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Italia versus Alemania: la política de una justicia retroactiva

jueves 23 de octubre de 2008, 00:02h
El Tribunal Supremo de Italia, en un fallo que levantará ampollas, ha estimado la demanda presentada por 9 familias que perdieron a sus seres queridos en la “matanza de Civitella”. En base a ello, el estado alemán deberá indemnizar con un millón de euros a dichas familias, por su responsabilidad subsidiaria en los crímenes de guerra perpetrados allí en 1944, donde 203 civiles murieron brutalmente asesinados a manos del ejército alemán. La sentencia ha sido recurrida por Alemania, quien alega que su presunta responsabilidad expiró tras el fin de la guerra, con la firma del tratado de armisticio de 1947 y de la Convención de Viena en 1961. Independientemente de defender su honor –nada tiene que ver la actual Alemania con la de Hitler del 39-, el estado alemán teme además que esta resolución judicial siente un peligroso precedente, habida cuenta de las 10.000 causas pendientes que hay en Italia por crímenes similares.

Han pasado más de 63 años desde que terminase la Segunda Guerra Mundial. Como en toda guerra, se cometieron multitud de hechos atroces, cuyos responsables no siempre llegaron a estar a disposición de la Justicia. Muchas familias quedaron en la ruina, al ver cómo sus propiedades eran expropiadas o destruidas, sin que la mayoría de ellas obtuviese una compensación adecuada. ¿Es justo? Desde luego que no. Pero en ocasiones hay que atender a otro tipo de consideraciones. Alemania pagó un elevadísimo precio, material y humano, tras su derrota en 1945. Como en toda rendición incondicional, hubo de hacer frente sin remisión alguna a lo que se le exigió tras el armisticio. Muchos de sus responsables fueron juzgados –léase Nuremberg- y condenados. Organizaciones como la fundación Simon Wiesenthal y gobiernos de medio mundo persiguieron –y aún persiguen- a los pocos criminales de guerra que aún quedan con vida. La cuestión es saber hasta qué punto los nietos han de asumir las consecuencias de las acciones de sus abuelos. Las diversas etapas de la historia han de tener su punto final, si lo que se quiere es avanzar y aprender de los errores pasados. Los cuales, por otro lado, nunca es bueno remover.
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