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POLÉMICA

Los bandazos de Sánchez con el feminismo y la ley del sí es sí para contentar a socialistas y podemitas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Foto: EFE)
EL IMPARCIAL
martes 20 de junio de 2023, 11:09h
Actualizado el: 20/06/2023 13:01h
Tras alabar el ministerio de Irene Montero por su ley "pionera" como un "hito histórico" para los derechos de las mujeres, ahora repudia el feminismo de "confrontación" de Podemos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a mostrar su capacidad para retorcer el discurso político hasta el extremo y la contradicción, en la presuposición de que la ciudadanía carece de memoria. En este caso, la materia ha sido el feminismo, donde los bandazos presidenciales han resultado especialmente vergonzosos.

Asuntos como la ley del sí es sí han recorrido la legislatura de los socialistas junto a Podemos. ¿Qué ha ocurrido para que Sánchez pase de hablar de “hito histórico”, “ley pionera, a la vanguardia” y equipare el texto legislativo impulsado por el Ministerio de Igualdad con la ley del matrimonio homosexual de Zapatero a comentar, este mismo lunes que ha habido retrocesos, discursos feministas “de confrontación”, y que es necesario un “nuevo movimiento social integrador” en torno al feminismo?

Sánchez entregó la cartera de Igualdad a Irene Montero por considerarla de menor rango y a condición de dejar los ministerios “importantes” a los socialistas. Entrelíneas, fue lo que reconoció en la entrevista para Onda Cero que concedió este lunes. Lo importante era asegurar que hubiera socialistas en los ministerios clave como Hacienda, Transición Ecológica o Seguridad Social.

El feminismo era un tema menor y “fácil”, un activo electoral, que fue enrareciéndose a medida que transcurría la legislatura. La ley del sólo sí es sí fue uno de los primeros asuntos divisorios entre el socialismo y el podemismo. Mucho antes de que los violadores vieran reducidas sus condenas, la ley, que entonces se llamaba “de libertades sexuales” fue motivo de trifulca entre el Ministerio de Montero y Carmen Calvo, entonces vicepresidenta del Gobierno y partidaria de un feminismo más clásico frente al feminismo posmoderno de Irene Montero et allia.

Las distintas tendencias del feminismo académico estaban sobre la mesa del Consejo de Ministros y, ya para entonces, se habían roto los consensos dentro de la izquierda y divido políticamente al movimiento feminista.

Fue antes del sonado 8 de marzo de 2020 cuando la parte socialista del Gobierno filtró a la Cadena Ser el borrador de la ley que había preparado Igualdad para que se airearan las faltas de ortografía y la debilidad en materia jurídica que presentaba. La pandemia borró este incipiente enfrentamiento.

Finalmente, el texto fue aprobado en Consejo de Ministros y recibió los superlativos elogios de Sánchez. Hasta que la evidencia demostró que la ley rebajaba las condenas a los agresores sexuales, ya que elimina el factor de la violencia como agravante.

Tras semanas de informaciones sobre centenares de violadores que veían rebajadas sus condenas o incluso salían a la calle, el socialismo reculó y la ministra de Justicia, Pilar Llop, tomó las riendas de una reforma legal para retomar el modelo anterior –la violencia como factor agravante- que tuvo que apoyarse en el Partido Popular para poder salir adelante en el Congreso.

La ley Trans o el debate sobre la abolición de la prostitución han sido otras dos de las grandes brechas que se le han abierto al feminismo.

La ley Trans fue aprobada en el Congreso de los Diputados tras un intenso debate en el seno del feminismo entre las tendencias partidarias de la autodeterminación de género y el llamado por sus críticos “feminismo transexcluyente”, que hace hincapié en la mujer como sujeto del feminismo.

En cuanto a la abolición de la prostitución, el debate también ha estado servido dentro del contexto de la izquierda y la ley sigue estancada en el Congreso de los Diputados.

Con todas las encuestas en contra, a Pedro Sánchez no le apetece encarar estos debates espinosos. Incluso dejaba un guiño a lo que el activismo feminista llama los “cuñados”, hombres de mediana edad que rechazan el marco mental de los postulados feministas.

“Hay un ciudadano, mayoritariamente de hombres entre 40 y 50 años que han visto algunos discursos que han sido incómodos hacia ellos. Y creo que eso es un error. Hay que interpretar el feminismo como un movimiento integrador”, decía Sánchez.

Las declaraciones se producen en un contexto electoral, con la ministra de Igualdad ya caída en desgracia a manos de sus excompañeros de Sumar. Sin embargo, en su día Sánchez prefirió que cayera Carmen Calvo a que lo hiciera Irene Montero, puntal del poder de Podemos en el Gobierno.

El presidente, sin embargo, no lo tendrá tan fácil en sus guiños al voto de esos “amigos” de “entre 40 y 50 años”. La vicepresidenta Yolanda Díaz se ha mostrado partidaria del feminismo de “confrontación”, como lo definía Pedro Sánchez. “Es un movimiento intelectual que camina y cuestiona la sociedad. Nos cuestiona a las mujeres y a los hombres. Por esto es incómodo”, ha dicho Díaz.

La postura de Sánchez sobre el reproche de Díaz será, como suele ser habitual, la que más le compensa.

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