Premios Príncipe de Asturias
sábado 25 de octubre de 2008, 01:12h
Desde su nacimiento en 1981, los Premios Príncipe de Asturias constituyen un evento académico internacional de primer orden, no sólo por la categoría de los premiados, sino también por la composición de sus jurados. Los galardones pueden recaer en personas, instituciones o grupos de trabajo de todo el mundo, cuya notoriedad haya quedado patente en alguna de las 8 siguientes categorías: Artes, Deportes, Ciencias Sociales, Comunicación y Humanidades, Concordia, Cooperación Internacional, Investigación Científica y Técnica o Letras. La lista de premiados a lo largo de estos años da una idea del enorme prestigio de estos premios: Stephen Hawking, Hussein de Jordania, Luís María Ansón, Camilo José Cela, Nacional Geographic Society, Antonio Domínguez Ortiz o Paul Krugman –flamante Nobel de Economía en 2008- son sólo algunos de los ilustres nombres que engrosan la nómina de celebridades galardonados en años anteriores.
Y como en todas las ediciones, este año ha habido quien ha acaparado más atención, por motivos bien diversos. Quizá los más populares hayan sido Rafael Nadal, actual “número 1” del tenis mundial, e Ingrid Betancourt, quien a buen seguro firmaría gustosa permanecer en el anonimato con tal de no haber padecido el suplicio de su secuestro a manos de las FARC. Como curiosidad, Google, algo que empezó como un portal de búsqueda de contenidos en internet, y que hoy en día ha adquirido una dimensión universal. Y otros que no suenan tanto, pero cuya impagable labor luchando contra la malaria en Africa - Ifakara Health Research and Development Centre, The Malaria Research and Training Center, Kintampo Health Research Centre y el Centro de Investigação em Saúde de Manhiça-, llevada a cabo con tanta discreción como dedicación, les hacen merecedores de éste y muchos premios más. En cualquier caso, si hay una constante durante cada edición, no es otra que el reconocimiento general a quienes obtienen en premio. Lo que no es poco, habida cuenta de la polémica que en ocasiones rodea la concesión de un determinado galardón –véase los Nobel, sin ir más lejos-. Por un día, España puede vanagloriarse de tener a los mejores del mundo en prácticamente todo. Todo un orgullo.