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Novela

Sheng Keyi: Frutos salvajes

domingo 02 de julio de 2023, 22:34h
Sheng Keyi: Frutos salvajes

Traducción de Miguel Sala Montoro. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2023. 365 páginas. 24,5 €.

Por David Almazán Tomás

Frutos salvajes es la primera novela de la escritora Sheng Keyi que se publica en España, traducida directamente del chino por Miguel Sala. Sheng Keyi, que este 4 de julio cumple los cincuenta años, es una novelista formada como periodista que sabe describir la condición humana de una manera magistral. Frutos salvajes tiene algo de material autobiográfico. La novela describe las vidas de los distintos miembros de tres generaciones de la familia Li. Se narra desde la perspectiva de Li Xiaohan, una joven muchacha nacida en la provincia meridional de Hunan, que consigue salir a estudiar periodismo en Pekín. También Sheng Keyi es de una pequeña localidad de Hunan y estudió para ser reportera en una universidad de la capital del país.

La novela, escrita en 2015, es una excelente radiografía de la República Popular China desde los tiempos de Mao al presente. Este marco cronológico es uno de los principales atractivos de la novela, pues permite adentrarnos con perspectiva histórica en la sociedad actual de China, una nación cuyas grandes cifras ofrecen datos de tal magnitud que nos cuesta digerir. Al tiempo que uno disfruta de una prosa descarnada de gran calidad, Frutos salvajes es un buen libro para conocer China de una manera directa y lúcida. La novela te enseña como vive la gente corriente. Aquí no hay burócratas del partido ni empresarios sin escrúpulos, sino el pueblo llano que tiene como aspiraciones cosas tan sencillas como comer un buen plato de panceta con guindillas picantes. La autora tiene una gran capacidad para acercárnoslo todo.

En la novela hay crítica y denuncia, pero aparece mezclada como parte de la cotidiana. La rabia, impotencia y resignación ante el abuso de poder marca la biografía de gran parte de los personajes. Así se ve en las mujeres obligadas a abortar por incumplir con la norma del hijo único, en una arbitraria condena judicial o en la extorsión de los centros de detención contra los emigrantes (nacionales) indocumentados en las ciudades. Todo se cuenta a pie de calle.

Este enfoque permite retratar a una notable galería de personajes de carne y hueso. El repertorio masculino es deplorable: hay viejos patriarcas machistas de las generaciones pasadas; hay crápulas, ludópatas y vagos de los de todos los tiempos; hay jóvenes rebeldes, desustanciados y fanfarrones. Las mujeres mueven el mundo. Son ellas las que organizan la familia, las que sacan las castañas del fuego, las que tratan de salir hacia delante. Las estrategias para progresar son varias: deslomarse en la máquina de coser; emigrar a una gran ciudad y buscar trabajo en un garito de mala reputación; o la opción de nuestra protagonista, lograr aprobar los exámenes de ingreso en una universidad. El mosaico de los distintos modos de vida, muy marcados por edad y género, se articula básicamente en torno a los miembros de la familia de la protagonista, Li Xiaohan.

Esto es un pequeño problema para el lector, poco acostumbrado a los nombres chinos. A pesar de que el libro dispone de un esquemático árbol genealógico, el lector despistado puede confundir a Li Xiaohan con Li Xinhai, Li Jianxu, Li Shunqiu, Li Chuntian, Li Xiazhi o Li Xianxian. Es un pequeño esfuerzo que merece la pena superar por la garra de la prosa de la autora. En China el apellido se antepone al nombre, lo mismo que a los intereses de la familia deberían anteponerse a las aspiraciones personales. Si bien se percibe un creciente individualismo, la familia se presenta como el gran aglutinante social. La novela se ilustra en su portada, con fortuna, con un cuadro del pintor Chen Shuzhong que evoca las grandes aspiraciones agrícolas que había cuando todos los chinos llevaban en las manos el Libro Rojo de Mao.

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