El delantero francés ha sido apartado por el club parisino, que busca una venta a la desperada. En Chamartín esperan con calma.
El París Saint-Germáin disputó este viernes su primer partido de pretemporada. El capítulo inicial de la era de Luis Enrique como patrón de un barco que busca, de forma obsesiva, conquistar la Liga de Campeones. El técnico asturiano, que todavía está en proceso de comprender el perfil de jugadores que tiene entre manos, alineó a todos los fichajes disponibles. También dio la alternativa a un fenómeno de la cantera local llamado Ethan. Le hizo entrar al partido frente al Le Havre en el intermedio, sustituyendo a Manuel Ugarte, un centrocampista que les ha costado 60 millones de euros en este mercado de fichajes. Y el chaval de 16 años tuvo el placer de jugar con su hermano, que compareció en el minuto 66. Su hermano responde al nombre de Kylian Mbappé.
El delantero más cotizado del momento jugó el tramo final del encuentro a pesar de llevar sólo cuatro días de entrenamientos. El estratega asturiano cuenta con él, por eso le dio lugar en la dinámica desde el primer día. Sabe que por su continuidad en el vestuario pasan muchas de las opciones de su proyecto en Francia. Así que le metió en cancha para que ganara sensaciones y éste le agradeció el gesto anotando un gol en el tiempo de descuento. Y el atacante lo festejó como siempre: con una actitud feliz, sin demasiados gestos teatrales. Normalidad total. Además, estaba encantado por haber jugado por primera vez con su hermano pequeño en el profesionalismo. Así lo hizo saber al terminar el partido. Todo iba sobre ruedas.
Pero horas más tarde la cúpula del PSG filtró que iban a dejar a Kylian en tierra. El equipo tenía comprometida una gira asiática por la que Japón les iba a pagar 20 millones de euros, así que se anunció la lista de los miembros de la expedición. Y en esa nómina no se encontraba el máximo goleador histórico del club. Caducado el inocuo ultimátum que Nasser Al-Khelaifi lanzó a su estrella, Catar quiso aumentar de golpe la presión para que su futbolista-franquicia diera su brazo a torcer y activase la cláusula de renovación automática hasta 2025. O, en caso contrario, acepte ser vendido al club que esté dispuesto a pagar 200 millones de euros este mismo verano.
El ultimátum fallido
El palco le excluyó de la dinámica de forma abrupta e inesperada, pues en el camarín todos contaban con que los Mbappé viajarían. También los japoneses, que se han quedado sorprendidos al no poder disfrutar del principal reclamo por el que aceptaron pagar dicha millonada -cifra que ahora está en el aire-. La situación ha generado tal malestar en el propio Emir catarí que han decidido terminar de ensuciar su relación con el futbolista por el que pagaron 180 millones de euros en 2017 (para quitárselo al Monaco). Y al que renovaron hace un año, a razón de unos 70 millones de euros anuales. Los petrodólares no han conseguido volver a seducir a un futbolista que, encima, les quiere hacer pagar cada euro prometido. Empezando por la prima de fidelidad de 80 millones de euros. Desde que el delantero les envió una carta para comunicar su decisión de no renovar su contrato, la gerencia catarí ha acelerado en la propagación de informaciones destinadas a enfrenarle con la hinchada.
Se ha hablado de "traición al club" y de enfado en el seno del vestuario con su máximo líder. Se ha aireado que el futbolista se quiere ir ya del PSG, siendo desmentido por el propio protagonista, que siempre ha subrayado su intención de cumplir su contrato. Ni más ni menos. Hasta el 30 de junio de 2024. También se ha intentado emborronar la imagen de su madre y agente, y del ultimátum se ha pasado a la amenaza: este sábado se ha publicado en Francia que el club le dejará en la grada si no renueva o acepta una venta en estos meses.
No es la primera vez que este PSG catarí activa el ostracismo con un futbolista que sólo quiere cumplir el contrato pactado. En 2019 le ocurrió a Adrien Rabiot. El centrocampista internacional con la selección francesa estuvo seis meses apartado, sin jugar ni un minuto, antes de terminar fichando por la Juventus. A Marco Verratti le amenazaron con una situación similar si no renovaba y acababa marchándose al Barcelona, pero el mediocentro italiano transigió y fue obligado a emitir una disculpa pública. Así se las gasta Al-Khelaifi y por eso ha alzado la voz este fin de semana sindicado de futbolistas profesionales de Francia (UNFP). "No está de más recordar a los dirigentes que ejercer presión a un asalariado -degradando sus condiciones de trabajo, por ejemplo- para forzarle a irse o aceptar lo que el empleador quiere constituye acoso moral", reza una nota en la que se recuerda una sentencia del Tribunal de Apelación de Reims de 2020.
Bajo amenaza
Así están las cosas. Con el diario 'L'Équipe' explicando que Mbappé ya habría firmado un preacuerdo con el Real Madrid. Y señalando que el futbolista se ha abierto a marcharse este verano... sólo si el destino es el Santiago Bernabéu. Este punto ha sido respaldado por otros medios cercanos al entorno del futbolista y del club, como 'RMC Sport' o 'Le Parisien'. Estas cabeceras también han apuntado que el PSG ya ha recibido ofertas de Arabia Saudí (de 200 millones de euros, con un sueldo para el futbolista de unos 400 millones de euros por dos años de contrato) y de la Premier League, con Manchester Unitred, Tottenham y Chelsea a la cabeza. Pero el entorno del delantero ha insistido: o Madrid o cumple su contrato, aunque tenga que estar en la grada. Y eso que su objetivo principal en la próxima temporada es ganar el oro olímpico en los Juegos de París 2024 y la Eurocopa de la que son anfitriones. Metas complicadas si no compite durante nueve meses.
Cuando Al-Khelaifi le impuso el pretendido ultimátum, Mbappé no respondió. Se marchó a Camerún, a conocer el país natal de su padre. Ahora le han amenzado con dejarle en la grada hasta junio y él ha hecho lo siguiente: ha entrenado en la ciudad deportiva de Poissy con los descartes y a la salida se ha parado a firmar todos los autógrafos que le pedían. Este último dato es simbólico, pues no es ni mucho menos una práctica habitual en Mbappé parar su coche a la salida del entrenamiento para atender a los aficionados. Quería dejar claro que la afición sigue con él. Y que también tiene la sartén por el mango. Lo sabe también una directiva que funciona cada vez con más urgencia, mientras que desde Concha Espina se transmite calma.