El tenistas español cayó en semifinales tras sufrir un calambre.
Carlos Alcaraz cumplió 20 años el pasado cinco de mayo. Sopló las velas como segundo mejor jugador del planeta y sólo unas semanas después recuperó el número uno. Pero ya sabía lo que es esa sensación de mandar en el tenis mundial: fue el jugador más joven en alcanzar el techo de este deporte en la historia. Con 19 años, cuatro meses y 6 días. Esos logros de precocidad, amén de un ya ilustre palmarés -Abierto de Estados Unidos 2022, dos Masters de Madrid, dos Condes de Godó, Masters de Miami, Masters de Indian Wells y Torneo de Río-, los ha conseguido con un juego que ha enamorado a aficionados y analistas de toda latitud.
Le gusta "disfrutar y hacer disfrutar", tal y como ha declarado esta semana durante Roland Garros. Su estilo agresivo, con voluntad de dominio absoluto de los partidos, está salpicado de derechas atronadoras, globos delicados, dejadas de seda, ángulos quirúrgicos y una variedad de golpeos que le encumbran cuando todavía es un novato. Además, todo ese arsenal está revestido de un derroche físico sobresaliente. Su capacidad defensiva, devolviendo bolas que parecen imposibles con una asiduidad pasmosa, llama la atención de verdad. Y desespera a sus rivales, cada vez más acomplejados e impotentes. Este es uno de los aspectos que más recuerdan en él a Rafael Nadal.
La presión
Sin embargo, el abono anatómico sobre el que germina su tenis espectacular, seductor, ha empezado a dar síntomas preocupantes. Su pierna derecha ha sido la primera parte de su cuerpo en decir basta. Una dolencia en esa zona le obligó a parar a comienzos de 2023 y a perderse el Abierto de Australia. Meses después, volvió a sufrir una lesión en esa pierna -esta vez en el isquio- y le pasó justo en la final del Torneo de Río. Ganaba un set a cero e iba mandando por 3-0 en la segunda manga ante Cameron Norrie cuando le sobrevino la dolencia. Quiso seguir, rebosante de garra, y a punto estuvo de dar un susto al británico. Muy mermado, consiguió forzar un 6-4 y 7-5 asombroso. Porque tiene esa jerarquía en su mentalidad. No abandona. Otro matiz del balear legendario.
Este viernes se ha descorchado, en el peor momento, otro capítulo de este rosario repentino de lesiones. En las semifinales del 'Grand Slam' francés. En el mejor partido, el más esperado por todos, perdió frente a Novak Djokovic por culpa de unos calambres traicioneros. Había empezado perdiendo, empató el encuentro y trazó la ruta para una remontada colosal. En cambio, con 1-0 en el tercer set sintió un calambre que le agarrotó la pierna derecha. Ahí se acabó su oportunidad de estrenarse en la final parisina. Pidió asistencias de manera desesperada y, caminando, volvió a la pista. Sólo ganó un juego más hasta la conclusión (6-3, 5-7, 6-1 y 6-1). Pero ahí estuvo. Y se marchó ovacionado, arropado por aplausos de admiración.
Ya en sala de prensa, el talentoso murciano explicó su punto de vista. Había vuelto a pasar. Esto dijo: "Lo achaco a lo mental. He entrado más tenso de la cuenta y no he sabido relajarme. Esa tensión extra en un Grand Slam te pasa factura y con lo tensos que han sido los dos primeros sets, más aún. Novak te exige al máximo, te va exprimiendo poco a poco". "Me habría comido la cabeza, por eso he intentado aguantar lo máximo posible. El tercer set fue muy complicado, pero en el cuarto pensaba que tenía un 1 % de posibilidades y quería aferrarme. Pero contra Novak es muy complicado", analizó.
El derroche y el estilo
Explicó 'Carlitos' que el problema ha estado en su balance psicológico. "Nunca lo había sentido con esta intensidad, tengo que aprender de este problema", confesó. "Duele bastante irse así de la pista en una semifinal, pero trataré sacar lo bueno de las cosas. Dentro de lo difícil que es perder una semifinal de 'Grand Slam', no me voy tan jodido", aclaró. "Las emociones están a flor de piel por la derrota (...) Todos saben lo difícil que es perder un 'Grand Slam', no solo Roland Garros. Hay que dejar que pase el tiempo y sacar lo positivo. Ahora toca ver lo que ha pasado, lo que he hecho mal, lo que hay que mejorar de cara a los próximos partidos", añadió. Su honestidad sobresale. Le ha podido la presión.
Se marchó tras admitir que empezó a sentir los calambres al final del segundo set. Comenzaron en la mano derecha y en el tercer set se trasmitieron a las piernas y más tarde a todo el cuerpo. Nunca había sentido algo así con tanta intensidad. "La tensión de un partido tan exigente me pasó factura", reiteró. "Toca entrenar más y usar la experiencia de este partido de cara a los próximos partidos y torneos, porque pueden venir situaciones como ésta y tengo que manejarlas mejor de lo que las manejé hoy", subrayó, reflexivo. "Sacaré lecciones de esto", prometió.
Jimmy Connors, exnúmero uno del tenis mundial, emitió en abril un comentario que podría ir en esa dirección didáctica. "Esta es la etapa en la que (Alcaraz) debe aprovechar su juventud para tomar ventaja y estar sano, pero pone una presión en su cuerpo demasiado exagerada. La forma en la que se mueve y va a cada pelota hace que me pregunte cómo estará dentro de unos años físicamente", expuso en su podcast el extenista ganador de ocho 'Grand Slams'. Connors explicitó entonces lo que piensan algunos de los exjugadores con voz en medios de comunicación. Pero esa es la naturaleza que le ha llevado a la cima con menos de 20 años.