El entrenador español es el elegido para construir un equipo sólido y solidario que compita por la gloria.
La conquista de la Liga de Campeones es la tierra prometida para el Paris Saint-Germáin desde que, en 2011, desembarcaron el Estado de Catar y sus petrodólares en el Parque de los Príncipes. Desde aquel año se han gastado en fichajes 1.589,6 millones de euros, una cifra que se multiplica hasta la altura de los 2.000 millones de euros si se contemplan los salarios estelares y las primas por fichaje y renovación. Pero esa inversión faraónica y la acumulación de futbolistas de primer nivel no les ha servido más que para llegar una vez a la final del torneo continental. Fue en 2020, en el 'playoff' celebrado en Lisboa por la irrupción del Covid-19. El Bayern les derrotó por la mínima, cuando contaban con una delantera formada por Kylian Mbappé y Neymar. El gol encajado llevó la firma, casualidades de la vida, de Kingsley Coman. Un canterano del PSG que tuvo que emigrar en 2014.
La colección de nombres talentosos que han pasado por París es amplia y sobresaliente. Kevin Gameiro y Javier Pastore abrieron la espita hace 12 años. Les siguieron Thiago Silva, Zlatan Ibrahimovic, David Beckham y Marco Verratti, en 2012. En 2013 llegaron Cavani y Marquinhos, mientras que en 2014 y 2015 aterrizaron David Luiz y Ángel Di María, respectivamente. Draxler hizo lo propio en 2016, justo antes del advenimiento, en años consecutivos, de Neymar (2017) y Mbappé (2018), año en el que también compareció el legendario Gianluigi Buffon. Keylor Navas e Icardi fueron captados a continuación (2019 y 2020), antes de que Lionel Messi, Sergio Ramos y Donnarumma deshicieran sus maletas al lado del Sena.
Inversión faraónica y rosario de fracasos
Cuesta creer que con ese arsenal, con los mejores futbolistas del planeta en sus posiciones, el club no haya conocido la gloria todavía. Más aún se dificulta la comprensión de este fenómeno si se repasa la lista de entrenadores: Carlo Ancelotti (2011–2013), Laurent Blanc (2013–2016), Unai Emery (2016–2018), Thomas Tuchel (2018–2020), y Mauricio Pochettino (2021–2022). En cambio, se vislumbra en el devenir de los proyectos un elemento común que puede aportar luz: la mentalización, la motivación y el compromiso con los colores no han sido virtudes que hayan caracterizado a unos vestuarios repletos de jugadores que se saben de paso. Casi de alquiler. La inestabilidad y la ausencia de paciencia no ha permitido que el colectivo cuaje y crezca para competir con garantías y cohesión. Por ahí se ha escapado la candidatura cada año.
Especialmente problemáticos se han vuelto estos parámetros descritos en los últimos cursos. Desde la llegada de Messi el equipo parisino no ha superado los octavos de final de la Copa de Europa. En pocas palabras, la sensación de tragedia es insalvable. Tanto que el argentino ya ha puesto pies en polvorosa, retratando el cuadro con el que muchos de sus compañeros conviven durante su aventura francesa. "Fueron dos años donde yo no era feliz, yo no disfrutaba y eso afectaba mi vida familiar, en donde me perdí muchas cosas", explicó tras anunciar su partida al Inter de Miami. Definió su fichaje por el PSG como una "decisión apresurada" y nunca se le despegó la sensación de estar en casa ajena.
La tremenda rebaja de expectativas que ha supuesto la temporada recién terminada en el PSG ha provocado que Christophe Galtier sea cortado del puesto de entrenador a las primeras de cambio. Fue la apuesta que encontraron el palco catarí y el directivo Luis Campos al no poder convencer a Zinedine Zidane, que era el nombre que había pedido Mbappé para renovar. También exigió el delantero que se "afrancesara" el equipo, en busca de un mayor compromiso por la camiseta. Pero le falló la llegada de Tchouaméni y acabaron contratando a futbolistas de perfil bajo y rendimiento similar. Bajo. La juventud y la potencialidad han pasado a ser el objetivo de la directiva, en un cambio de tercio que pretende desterrar la pompa y el lujo. Han entendido los dirigentes, a fin, que les hace falta juntar jugadores con hambre de trabajar.
La esperanza en el trabajo
Y en este punto han elegido a un técnico que rima de maravilla con esa pretensión: Luis Enrique. El estratega asturiano, que era el primer candidato a suplir a Luciano Spaletti en el Nápoles campeón de Italia, es el elegido para conducir a los parisinos hacia su tierra prometida particular. Según ha publicado el diario 'L'Equipe', club y entrenador ya se han puesto en contacto, han compartido las ideas del proyecto común y han negociando, llegando a un acuerdo. Ha trascendido que Nasser Al-Khelaifi, que necesita con urgencia ilusionar a su hinchada tras el fiasco de Messi, quiere presentar al español esta misma semana. No hay tiempo que perder, claro está. Sobre todo después de que Julian Nagelsmann se levantara de la mesa de negociación con el PSG, dando un portazo estruendoso.
Tendrán que pagarle seis millones de euros a Galtier, en concepto de indemnización, y ponerse manos a la obra para cumplir con la plantilla que quiere diseñar 'Lucho'. El técnico, que ganó la Copa de Europa en el Barcelona y que ha construido la base de la selección española que llegó a la semifinal de la Eurocopa 2020 y que ha ganado la Liga de Naciones 2023, ha superado en el filtro decisivo a otros técnicos que sondeaban los franceses, como el italo-brasileño Thiago Motta, Xabi Alonso -de sensacional trabajo en el Bayer Leverkusen-, el argentino Marcelo Gallardo y el portugués Sergio Conceiçao. Doha ha decidido y espera que esta vez sea la vencida. Queda comprobar si tienen la paciencia suficiente para dejar trabajar a un preparador de cocción lenta. Capaz de elevar el techo de sus plantillas.
De confirmarse la contratación, el asturiano habrá de mostrar su mejor versión en cuanto a la gestión de talento juvenil. Tendrá mimbres para construir un escuadrón potente desde lo físico, aunque todavía muy desordenado. 'Vitinha' (22 años), Nuno Mendes (20 años), Renato Sanches (24 años), Nordi Mukiele (24 años), Hugo Ekitiké (20 años) o Warren Zaïre-Emery (16 años) son algunos de los peones que tendrá a su disposición para germinar una obra colectiva a la que podría añadirse más pólvora, pues se está insistiendo en Francia en la ofensiva que Catar está desplegando en torno a la firma de Harry Kane. Eso sí, también está sujeto el ecosistema a sufrir un terremoto: la continuidad de Kylian Mbappé no está asegurada.