"Quiero combatir el racismo (...) Esto no sólo pasa en los estadios o en España, pasa en todas partes pero no todo el mundo tiene mi fuerza para decirlo", proclama el jugador brasileño del Real Madrid, uniformado ya como una suerte de avanzadilla del 'Black Lives Matter' fuera de Estados Unidos.
A los movimientos que, genuinamente, buscan cambios que disuelvan las injusticias en las sociedades les viene muy bien encontrar un hito o un personaje que fije un punto de inflexión. Porque no suelen tenerlo fácil contra el poder. Todos ellos necesitan de un trabajo silente, de construcción diaria de hegemonías, y les hace falta que una vanguardia despunte con exigencias de máximos para que la gran masa moderada conquiste los mínimos. Toda esa ingeniería es fundamental para arrancar pasos hacia adelante en la lucha. Pero, además, les urge un espaldarazo. El surgimiento de un episodio o de un individuo que aglutine a los convencidos y seduzca a un puñado de incrédulos o escépticos. Y la batalla global contra el racismo no escapa a este esquema, a este retrato, ni mucho menos.
Estados Unidos se ha erigido en el país racista más importante del planeta. La potencia norteamericana posee algunos de los episodios más funestos y bellos en la historia de esa especie de enfermedad que relaciona características sociales, culturales y de comportamiento con el color de la piel. Se trata esa percepción de uno de los muchos prismas dañados y superados por la ciencia. Tan superado que ha sido elevado hace tiempo a la categoría de mito, como el 'terraplanismo' o que las mujeres embarazadas tenga que comer por dos. Las razas biológicas no existen. No es una categoría biológica válida que sirva para filtrar a grupos de personas.
El color de la piel, el tipo de sangre o el lugar de nacimiento no determina que un grupo sea diferente de otro. La variación genética entre humanos es del 1% y según ese parámetro sí se pueden segregar grupos poblacionales. Pero hay miles diferentes, no tres o cuatro -como se afirma con las razas-. Y, para más inri, si se comparan dos grupos poblacionales del centro de África tendrán más diferencias entre sí que si se comparan grupos poblacionales de Londres, Pekín o California con grupos centroafricanos. Por ende, las razas, tal y como están ampliamente entendidas, no tienen base lógica en el color de la piel, el tipo de pelo o las características físicas. Cosa diferente ocurre con las 'razas socio-económicas'. Esa es otra historia. Artificial, construida e inventada por el hombre. Por intereses de orden nada biológico, sino político, histórico, financiero y de control.
La enfermedad racista
La Oficina del Censo de Estados Unidos tiene unos formularios con los que identifica a los pobladores de sus territorios. En esa hojas hay una clasificación racial (y racista) en la que cada individuo debe inscribirse. Estas son las categorías: hispano, asiático, blanco, indígena y negro. A las cuatro primeras categorías se las define, en el propio formulario, como "pueblos originarios" de Europa, Asia y América. A la categoría 'negro' se la define como "grupos raciales" de África. Esa diferenciación estatal cala tanto que influye incluso en la atención sanitaria o la esperanza de vida. Por eso cada cierto tiempo estallan revueltas antirracistas, que últimamente han devenido en el movimiento 'Black Lives Matter' ('Las vidas negras importan'). En esa nación la lucha contra el racismo sistémico disfrutó de hitos como la fotografía del ataúd de Emmett Till, con la parte de la cara desfigurada a la vista; la negativa de Rosa Parks a sentarse en los asientos para negros en un autobús en Alabama; o la irrupción de Martin Luther King, Malcolm X o las Panteras Negras. Ese rosario de capítulos de impacto ha alimentado la lucha a lo largo de las décadas.
En España, sin embargo, no ha habido una conflictividad ni parecida -sólo en estas últimas décadas se está afianzando la presencia de inmigrantes de otras latitudes- y la concienciación está naciendo todavía. Pocas son las escenas antirracistas y los personajes trascendentales de esta esfera que han marcado el devenir del movimiento. Por eso, de repente, los focos han señalado a Vinícius Junior, un chaval de 22 años que nació en la localidad de São Gonçalo, en el Estado de Río de Janeiro. Y que juega, con rol estelar, en el Real Madrid. La persistente e insistente persecución que le sigue en los estadios españoles -es contemplado como amenaza deportiva y como un carácter reactivo fácil de desestabilizar- se ha desmelenado como nunca en esta temporada. La de su consagración como delantero. Y, para indigestión de los que proclaman que no hay racismo en España, las algaradas en su contra se han revestido de insultos prejuiciosos relativos al color de su piel con lamentable asiduidad. Y discreto castigo, hasta ahora.
El aquelarre racista que le dedicaron en Mestalla unos gañanes, en el pasado mes de mayo -dentro y fuera del estadio-, le ha uniformado como uno de los símbolos del movimiento antirracista en todo el planeta. "No era la primera vez, ni la segunda, ni la tercera. El racismo es normal en LaLiga. La competición lo considera normal, la Federación (española) también y los rivales lo fomentan. Lo lamento mucho. El campeonato, que una vez perteneció a Ronaldinho, Ronaldo, Cristiano y Messi, ahora pertenece a los racistas", escribió, frustrado. Y como veinteañero frustrado, con la energía volcánica del que se siente herido en su esencia más personal, estalló así: "(España es) Una hermosa nación, que me acogió y a la que amo, pero que accedió a exportar al mundo la imagen de un país racista. Lo siento por los españoles que no están de acuerdo, pero hoy, en Brasil, España es conocida como un país de racistas. Y desafortunadamente, para todo lo que sucede cada semana no tengo defensa. Estoy de acuerdo". Duras declaraciones.
