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TRIBUNA

Pensar libremente es consustancial a la democracia

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
domingo 11 de junio de 2023, 18:03h
Actualizado el: 06/12/2023 09:31h

Lo interesante no ha sido la valoración de los portavoces del PSOE, y de su secretario general, Pedro Sánchez, ante el último resultado electoral, una denuncia construida verbalmente contra el extremismo de sus rivales electorales, a saber, “la derecha extrema y la extrema derecha”, como manifestó el presidente del Gobierno ante los parlamentarios nacionales de su partido.

Los estudiosos del lenguaje hace tiempo que han visto en el discurso político que éste no busca comunicar, sino crear, y en ese aspecto, el discurso político es parecido al del narrador de cuentos o de epopeyas, cuyo objetivo no es decir la verdad, sino causar una impresión, y en el caso del discurso propagandístico, sugestionar a los oyentes para cautivar su voluntad o su voto; así pues, la valoración de los dirigentes socialistas de los días posteriores a las elecciones municipales y autonómicas, no tiene un especial interés.

Sin embargo, son interesantes dos elementos que están escondidos en esa valoración electoral, y en su derivada, la convocatoria a elecciones generales anticipadas (de 23 de Julio): primero, la inexistencia de responsabilidades por el resultado electoral, y relacionado estrechamente con el punto anterior, la soledad patológica en la que se encuentra Pedro Sánchez, el responsable único de este nuevo PSOE.

El presidente del Gobierno, cuando anunció que disolvía la actual Legislatura, efectivamente, contenía la astuta intención de no asumir ninguna responsabilidad por las recientes elecciones, aunque su protagonismo personal había sido superlativo, manifestado con sorprendentes promesas gubernamentales. Volvía Sánchez así al punto de partida de la Legislatura: olvidando aquellas preocupaciones de campaña ante el personaje, invitaría a Pablo Iglesias a entrar en el Gobierno, y la sorpresa que produjo, fue el método o el truco con el que esquivó dar explicaciones por el mal resultado en dicha elección.

Habitualmente, los críticos a Sánchez achacan esos audaces cambios de pensamiento a que su voluntad de poder no tiene límites; desde luego, Maquiavelo recomienda al Príncipe que si se siente en precario, cambie constantemente de opinión, para tener la Fortuna a su favor. Pero Maquiavelo no conoció los Estados democráticos de masas, los partidos políticos, y -muy importante para mi opinión- con primarias para conformar sus liderazgos.

El presidente del Gobierno no es un tipo maquiavélico, un individuo cuya fortuna depende de la de otros individuos, sino que es un político que actúa dentro de múltiples estructuras, y para lo que interesa en este análisis, se encuentra condicionado por las primarias de su partido político. Pedro Sánchez no ha tenido que hacer frente las dificultades propias del Príncipe maquiavélico, pues desde Thomas Hobbes y el barón de Montesquieu sabemos que el moderno liderazgo político se inserta en una mecánica impersonal, ante la cual, o se la somete mediante las normas del Derecho, o el líder vive en una permanente inquietud, temiendo siempre por su seguridad.

Y las llamadas primarias, en su versión española, en la que votan únicamente los afiliados (que no representan al cuerpo electoral), han alumbrado un modelo de dirigente que al haber sido elegido en directo, y en secreto, por los afiliados, no tiene obligación de rendir cuentas y explicaciones a órganos intermedios, permanentes y representativos -la Comisión Ejecutiva, el Comité Federal, etcétera-; la falta de control aparece, en un primer momento, como una espléndida ventaja, el líder es libre para dictar iniciativas, y no hay límite a sus osadías. El líder lo decide todo, en el partido, en el gobierno y quiénes serán los candidatos a diputados y senadores en la próxima elección nacional.

Pero esa supuesta ventaja, no es tal, y según pasa el tiempo, se incrementa en el líder los efectos de la soledad, o mejor dicho, del aislamiento. Como no depende de órganos representativos, tampoco recibe sus opiniones, menos sus advertencias y críticas, y de tendencia pasa a ser norma de funcionamiento; prescinde de opiniones plurales, después él no convoca a esos órganos, como viene sucediendo en el PSOE de estos días, y finalmente, escuchamos de personas muy cercanas a la secretaria general socialista que Sánchez desconfía de las deliberaciones dentro de los órganos representativos. Y su actitud con los órganos de su partido, resulta ser su preferencia con las instituciones constitucionales de control.

Pedro Sánchez, el líder elegido en primarias, es natural o estructuralmente lógico que no pueda escuchar a los órganos representativos, y que atienda únicamente a lo que le dicen sus asesores, pero esos asesores, criaturas de la misma necesidad, no son expertos que le adviertan de los riesgos, y por encima de todo, de los errores; el líder elegido en primarias sólo necesita argumentarios y contraataques con los que vencer en una pugna táctica que sabe que no acaba nunca.

El tipo de dirigente designado en tales primarias vive en una realidad paralela; el “síndrome de La Moncloa” no es efecto de la permanencia en el poder, sino que surge desde el momento cero de la Legislatura. Los métodos racionales de búsqueda de la verdad científica, aparecieron en la civilización europea en las mismas fechas históricas en las que floreció la democracia representativa, caracterizada por la libertad de conciencia, de cátedra, de expresión y de crítica.

Según esto, ¿extraña así que la valoración que hizo el presidente Sánchez del resultado electoral se fundamente en los mismos errores que llevaron a defender leyes y medidas que le exigieron sus socios secesionistas y populistas durante la Legislatura?

No hacía falta conocer la opinión muy crítica de personas que estaban en la onda intelectual del socialismo; no era necesario consultar encuestas de opinión, o dictámenes de las más altas instituciones del Estado; bastaba con hablar con mujeres y hombres corrientes, para comprobar que leyes como La Memoria Democrática, la del solo sí es sí, la modificación de los delitos de sedición y malversación a favor de los condenados por sedición de 2017, o las candidaturas con condenados por asesinato de sus socios de Bildu, iban a tener un efecto electoral demoledor, y lo que es más perdurable, afectando la credibilidad del partido socialista, perjudicando a sus candidatos, a pesar de su buena gestión y oferta para los próximos años.

No es que el discurso valorando el resultado de las recientes elecciones haya sido mendaz; lo que prueba que las decisiones del presidente del Gobierno se situaban en una realidad paralela, seguramente más errónea que mentirosa, se halla en los datos de las encuestas del CIS. No soy el único que ha escuchado a responsables del Gobierno, y de los grupos parlamentarios socialistas, valoraciones preelectorales sumamente optimistas. La autoridad de su responsable, José Félix Tezanos, se invocaba con la seguridad científica, frente a las opiniones pesimistas de viejos políticos, que no acertábamos con la nueva política.

Punto y seguido. El PSOE no desaparecerá por los malos resultados electorales como le sucedió a los partidos socialistas de Francia, Italia y Grecia. El socialismo español, y el portugués, se refundaron hace medio siglo, abrazando sin reservas la democracia formal o representativa. En las próximas elecciones la Constitución saldrá reforzada. El PSOE está concernido con esa realidad social.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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