Desde su debut en la narrativa con Reunión tumultuosa (1971), Tom Sharpe (Londres, 1928- Llafranch, Gerona, 2013) hizo gala de un humor descacharrante, y con mucho de salvaje. Un humor que llevó a su cima en el ciclo novelesco protagonizado por su criatura Henry Wilt, formado por Wilt (1976); Las tribulaciones de Wilt (1979); ¡Ánimo Wilt! (1984); Wilt no se aclara (2004) y La herencia de Wilt (2009).
Sin embargo, la vida del “padre” de este profesor que debe dar clase a estudiantes sin ningún interés por aprender, a quienes resulta imposible inculcarles ni la más mínima atracción por la literatura, y está casado con una singular mujer que le produce no menos desesperación que sus alumnos, no fue precisamente feliz ni divertida. Quizá sólo encontró un cierto remanso cuando se instaló en 1992 en el pueblo de Llafranch, en la Costa Brava, donde falleció en 2013. En la localidad gerundense primero fue huésped permanente del Llevant y luego vivió en una casa que convirtió en su fortaleza. Allí consiguió desbloquear su sequía creadora, aminorar sus problemas de salud y conoció a la doctora, especialista en Neurología Montserrat Verdaguer Clavera (Olot, 1955), una figura esencial en su existencia.
Precisamente Montserrat Verdaguer es quien le encargó a Miquel Martín i Serra (Begur, 1969) escribir la biografía del escritor británico, a partir de un abundante y riquísimo material, que, aparte de sus numerosos dietarios, correspondencia, autobiografías inconclusas, como La libreta roja, incluía un sinfín de horas de conversaciones entre Sharpe y Montserrat Verdaguer, que esta grabó. Montsi, como él la llamaba, fue, en palabras de Martín i Serra, “no solo su amante, su pareja, discreta pero sólida, sino que también se convirtió en su médica y en su psiquiatra, en su enfermera y en su psicoanalista, en una amiga y en una confidente. Cerca de la setentena, con una salud delicada y lejos de Inglaterra, el escritor halló en Montsi un apoyo y un refugio, y quizá también la pequeña dosis de paz que siempre había buscado en vano”.
El resultado de la colaboración entre la albacea del legado de Tom Sharpe, la presidenta de la Fundación Tom Sharpe y la impulsora de la Cátedra Tom Sharpe de la Universidad de Gerona y Miquel Martín i Serra es esta extraordinaria biografía, que nos llega a los diez años de la muerte de Sharpe de la mano de Anagrama, en cuyo catálogo se encuentra prácticamente toda su producción.
El sugerente, y con un punto misterioso, título de la obra se debe a su propio protagonista que manifestó en varias ocasiones que rechazaba los autobiografías y biografías presuntuosas y solemnes. Sin duda, algo muy acorde con su visión del ser humano y del mundo, nada complaciente, y en la que de alguna manera el humor ejerció de cauterio.
En Fragmentos de inexistencia, que se enriquece con abundante material gráfico, se recorre toda la vida de Tom Sharpe comenzada por una complicada infancia, solitaria y triste. Hijo de unos padres mayores, no fue deseado. Hasta tal punto que su madre con aviesas intenciones se introdujo una esponja empapada de vinagre en la vagina y saltaba a la comba continuamente, y su padre le hizo un regalo envenenado: una escopeta en malas condiciones que al menor descuido podía dispararse. Un padre, reverendo anglicano y fanático, que trató de arrastrarle al nazismo que él profesaba con ardor. Luego su paso por diversos colegios e internados, su entrada en los Royal Marines y el universo académico de Cambridge, su labor como profesor, sus años en Sudáfrica, y su activismo contra el apartheid, su infarto y sus problemas de salud, su tarea literaria...junto a su personalidad.