Vinicius, abanderado por sorpresa
A partir de ahí, como el fútbol mueve millones -de personas, votantes y de dólares-, se adhirieron a su impotencia y dolor figuras de toda esfera. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, usó el inicio de su comparecencia ante la prensa en la cumbre del G7 para defender a su compatriota del "fascismo". Gianni Infantino, jefe de la explotación multinacional llamada FIFA, se llevó las manos a la cabeza en defensa de 'Vini' y ha puesto al regateador a la cabeza de un equipo de trabajo creado para luchar contra el racismo. El jugador carioca, no en vano, es uno de los futbolistas jóvenes con más fuerza en redes sociales, lugar en el que cuenta a su masa de seguidores en decenas de millones. Sería una insensatez para cualquier institución no seguirle en esta contienda que le ha tocado desarrollar. Más aún si se atiende al apoyo que ha recibido de personalidades muy influyentes de todo el mundo.
La FIFA, la RFEF y la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol), más bien sus respectivos presidentes -Infantino, Luis Rubiales y Ednaldo Rodrigues- ya se han puesto manos a la obra. Han cruzado intereses y han acordado la organización de partidos antirracistas. El primero de ellos se ha celebrado este sábado, en el estadio de Cornellá. En Barcelona. La 'Canarinha' ha jugado por primera vez en sus más de 100 años de historia vistiendo una camiseta de color negro. El rival era Guinea. Los 22 jugadores titulares guardaron un 'minuto de silencio antirracista' antes del inicio del encuentro, en la megafonía sonó sólo música negra brasileña y guineana y la decoración del recinto ofreció un color negro salpicado de manos con el puño cerrado, rememorando el símbolo de la lucha negra estadounidense del siglo pasado. Y a 'Vini' le dejaron jugar con el número '10' de Pelé a la espalda.
"Es un momento muy importante, histórico, no solo para la selección brasileña, sino también para mí, que quiero combatir el racismo", dijo Vinicius en su atención a los medios de comunicación después de los 90 minutos de fútbol. "Espero que podamos estar muy cerca del final de eso. Sé que es difícil, pero vamos a seguir con la lucha, todos juntos, la CBF, los jugadores, todos los clubes de Brasil... Hay que seguir firme en esa lucha y, si Dios quiere, que cada vez disminuya más", añadió. Un día antes, en la previa, explicó esto: "Quiero dar las gracias por todo lo que después del episodio de Mestalla me están dando el Real Madrid, la CBF, el presidente de la FIFA. Vamos a seguir juntos hasta el final para seguir la pelea (...) Infantino ha venido al hotel para preguntarme qué jugadores podrían ayudarme. Todos juntos somos mejores. Quiero seguir para ayudar a los niños y a la gente que sufre. Esto no solo pasa en los estadios o en España, pasa en todas partes pero no todo el mundo tiene mi fuerza para decirlo. Quiero seguir ayudando a aquellos que lo necesitan".
La reacción planetaria
La productora audiovisual y plataforma Netflix ha anunciado a Vinicius como protagonista de un documental que verá la luz en 2025. Y las consecuencias de la vorágine que le acompaña como bandera antirracista no frenan. Al Valencia se le han caído millones de euros en patrocinios -la empresa de vehículos de alquiler Cazoo rompió su contrato de patrocinio colgándose de la actual reputación del club-; a los imbéciles que atacaron al jugador carioca con insultos y vejaciones de tipo racista (que pueden suponer incitaciones al odio) en los últimos tiempos se les está aplicando una penalización más acorde con la gravedad de sus acciones; y el fútbol, desde su cúpula suiza, ya se está tomando en serio el problema tanto como para imponer (que no recomendar) que los partidos se paren si hay insultos racistas, con sanciones de puntos a los clubes que dan cobijo a semejantes estúpidos.
Los primeros hitos y personajes necesarios para que el movimiento antirracista gane, de verdad, dimensión en estas latitudes ya se han establecido. El deporte más cercano a una religión pagana española ha ejercido de inesperado (o no tanto) canal. Pero queda un largo trecho, por la propia singularidad nacional -sociología, antropología y psicología- y su composición poblacional, para que este valioso empujón se traduzca en mejoras a pie de calle. En la convivencia. En que un propietario no reserve el alquiler de su casa para una piel blanca, un departamento de recursos humanos no filtre a candidatos por etnia en lugar de por preparación para el cargo o un teléfono de segunda mano no se venda más o menos rápido si la mano que lo sujeta en el anuncio es negra. Con todo, el regateador brasileño ha sembrado su semilla. Una semilla de potencial expansivo directamente relacionado con el uso que quiera hacer del altavoz que posee en Chamartín. "Histórico", como ha subrayado él mismo.