El dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera calienta el planeta, causando el cambio climático ya que es un importante gas que atrapa el calor, o gas de efecto invernadero, que proviene de la extracción y quema de combustibles fósiles (como el carbón, el petróleo y el gas natural), de los incendios forestales y de procesos naturales como las erupciones volcánicas. Desde el comienzo de la Revolución Industrial las actividades humanas han elevado el CO atmosférico. la cantidad de CO2 es ahora el 150% de su valor en 1750. Esto es mayor que lo que sucedió naturalmente al final de la última edad de hielo hace 20.000 años. Las evidencias son un llamado de atención para toda la humanidad, el mes de abril de este año integra el grupo de seis meses de abril más cálidos desde 1880.
La ciencia señala que a fin de evitar los peores impactos del cambio climático y para conservar un planeta habitable, el aumento global de la temperatura necesita limitarse a no más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. En la actualidad, la Tierra ya tiene un calentamiento superior al 1,1 °C en comparación a finales del siglo XIX, y las emisiones continúan elevándose. Para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, tal como se exigió en el Acuerdo de París, es necesario que las emisiones se reduzcan alrededor del 45 % para 2030 y que se alcance el cero neto hacia 2050.
La transición a un mundo con cero emisiones es uno de los mayores retos que enfrenta la humanidad. El sector energético constituye la fuente de tres cuartos de las emisiones de gases de efecto invernadero en la actualidad y encierra la clave para evitar los peores efectos del cambio climático. La sustitución de generadores de contaminación, como la producción de energía mediante el carbón, el petróleo o el gas, por fuentes de energía renovables, como la energía hidráulica, solar o eólica, reducirían drásticamente las emisiones de carbono.
Los compromisos adquiridos por los gobiernos hasta la fecha han quedado cortos para lo que es necesario. Los planes de las 193 naciones adheridas al Acuerdo de París, nos llevarían a un aumento en las emisiones globales de gases de efecto invernadero para 2030, en comparación con los niveles de 2010. Lograr el cero neto hace necesario que los gobiernos emprendan nuevas políticas energéticas para la reducción de las emisiones actuales. El G20 (Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, República de Corea, México, Rusia, Reino Unido, Sudáfrica y Turquía) es responsable del 75% de las emisiones mundiales.
Los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, son el mayor contribuyente por sus emisiones de dióxido de carbono. La ciencia indica que para evitar los impactos del cambio climático, las emisiones deben reducirse casi a la mitad para 2030 y alcanzar el cero neto para 2050. Para lograr esto debemos poner fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles e invertir en fuentes alternativas de energía que sean limpias y sostenibles, estas fuentes de energía renovables, están disponibles en abundancia a nuestro alrededor, proporcionadas por el sol, el viento y el agua.
Llego la hora de implementar globalmente nuevas políticas energéticas “limpias” que apunten sin demoras a la eliminación de la emisión de gases tóxicos.