“Bueno, a mí me llaman fascista”, ha dicho la presentadora ante las quejas del presidente por las acusaciones de ser un “golpista” o un “filoetarra”. “Usted tiene un plató en el que poder responder", ha sentenciado Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se encuentra embarcado en una larga gira mediática para tratar de dar la vuelta a las encuestas que le sitúan por detrás de Alberto Núñez Feijóo en las próximas elecciones generales.
La televisión se ha convertido en la fórmula preferida de los asesores de Moncloa, que tratan de sacar partido de la telegenia y el don de gentes del presidente del Gobierno. Pero en esta ocasión, Ana Rosa Quintana ha puesto a prueba la propia paciencia de Sánchez, al que los espectadores han podido ver nervioso, cariacontecido, atropellado y escudado en el victimismo, ante el aluvión de preguntas, repreguntas e interrupciones de la popular presentadora.
Sin duda, no era un plató cómodo para el presidente, que era consciente de dirigirse a un público que no le guardaba una especial simpatía, ante una conductora veterana que lo ha fustigado en numerosos editoriales.
“Mire”, ha dicho Ana Rosa blandiendo un generoso taco de papeles, “son todos los editoriales que he hecho sobre usted, puede entregarlos a sus asesores para que los lean. Verán que no hay insultos”.
Pero Sánchez venía decidido a tirar de victimismo. En opinión del presidente, el problema es que los medios de comunicación conservadores, las tertulias, han creado una imagen falsa de su gestión, lo que llaman “el sanchismo”.
"Se ha llegado a decir que soy un golpista. Incluso que soy un filoetarra”, ha dicho, en un discurso donde una y otra vez se ha repetido la idea de la distinción entre las opiniones y los hechos. Le llaman “soberbio”, le llaman “prepotente”, le llaman “obseso del Falcon”.
Pero Ana Rosa ha contraatacado asegurando que el presidente tiene que hacer frente a las críticas y que a ella la llaman “racista, xenófoba o fascista".
“¿Sabe lo que ocurre, Ana Rosa?”, ha contestado el presidente, “usted tiene un plató, un programa de televisión en el que puede responder a estas cosas”.
En la entrevista que ha concedido en su programa de Telecinco, Sánchez ha respondido que "se han sobrepasado todas las líneas rojas". Además, el jefe del Ejecutivo ha añadido que "se ha dicho que Sánchez, o sea yo, soy un obseso del Falcon, soy un soberbio, soy un prepotente, un presidente elegido democráticamente".
"No he mentido", se defendía Sánchez, frente a las constantes interrupciones de Ana Rosa, "Mentir es el 11-M, acusar de ese atentado a ETA", ha recalcado, "o atacar a un país por tener armas de destrucción masiva y que no sea así".
Los pactos también han sido motivo de trifulca: “Se ha dicho que yo gobierno con Bildu y no es cierto”, ha dicho, el presidente, “una cosa es gobernar y otra es pactar, que es firmar un acuerdo de investidura”.
“Bildu ha pactado determinadas leyes en el parlamento, no gobierna con nosotros”, ha manifestado ante la insistencia de la presentadora, “o hay un gobierno socialista o uno ultraderechista”.
El encabalgamiento entre preguntas y respuestas ha sido una constante a lo largo del extenso minutaje de la entrevista. Asuntos complejos como la política exterior, la relación con Marruecos, la ley del sólo sí es sí, se entrecruzaban en medio de referencias y supuestos para entendidos en los asuntos a tratar.
En definitiva, una entrevista bronca en una campaña donde el presidente del Gobierno trata de presentarse como víctima de los medios de comunicación, a la par que los acusa de ultraconservadores y trumpistas, una estrategia pasivo-agresiva que ha naufragado ante el insistente, casi irritante fustigamiento de Ana Rosa Quintana.