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Enrique Vila-Matas y lo metaliterario. Allá vamos buscando planetas habitables para la raza humana. A partir de un bloqueo viene un milagro o bien un espejismo por ciudades que nos hacen repasar radares de inspiración.
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Alardes de audacia como quien se prepara en la sala de entrenamiento. Averiguaremos de qué estamos hechos y lo haremos muy bien. Citas vilamatianas –“Sí, la Creación entera -dijo-. ¿Alguna vez alguien le explicó de forma completa cómo se llevo a cabo la creación del mundo?”; paradojas examinando las extensiones silenciosas del césped, contradicciones como cuestiones a las que hemos dado muchas vueltas.
3
Por Montevideo pasan los fantasmas y los días fantasmales, ondas más largas o más cortas, amplitudes que se expanden y regodean. La obsesión de Vila-Matas por las habitaciones de hotel es meticulosa. Ruido que nos hace esbozar una sonrisa de tristeza. Está Mallarmé con su finísimo oído, sin la menor escolta. Su distracción no está extrañamente asociada a una pasión por las cosas mecánicas. «Olor de encierro, de tabaco de pipa y de sedas viejas y viejos pergaminos», está John Ashbery, que es como si fuera al patio con un trapo húmedo y limpiara el polvo estival de nuestros estropeados zapatos, está el Gran Lector que aparece en un apacible atardecer de agosto por la ladera del monte y encuentra un lugar elevado donde sentarse y pasar páginas, está Kafka, que es la luna amarilla, abetos y viejos árboles abatidos por los rayos mientras el viento sopla hacia el lago, y está Hemingway que tiene arrugas en su cara huesuda, irritada pero con brillo sensato en los ojos, y es una casa de madera, y es un espectáculo bello, y los cielos del norte, el sur y el oeste.
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Éxitos pasados y pérdida de inspiración, días nebulosos que nos hacen desanimarnos y regresar al banquillo.
5
La primera frase de Montevideo -última novela publicada por Enrique Vila-Matas- es: «En febrero del 74 viajé a París con la anacrónica intención de convertirme en un escritor de los años veinte».
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No sabemos cuánto tiempo queda. Hay un anhelo por conquistar una expresión original, por hallarse a sí mismo mirando hacia atrás y hacia adelante, pero sin que la mirada penetre directamente hasta el corazón de la realidad.
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La conciencia del protagonista quiere escribir hasta ser absorbido como última gota de agua en la base de los campos de hielo. Vila-Matas, el mismo de Bartleby y compañía, sabe que la verdad más sencilla del mundo está fuera de nuestro alcance a causa de su amplia nada. Aparato de citas como Desolación en Soledad. ¿No es un ensayo como una especie de deriva de lo real que se describe? Nuestra experiencia puede ser la de Antero de Quental, en las Azores.
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Mi sugerencia es la siguiente, una buena obra es un tipo de medida o de juicio, reducir los pensamientos a su esencia. Como quien los muestra en las barras de hoteles de tres estrellas.
9
Gritas a cualquiera que escuche que te saquen del Vacío. El Vacío se presenta como tic durante todo el día, molestando el espíritu como perro que no deja descansar.
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Concierto de Miles Davis que nos hace volver a nuestra montaña por ser demasiado mágico. W. H. Auden junto a unos anuncios de neón y pared de ladrillo rojo. No quieres que nadie hable por ti, pero no puedes avanzar, estás sin ninguna palabra que añadir, como bloqueado como un chaval sin suerte.
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Lo magistral de Enrique Vila-Matas está en ver en grandes ventanas vacías, en seguir mirando al espacio, el vacío es una forma universal. Pureza y verdad del trance en la literatura de lejos donde el cielo puede estar despejado. Y dicho en esta despejada tarde, veo libros nuevos. El tráfico avanza a trompicones y leo: «Exhibir la propia melancolía e importunar al prójimo con las preocupaciones propias. Al menos en sociedad, es mejor poner buena cara».
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Visto así, Montevideo es conducir por la literatura de forma temeraria, sin señales de stop. Ella estará esperando con un libro de James Joyce, será una compañía estimulante.
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Todo lo que del otro me conviene, me parece eléctrico, un paso de la gracia del folk al rock; experimento entonces al que prestar demasiada atención con los dictados del cronómetro interior. La página es extraer una muestra. No hay mejor inspiración que un objetivo. El ensayo bien podría ser una refrescante búsqueda.