Los seis toros procedentes de Cebada Gago resultaron seis marrajos: mansos de solemnidad, si recargaban algo en el caballo fue por estar la cabalgadura en contra-querencia. De varias camadas, pero de juego igual de malo. No hace falta decir que las lidias resultaron complicadas. Aún así, se destacaron en brega o con los rehiletes Curro Javier, Juan Carlos Rey y Jesús Robledo “Tito”. Los diestros, Adrián de Torres, Román e Isaac Fonseca, hicieron lo posible para no defraudar y sacar algo del pozo seco que les ha tocado en suerte. Los toros por ser tan mansos deberían haber recibido un tercio de varas más ajustado a su mala condición, pero los diestros optaban por disminuir el castigo.
Adrián de Torres, clásico, elegante, consciente de su toreo caro, citó a Delantero (1º 3/19) con el capote, pero el morlaco aterciopelado salía suelto. Ni con el bello quite por chicuelinas salió algo más aliñado ni varió su condición de manso: arremetió contra los de a pie en vez de arremeter contra la cabalgadura. Otro quite de frente por detrás, pero el morlaco sigue en sus trece. Torres le cita en los medios con pases estatuarios ceñidos, y prosigue con las tandas largas, ligadas y limpias que pueden con el astado. A la cuarta tanda del toro sólo quedan cuernos y violencia. Torres porfía en prolongar la faena sin el contrario. No puede ser: desluce lo hecho anteriormente y complica la hora de la verdad. La estocada aguantando entró casi entera, pero perpendicular. Un aviso. Se alarga la agonía. La faena de Chillón (4º 5/18) tuvo el comienzo espectacular: Torres se plantó de rodillas en los medios y el astado embistió buscando los alamares de su vestido. La faena, de planteamiento parecido a la anterior: las tandas largas, de mucho aguante y de mucho valor porque el toro se vencía metiéndose por dentro como remate de cada tanda. Mucho riesgo y mucha exposición. La espada llegó a la tercera, ciando el diestro lo apostó todo: el pitón le rozó la yugular. El efecto inmediato.
Román se ve bien y está mejor. Desde su paso por Las Ventas no bajó la guardia y estuvo acertado y firme con su lote que dejaba mucho que desear… Con Formalito (2º 3/19) Román iba detrás de él desde el primer capotazo hasta el último tercio. Román logró limar las asperezas y violencias ya en la segunda tanda, pero el toro se paró mirando fijamente la camiseta de Osasuna , que había sido dejada en el ruedo a la hora de brindar, y la faena se vino abajo. Seguro que Formalito era del Betis. La estocada hacía guardia, el descabello preciso puso fin a la obra. ¡Menudo sujeto fue Perezoso (5º 4/19)! Román hizo una faena porfiada, larga, agotadora, buscando pases y embestidas inexistentes. El manso no se prestaba a nada que se opusiera entre él y la puerta de los chiqueros. La mano baja, dominadora, silueteó tandas inolvidables por el mero hecho de que nadie creía que toro daba para tanto. Román se sobrepuso al morlaco con creces: un desplante de rodillas, un molinete… una pena que la espada fue defectuosa.
Caminero (3º 11/18), destinado para Isaac Fonseca, tenía mal genio: para cada embroque guardaba un cabezazo. Recorría la plaza a gusto, Fonseca le busca y le embarca en unas chicuelinas abrochadas por dos bellas medias. Desde el primer muletazo el torete buscaba las cercanías. Fonseca resistía y quería descifrar las alturas y distancias donde tenía su enemigo la buena embestida. ¿Acaso la tenía? Ha sido una faena laboriosa: el matador tuvo que resistir derrotes, no dejarse desarmar, ajustar las distancias perdiendo pases… Al final, la inteligencia y ánimo pueden con todo: un desplante y la espada metida hasta las uñas. Una oreja.Cantarero (6º 2/18) fue otro “regalo”. Fonseca, a pesar de estar todavía convaleciente de una cornada, le saluda con dos largas cambiadas de rodillas. El brindis dirigido a las autoridades de México que usan la ideología animalista para cerrar las plazas a su gusto, seguido por otro al público dio comienzo a una obra de entrega y mucha inteligencia torera. Pasó al bicho por la espalda citando de rodillas y ganó la atención del público que es casi una misión imposible. Ajusta los tiempos al marrajo, le concede todo, calcula con esmerada precisión los pases que puede conceder y “va a por tós”. Vence los gañafones y cierto gazapeo, cambia de terrenos para conseguir una tanda limpia sin un solo enganche. Los desplantes de adorno y una estocada entera. La Puerta Grande.