Tusquets que obtuvo en 2010 Todo está perdonado, una novela merecedora del galardón en que retoma esa visión distópica de la ciudad de Madrid que subyace como trasfondo en esta que ahora comentamos.

Autor prolífico, con títulos como Para morir iguales y Amor intempestivo, entre otros, Reig publica (y re-publica) con bastante frecuencia, en la que −para mí− es una trayectoria bastante saltarina, de resultados muy desiguales, que curiosamente me acrecientan las ganas de encontrarme con muchas de las sorpresas de su escritura. Mientras él busca, como narra repetidamente en la autoficción (o podríamos decir memorias) que llama Amor intempestivo su O.B., esa obra maestra que todo escritor anhela, yo, como lectora, también la busco.

Rafael Reig ha venido narrando con mucho interés y una nueva visión esa época de la Transición y la posguerra de nuestros padres, y en esta novela, en realidad policiaca, que de nuevo se retrotrae (no queda otra si parte de la muerte de la protagonista), lo hace a un periodo más cercano y a otra temática, si así lo aceptamos. Fundamentalmente, la culpa y la autoestima en la vida de la protagonista, María Dolores Eguíbar, Lola Ríos en su pseudónimo como escritora. Nos introduce en un álter ego del autor −nada nuevo en su obra−, para narrarnos cómo se siente una vez muerta y qué la ha llevado hasta allí, y por supuesto, desentrañar la causa.

Una visión, la del propio muerto, muy conseguida, todo hay que decirlo. Reig se introduce en el alma de una mujer que no podía ser otra cosa que escritora, para hablarnos de la escritura, por supuesto, pero sobre todo de la culpa, la autoestima y la búsqueda de un lugar (propio) en el mundo.

El trasfondo lo pone una ciudad de Madrid distópica que no me resisto a dejar que sea el autor quien la describa: «Bajo el agua negra aún debían de estar las ramas de los árboles y aquellas aceras por las que paseaba de joven, antes de que se acabara el petróleo y anegaran Madrid para facilitar las comunicaciones. Desde entonces el Canal Castellana dividía en dos la ciudad como esa decisión que parte una vida por la mitad: en una orilla, la ignorancia; en la otra, el arrepentimiento».

La distopía se repetirá en la novela que le granjeó el Premio Tusquets, aunque en esa tenga un recorrido puramente anecdótico. En esta alcanza más presencia, y sirve para subrayar la evolución de la neuroproteína K666 que rodea la circunstancia vital de la protagonista, en torno a su padre y su marido ambos científicos, y que será causa de su muerte por una conjura en la que ella acaba inmersa de refilón; lo suficiente para ser la «víctima inocente de un cobarde asesinato». Eso no le impide, en sus reflexiones post-mortem, analizar la culpa que también eso le genera.

En esta segunda vida, la novela Guapa de cara, de título muy logrado, se puede leer como un texto recién sacado del horno. Mantiene la vigencia y su disfrute.

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