No sé qué sería de nosotros sin Dolly y la cafetería Gómez. Ha sido nuestro refugio, cuando la lluvia empezó a arreciar antes del festejo. La vigésima tarde, se suponía que de toros, transcurrió desabrida, exceptuando destellos de la torería de Daniel Luque y algunos detalles del estilo de Alejandro Talavante. ¿Qué decir de Diego Urdiales? Presente.
Los toros de Alcurrucén lucieron todos los matices de la mansedumbre: no acudían al capote ni al bulto, se iban del caballo… Las varas y las banderillas de recurso. Muchos palos acabaron en el suelo o tirados como dardos uno por uno, con muchas salidas en falso. De alguna manera, Iván García se desmonteró por poner un par a Tonadillero (3°). El público acompañó el festejo con sonoras protestas contra la Plaza 1, Abellán y “fuera del palco”. Hasta hubo efectos especiales para disimular el sonido de un petardo.
Lo que hizo Diego Urdiales a Antequerano (1° 1/19) más que una faena fueron unos pases sueltos. Porfió sin medir tiempos y el astado salió del embroque sin aliento, tendido sobre el albero. Urdiales no sabía si llamar a la cuadrilla o al equipo médico. Poco a poco, tiraron del rabo y el toro se repuso para recibir un espadazo. Flauta (4° 9/17) asustó al diestro, desarmándolo con un feo gañafón. Será por esto que Urdiales le proporcionó tres varas a pesar de las claras protestas del contrario. Ojo por ojo. La faena no reseñable de un diestro desganado. Un bajonazo de ley.
Talavante abrevió el calvario de Cornetillo (2° 12/18), un ejemplar débil y de cabeza descompuesta. Se estancó con la espada, queriendo descabellar al toro pinchado. Sin embargo, recapacitó al oír el son de la silba y entró de nuevo a matar: una estocada y descabello certero. Alejandro Talavante se entregó con Rompe-plaza (5° 12/17). Será porque le vio cara de bueno o porque le ha caído bien, pero se permitió todo tipo de confianzas y cercanías con el bichito. Comenzó con una larga tanda de rodillas. El toro iba prendido de la pañosa. Se lo llevó a los medios, donde hizo una faena de tandas cortas y paseos largos, llegando a las cercanías inverosímiles. Si hubiera habido toro, Talavante habría pecado de temerario. Pero, esta vez todo transcurrió muy cordialmente y con el consentimiento del animal. La espada entró profunda y el descabello a la primera.
Daniel Luque hizo una obra memorable con Tonadillero (3° 9/17). Cargó la suerte y alargó la embestida con pases flexionados. Mantuvo al toro en pie, trazando pases circulares en torno a su cintura por ambos pitones. Cuando el toro ya no acudía, surgió una media docena de luquesinas lucidas. Más de media estocada algo trasera. Un aviso. Una ovación. Mimoso (6° 11/18) corría detrás de la muleta de Luque en vez de embestir. Luque, muy dispuesto a torear, porfió demasiado en alargar esta deslucida carrera. Recibió la estocada de la tarde.