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TOROS

Feria de San Isidro: Morante y el estoicismo; Castella y el tocapitonismo

El diestro galo Sebastián Castella durante el vigésimo primer festejo taurino de la Feria San Isidro.
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El diestro galo Sebastián Castella durante el vigésimo primer festejo taurino de la Feria San Isidro. (Foto: EFE)
sábado 03 de junio de 2023, 08:45h
Actualizado el: 06/03/2023 08:52h

Un día como hoy hace 41 años tres diestros salieron por la Puerta Grande de Las Ventas; hoy no podían salir ni siquiera los espectadores. Los jovencitos de la discoteca, que ha montado La Plaza 1, bloquean la salida sin que la seguridad ni la policía ponga orden. Uceda Leal, Morante de la Puebla y Sebastián Castella hicieron el paseillo y dieron cuenta, cada uno a su manera, con los toros de El Torero y uno de José Vázquez.

Uceda Leal, de figura elegante y gallarda, abrió la tarde con Vigilante (1° 12/17). Marco Ortiz puso un par de rehiletes en la misma cara del astado. La faena tuvo un regusto clásico, compuesta de tres partes como buenas obras de teatro. La preparación con los pases flexionados para probar al contrario; la faena per se: de tandas apretadas, sin perder tiempo, y varios pases de esmerado trazo. Y el cierre, aprovechando la embestida, mientras el toro se iba apagando. Desgraciadamente, el matador se estancó con los aceros. Su segundo, Salinero (4° 1/19), no tenía cuernos sino que los enarbolaba como un estandarte. Aplauso de los tendidos. A. Martín "Niño de Aravaca" se desmonteró por su esmero con los rehiletes. Mucho mérito el de los banderilleros en abordar tal velamen. Uceda Leal le cambió de terrenos y toreó al natural con temple, naturalidad y sin distancias: el astado rozaba los preciosos bordados de su traje. Silueteó algunos pases dignos de pincel. La estocada entera y una oreja importante.

Morante no estaba animado. Vivaracho (2° 1/18) tampoco derrochaba bravura, mas bien lo contrario: manso a más no poder, intuyó que no hay quien se le oponga y desbarajustó la suerte de varas y la de las banderillas. Una faena de aliño y un estoconazo en el costado. O por allí. El verdadero escándalo se armó con la lidia de Remero (5° 11/17) de bella lámina: al picador le encargaron aniquilarlo y él lo agujereó a gusto del consumidor. Y cargó los varazos. El astado se cayó. Tal mermado llegó a la muleta que no hubo faena. La espada mal. Aplauso al arrastre. La silba. sobran los comentarios.

Pinturero (3° 1/19 José Vázquez), para Castella, escarbó y hociqueó el albero. Otro marrajo complicado de picar por huido. Una faena con buen comienzo por flexionados, unas series sin enganchar por ambos pitones y largos paseos con mucha apostura. Una oreja. Con el segundo de Castella, de nombre Jopillo (6° 12/17), Rafael Viotti destacó con los palos. Agustín Romero fue aplaudido por varas certeras y medidas. Castella, aspirando abrir la Puerta Grande, brindó al público. El toro va distraído, toma la muleta cuando quiere, el diestro porfía por seguirle. Los pases sueltos, enganchados, siempre atropellado por el genio no dominado del toro. Cuando el toro, ya picardeado, se cansó, le empitonó y encunó. El diestro, aguanta, pero opta por el camino de los embelecos como las tocaduras del pitón para remendar la falta del toreo. La estocada entera, atravesada, por salirse de la suerte.

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