La UE viene afrontando un buen número de retos desde hace más de una década, destacando la crisis económica de 2008, la crisis de los refugiados sirios (2015) y el referendo británico de 2016 que certificó el Brexit. La penúltima etapa parecía la respuesta dada a la pandemia Covid 19 y a sus efectos devastadores tanto en el plano económico como en el humanitario. Sin embargo, la agresión de Rusia a Ucrania ha puesto a prueba al proceso de integración europea.
¿Qué repercusiones ha tenido para la UE? Contestar a esta pregunta exige conocimiento y rigor científico, elementos ambos que permean por la obra que coordina Miguel Ángel Benedicto, La Unión Europea como poder global. Autonomía estratégica y despertar geopolítico, y en la que participan numerosos especialistas en relaciones internacionales. El resultado es un todo coherente que combina asuntos de máxima actualidad relativos a seguridad energética, estrategia industrial, cambio climático o geopolítica. Asimismo, otra virtud que eleva la categoría del libro radica en que no analiza a la UE como un objeto de estudio aislado, sino que aborda sus interacciones con otros actores internacionales.
En efecto, en este sentido cobra máxima relevancia la relación transatlántica a la hora de responder a la agresión rusa a Ucrania, poniendo de esta manera freno al distanciamiento que se había observado entre Washington y Bruselas desde la Administración Trump (2016-2020). Esta hipótesis pareció corroborarse poco después, tras la retirada de Afganistán en 2021 llevada a cabo por el gobierno de Biden. Precisamente, durante esos años irrumpieron conceptos como autonomía estratégica y brújula estratégica que coparon los discursos de la clase política comunitaria, destacando en este apartado Macron. Sin embargo, lo que ha confirmado la reacción ante Rusia ha sido un fortalecimiento de la OTAN como garante de la seguridad occidental.
Igualmente, en lo que alude a las repercusiones de la guerra de Ucrania, existen otros aspectos que deben analizarse con atención. Uno de ellos se refiere a la solidaridad mostrada por parte de los Estados miembros (incluyendo el Grupo de Visegrado) con los refugiados ucranianos, activando por primera vez la Directiva de Protección Temporal (si bien ya existía desde 2001). Esta conducta contrasta con el tratamiento dado a los refugiados afganos, sirios e iraquíes. De hecho, en 2015 la UE priorizó la securitización y la externalización de la gestión de sus fronteras. Así, para el profesor José Miguel Calvillo: “El hecho de que un refugiado proceda de un determinado país o provengan de una cultura diferente, religión e incluso raza influye a la hora de adoptar una posición común en relación a la protección de los seres humanos que huyen de circunstancias similares, como es, por ejemplo, una guerra. Sean cuales sean las razones, los derechos humanos son universales” (pág. 326).
Como puede observarse, la obra tiene la virtud de abordar una serie de temas sobre los que la UE en muchos casos no ha ido más allá de las buenas intenciones. Uno de ellos, que afecta directamente a su “seguridad interior”, tiene que ver con el Sahel, en cuyo territorio se ha producido un incremento en los últimos tiempos de la violencia terrorista, el crimen organizado y las vulneraciones de derechos humanos. Francia lideró varias operaciones militares (Serval, Barkhane) para procurar la estabilidad regional, aunque como explica David Hernández tal meta está lejos de lograrse.
De hecho, Sahel y la posición de la UE viene a certificar que en muchas ocasiones aquella tiende a responder en clave estrictamente nacional. Esta priorización de las agendas nacionales provoca que actores que se mueven por principios y valores antagónicos a los que defiende la UE, traten de rentabilizar esa división entre lo nacional y lo comunitario. China es uno de los que así opera, logrando atraerse a aquellos Estados miembros menos exigentes con Pekín en materias como los derechos humanos.
Con todo ello, a pesar de las insuficiencias que se puedan detectar en el funcionamiento de la UE, debemos recordar un aspecto en el que incide el profesor Miguel Ángel Benedicto como es el atractivo de su soft power. Tal fenómeno ha suscitado que otros procesos de integración regional hayan tratado de asemejarse a la Unión Europea, por ejemplo el Mercosur, aunque con un éxito mucho menor.
En definitiva, una obra de consulta obligada y obligatoria en la que desde un europeísmo crítico se disecciona con precisión de cirujano el estado actual de la UE. Con una finalidad estrictamente constructiva, los autores valoran la trayectoria del proyecto europeo pero también exponen algunos déficits percibidos con la finalidad de transformarlos en aciertos.