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TOROS

Crónica taurina. Feria de San Fermín: sin trofeos, pero con mucho toreo

Crónica taurina. Feria de San Fermín: sin trofeos, pero con mucho toreo
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(Foto: Efe)
sábado 08 de julio de 2023, 09:03h

La plaza rebosa de gentío y ruido. Chispea la lluvia. El tercer festejo de la feria contaba con seis toros de La Palmosilla: de distintas edades, pero de hechuras muy serias, lucían las palas muy abiertas y amenazadoras. Hace pocos días un ejemplar de esta ganadería mató a la yegua del ganadero. Los toros se enfrentaron con toreros sabios, cuajados en tardes difíciles: Rafaelillo, Manuel Escribano y Leo Valadez. A los bichos se picó muy poco, comparando con el vivo recuerdo de Las Ventas, donde es costumbre acabar con el toro en el primer tercio.

Rafaelillo hizo su segundo paseillo esta temporada. ¿Qué mal ha hecho este diestro? Cumplió en San Isidro pasado como él que más, pero… Es una muestra más de que los méritos no son nada o muy poco para este mundillo “taurómaco”. Escandalito (1º 1/19) fue un torito para hacerle cálculos algebraicos y geométricos en busca de la embestida. Agravada esta condición por su poca franqueza, Rafaelillo más que torear es obligado a sortear los derrotes, cabeceos y otras maldades. Aún así Rafael Rubio se las ingenia para hacer una faena íntegra, sincera, de dominio. Agarra el pitón y ahorma la mala cabeza del animal con un macheteo. La espada entera y el toro rueda sin puntilla. El bizco Mirlón (4º 10/17) iba dominado desde primer vuelo de la pañosa: Rafaelillo lo llevó a los medios donde contemplamos un despliegue de largas y ligadas tandas adornadas con desplantes escalofriantes: en un momento no contento con tocarle pitones, el matador cogió al astado por la cepa del pitón. Silueteó unos pases al natural que paraban el tiempo. A la segunda llegó la estocada que dobló al toro. El público de cachondeo. Sin trofeos.

Escribano con su gran sonrisa hizo el quite al primero por chicuelinas y cuando llegó el turno de su Histórico (2º 1/18) le citó a porta gayola: aguantando prendió al bicho con un fino capotazo y lo llevó a dónde quería. Leo Valadez hizo un quite por navarras y Escribano puso tres pares reunidos, destacando el tercero al quiebro y al violín. El astado tenía algún secreto para recargar las pilas, no sé si paneles solares o la energía eólica, pero no paraba de correr. Abrumó a todos con su movimiento constante, menos a Escribano que lo aprovechó y armó una faena con tandas ligadas, pases cambiados y redondos bien rematados. Cierra por manoletinas desafiando al público ausente. Si no hubiera sido por la espada… Aspirante (5º 12/18) también pasó por la porta gayola, pero se puso muy marrajo en el tercio de banderillas: corría sin tino, acelerando mucho, emborronando pares. Escribano se sobrepuso: citó de rodillas y remató con un par de palos por los adentros consintiendo al astado. Aprovechó la mejor embestida de su contrario hasta que éste no comenzó a gazapear. Muchas tandas de mano firme, no rematadas por la espada como merecían. Las bernardinas de remate fueron un alarde de valor. Un aviso.

Leo Valadez se las vio con Opíparo (3º 10/17) que llevaba a cuestas cinco años y medio. Un señor. Mejor dicho hubiera sido un señor toro, si no hubiera sido tan manso. Se quitó la vara, recorrió el ruedo, y con estas mañas se quedó apenas picado. Leo no pierde la oportunidad de lucir: el quite por zapopinas, tercera de rodillas y una media de las que no se olvidan. Sin perder un segundo, el toro queda persiguiendo la muleta guiada por la mano firme de Leo Valadez. El astado mueve la cabeza como un poseso: a gañafones, cabezazos y tarascadas. Todo esto a velocidad de vértigo. Valadez lo va ahormando, consciente del peligro cierra la faena con manoletinas de rodillas. Muy ceñidas. El acero bajo. Carafeo (6º 1/19), un torazo con sus 610 kilos, se acopló a los lances aterciopelados del matador. Tenía intención, pero se deslizaba detrás del capote, acusando la flaqueza. El quite por la espalda con oro del capote abrochado por una revolera podría cualquier público de pie. Mas estamos en Pamplona. No se puede pedir imposibles. Comienzo muy atrevido de rodillas que casi costó un percance. Valadez tiene el don de ver al toro y calcular las alturas y ritmo para que saque lo mejor de sí. Posee el conocimiento y el temple: la faena con pases sin enganchar por ambas manos con cambios de mano oportunos. La espada de esmerada ejecución entró hasta las cinchas, pero su efecto lento, quizá por desprendida, se hizo esperar: sonó un avisó y el descabello llegó a la tercera.

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