Chávez tiene miedo
viernes 24 de octubre de 2008, 01:08h
Venezuela se prepara para las elecciones regionales y municipales del próximo 23 noviembre y, en vista del evento, el presidente Hugo Chávez ha decidido entrar con fusta en la campaña, considerando la votación como un posible nuevo examen para su gobierno que, según los últimos sondeos, estaría perdiendo una cuota sensible de popularidad en algunas zonas del país.
El próximo 23 de noviembre, casi 17 millones de venezolanos acudirán a las urnas para elegir a 22 gobernadores, 328 alcaldes, además de 233 legisladores regionales de entre 4.950 candidatos. Por miedo a una nueva derrota electoral, como sucedió en el pasado referéndum, Chávez ha decidido participar activamente en la campaña electoral, dejando entrever su nerviosismo a la hora de criticar duramente a sus opositores. Conforme a su estilo político, no precisamente sobrio o ponderado, el actual mandatario ha calificado de “golpistas, mentirosos y ricachones” a los candidatos opositores que aspiran a las alcaldías y gobernaciones del país. Además, el caudillo venezolano reiteró sus acusaciones de que, si que si los opositores obtienen esos cargos, trabajarán para “derrocar” a su Gobierno en 2009, al mismo tiempo que declaraba la necesidad de una “victoria del oficialismo”.
Chávez parece consciente de que una nueva derrota interna afectaría a su imagen internacional y, sobre todo, a su poder nacional. De hecho, no cabe duda de que el presidente venezolano, que nunca ha mostrado particular “aprecio” por las reglas democráticas, sabe que una derrota en las urnas representaría un duro golpe a su proyecto político y le obligaría a una reflexión a la que no parece especialmente proclive. El temor a un posible paso en falso del oficialismo es evidente en la actitud asumida por Chávez, que no pierde ocasión para descalificar sus adversarios (presentándolos como dispuestos a “llenar el país de sangre” y asegurando que “desprecian y sienten por el pueblo ese mismo odio”) y abusar del poder presidencial, retransmitiendo los actos de campaña en los que promueve a sus candidatos. Nunca en el pasado el Presidente había dedicado tanto tiempo en promocionar a sus candidatos y en mostrar la victoria de su gobierno como necesaria para la continuación del proyecto bolivariano.
A complicar los planes de Chávez podría influir la caída del precio del petróleo que, a pesar de las optimistas palabras del Presidente, afectará probablemente al crecimiento económico del país. De hecho, la caída de los precios del crudo ya ha provocado que el gobierno venezolano se vea obligado a apretarse el cinturón, poniendo en duda la viabilidad de las políticas sociales y su apoyo a los gobiernos del ALBA y Petrocaribe. Por eso, los representantes de la oposición política han acusado al actual presidente de dilapidar los cuantiosos recursos provenientes de la bonanza petrolera de los últimos años, por lo que el Gobierno carecería de los ahorros necesarios para enfrentar una crisis económica.
El actual mapa político nacional, dominado de momento por el “chavismo”, podría salir alterado en los próximos comicios: unas urnas desfavorables podrían finalmente limitar la capacidad del Presidente de avanzar en su discutible “agenda política”, enfrentándole a la realidad nacional y la exigencia de tener que adoptar cambios significativos y sustanciales en su acción política. Es un dato manifiesto que la oposición en Venezuela se ha fortalecido, aunque, en un régimen autocrático como el de Chávez, es difícil apreciar sus avances o verlos reflejados en el terreno electoral. Sin quitar importancia a las elecciones, la eventual derrota de Chávez le afectaría más moralmente que de forma efectiva, ya que el Congreso no sufriría cambios. Finalmente, una nueva actitud del Gobierno se podrá apreciar sólo después de las elecciones y no antes, por lo que el riesgo de que Chávez intente engañar a su pueblo una vez más y pase por alto a una nueva derrota es muy alto.