www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

¿Tiene sentido la realidad? Sobre el principio de razón suficiente

sábado 15 de julio de 2023, 20:13h

  1. No hay otra pregunta más importante que esta, sobre todo para la vida personal. Juan Ramón Calo se la formula ahora, cuando acaba de jubilarse y sin el calorcito de la profesión que tanto amaba. Nunca necesitamos más la respuesta a las razones de nuestra existencia que cuando entramos en crisis nosotros mismos por cualquier motivo. Nos acordamos más de Santa Bárbara cuando truena, pero cuando todo es apacible y funciona parece irrelevante andar buscándole los tres pies al gato.
  2. Pero ¿podemos saber que todo, incluyendo la propia vida, debe de tener una razón suficiente para que sea así y no de otra manera, o en otras palabras, que todo en ella tiene una explicación suficiente?, ¿cómo alcanzaríamos a saber que algo pueda existir con una existencia verdadera si no hubiera, al menos para nosotros, una razón suficiente o una causa para sea así y no de otro modo?, ¿tendrá todo lo que sucede y me sucede una razón suficiente para que sea tal y como es?, ​¿o acaso las razones suficientes de las verdades mutables serán siempre en gran medida desconocidas para los humanos, tan limitados como lo somos, a veces incluso tan soberbios como para pretender con nuestra pobre dotación psicofísica dar cuenta y razón del más allá absoluto?, ¿se debe la aparente incompresibilidad de los eventos que a primera vista parecen azarosos o contingentes a que no disponemos ni jamás dispondremos de un conocimiento completo de los mismos? En definitiva, ¿se podría agradecer la vida con gratuidad, sin filosofías, aceptar la existencia como un regalo sin más, cuyo sentido se desplegará al final de nuestras vidas?, ¿habría en caso contrario que rechazar la existencia de todo fundamento, incluso del divino, como fundamento de esa gratuidad?
  3. Nada acontece sin una razón por la cual sea mejor que algo que es no sea. No todo lo posible existe, pues para que lo contingente pase a ser necesario se precisa una razón suficiente al efecto. Todas las verdades de hecho serían verdades de razón (capaces de dar razón de los hechos) si pudiéramos someterlas a un completo análisis. La vida ha de tener alguna razón suficiente que la explique, aunque no logremos dar con el quicio de su fundamento. La razón excluye a la sinrazón, no hay cambalache; sin el principio de exclusión sería imposible el principio de razón suficiente. La razón suficiente de una verdad necesaria hace que su negación sea una contradicción, la cual se manifiesta de forma negativa (“nada existe sin una razón”), o afirmativa (“todo ser tiene razón por el hecho de ser”). Los eventos que parecen azarosos o contingentes han de tener en última realidad una explicación suficiente, su aparente incompresibilidad se debe a que no disponemos de un conocimiento completo de los mismos. ​
  4. Dicho esto, sólo Dios -el ser necesario- sería la razón suficiente de todo. Dios no jugaría a los dados con la realidad por él creada (si no la hubiera creado no sería su Señor), sino que es principio suficiente de plenitud que no vaga perdido por los espacios siderales ni regido por el azar. Nada acontece sin la posibilidad de una mente omnisciente capaz de dar razón plena de por qué algo acontece más bien que no acontece. Dado que las razones suficientes de las verdades contingentes son en gran medida desconocidas para los humanos, solo Dios tendría acceso a las mismas. Sin Dios, el universo carecería de una explicación final.​
  5. Dios no habría creado nada que no tuviese una razón suficiente para preferir lo menos perfecto a lo más perfecto, y por eso vivimos en el mejor de los mundos posibles. Si no hubiera la mejor realidad posible, Dios no habría creado nada, pues no puede obrar sin una razón ni preferir lo menos perfecto a lo más perfecto. ​ Sólo el principio de razón suficiente es la razón de todo fundamento, y Dios es el último principio y fin de esa razón suficiente. El principio de razón suficiente va de este modo asociado al “nada se hace a partir de nada”.​
  6. Mas ¿cómo explicar el mal que inunda el mundo por los cuatro costados? Dios permite incluso el mal que los humanos no comprendemos, porque lo conoce y sabe cómo desactivarlo cuando Él lo considere necesario. Quien cree en Dios confía en Él a pesar de todos los pesares, por incomprensibles que éstos fueren.
  7. La alternativa a este planteamiento sería que Dios no existiera, y entonces todo funcionaría entrópicamente, de mal en peor, degradablemente, apagándose como la escoria de una fragua. Negar el principio de razón suficiente lleva al escepticismo extremo, al absurdo, y dificulta el sentido de la vida racional: no habría razón para esto, ni para eso, ni para esto otro, ni para nada, todo estaría permitido. Los hechos serían meros hechos mostrencos carentes de inteligibilidad, estarían ahí, mostrencos, pero incognoscibles para nosotros. Sin razón suficiente, el mundo no pasaría de ser un hecho bruto no explicable por nada ni por nadie, y menos aún por los hechos brutos mismos. ​ Los hechos serían “en sí”, pero las razones “para nosotros”, dos reinos infranqueables e intrasvasables sin mediación posible entre ambos. Las cosas serían amorfas intelectivamente.

A un mundo semejante podríamos llamarle caos desordenado, pero no cosmos armónico.​ Si también Dios fuese el último hecho bruto supremo, un​ hiper-caos sin razón suficiente, si no existiera un Explicador final, entonces no resultaría lógica ni conceptualmente posible ninguna explicación coherente de ninguna naturaleza. Este principio de indiferencia o principio de razón insuficiente indicaría que puede no haber razón suficiente para inclinarse en favor de una opción más bien que otra u otras, que no hay verdades contingentes, y entonces, como el asno de Buridano, no sabríamos elegir entre dos montones de heno, por lo cual terminaríamos muriendo de inanición. Alguien que tenga una buena razón para elegir A o B, pero ninguna para hacer elegir uno de ellos en lugar del otro, elija arbitrariamente o a ciegas en lugar de no hacer nada.

  1. Contra semejante principio de razón insuficiente, según el cual no hay una buena razón por la que el estado actual del universo sea tal como es, hay un segundo principio, el principio de razón determinista, según el cual el universo estuvo completamente determinado en todos sus detalles desde el principio hasta el final durante todo el tiempo, y por tanto el determinismo entendido como el único adalid del auténtico principio de razón suficiente diría así: “Nada procede del azar, sino de la razón necesaria, por necesidad”. Ambos, tanto el principio de razón insuficiente como el principio de razón determinista, rechazan el principio de razón suficiente, caen en un escepticismo extremo, y sólo podrían moverse dentro del absurdo, con la subsiguiente dificultad para vivir la vida en un contexto no mecánico. Alguien que tuviera una buena razón para hacer A o B, pero ninguna razón para hacer uno de estos en lugar del otro, seguramente elegiría cualquiera de ellos arbitrariamente en lugar de no hacer nada, pero de forma meramente probabilística. En cualquier caso, las razones suficientes de las verdades contingentes son en gran medida (y a veces totalmente) desconocidas para los humanos.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios