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TRIBUNA

El PNV en una encrucijada histórica

José Luis Martínez López-Muñiz
lunes 24 de julio de 2023, 18:52h
Actualizado el: 25/07/2023 09:02h

Las elecciones de este pasado domingo, 23 de julio, son su elevada participación, a pesar de las dificultades y con sus desconcertantes resultados, quedarán para la historia.

Sus resultados admiten, desde luego, diversas perspectivas de análisis, aunque, en cualquier caso, han quedado lejos de augurar la deseable estabilidad institucional y parecen expresar más bien, en varias de las opciones respaldadas, preocupantes posiciones de hostilidad cerrada y visceral, poco propicias al deseable diálogo racional en pro del mejor bien común.

Es, no obstante, evidente que ha habido una diferencia de más de medio millón de los 22 millones y pico de ciudadanos que han respaldado opciones que se proponen representar al pueblo español y no ponen en cuestión la unidad de la nación española, que han traducido un rechazo a las políticas de Sánchez y sus aliados en estos últimos años, incluidas, quizás destacadamente, las practicadas en relación con quienes representan opciones separatistas o independentistas. En efecto PP, Vox, UPN y Coalición Canaria han sumado 11.292.066 votos y 171 escaños, frente a los 10.774.976 votos y 153 escaños que suman PSOE y Sumar.

La lectura democrática de este resultado no debería dejar espacio a las dudas. Entre la ciudadanía que no está queriendo romper la unidad nacional española, una mayoría clara ha mostrado su disconformidad con –entre otras cosas- las concesiones que el Gobierno de Sánchez ha venido haciendo a quienes sí quieren romperla, con cuanto ello comporta en sí mismo y en el inacabable proceso que intenta llevarlo a efecto. Y no se diga que el millón y medio largo (1.616.988) de los votantes de ERC, JxCat/Junts, EH/Bildu, PNV y BNG, también deben computarse porque también son legítimos electores del pueblo español. Es verdad que lo son, pero son ellos mismos los que dicen que no quieren representar al pueblo español si no solamente a las colectividades que querrían desgajar de la nación común. Es lógico, pues, que no se cuenten a los efectos indicados.

Es una reflexión que se impone al contemplar que la formación del próximo Gobierno va a depender, velis, nolis, de los 26 diputados respaldados por estos partidos nacionalistas-separatistas, que, con una u otra intensidad, ya han venido apoyando al Gobierno de Sánchez en la Legislatura anterior, después de haberlo aupado en la memorable moción de censura, a cambio, como es sabido, de concesiones varias: precisamente las que han rechazados ahora los 11.292.066 votos del sector netamente mayoritario de la nueva Legislatura.

14 de esos diputados que representan opciones separatistas –entre ellos los 6 de EH-Bildu, el partido que estuvo vinculado a ETA-, conectan con las tendencias de izquierda en lo económico y social del PSOE y Sumar. Pero hay otros 12, los elegidos por JxCat/Junts y por el PNV, que se encuentran más cercanos, en cambio, en su modelo económico y social, del PP y de Vox, por mucho que se verborree sobre este último partido.

Los acontecimientos que han rodeado a JxCat/Junts en los últimos años imposibilitan probablemente ahora un acuerdo del PP con esta fuerza política.

Otra cosa muy distinta podría ocurrir con el PNV, con el que el PP ha tenido otros momentos de entendimiento y acuerdo, y que quizás sienta haber salido escaldado de su pacto con Sánchez. Los resultados electorales en el País Vasco pueden llevarle a una reflexión, máxime en la perspectiva de las próximas elecciones autonómicas que habrán de celebrarse allí en un año. ¿Va a preferir el PNV asociarse en el Gobierno de España con quienes van a ser sus principales adversarios en esas próximas elecciones “en casa”, es decir el Partido Socialista y EH-Bildu? ¿No le será más conveniente contribuir con sus 5 escaños a la mayoría absoluta de un Gobierno del PP, aunque tenga que contar también en alguna medida con Vox, además de con Coalición Canaria y UPN? Lo único que, en realidad, les distanciará, y dificultará el acuerdo, seguirá siendo su distinta comprensión del Estado español, pero esa importante diferencia puede aparcarse, como otras veces, manteniéndose un respeto mutuo en el cumplimiento de la legalidad constitucional, poniendo en común otros muchos objetivos en los que bien pueden unirse, tanto en el terreno de la ordenación económica, como en la acción en Europa, asuntos sociales como la educación, etc. No es fácil ver por qué haya de sentirse más cómodo ese partido en una alianza con el PSOE, Sumar y EH-Bildu, a no ser que el PSOE acepte lanzarse abiertamente a la aventura incierta de la ruptura histórica de España, lo que, sinceramente, me parece descartable.

Los resultados electorales –todos- han colocado al PNV en una verdadera encrucijada, que, ciertamente, puede ser histórica para él y para el conjunto de España.

Si el PNV no se decide a hacer posible un Gobierno de Feijóo, no es fácil imaginar nada que desbloquee la imposibilidad fáctica de cualquier otro gobierno como no sea la aceptación por Sánchez de todo tipo de concesiones a los independentistas.

A no ser que un impetuoso viento de sensatez remueva a los principales responsables políticos de esta hora de España, y, o bien el PSOE acepte, como ha sugerido, entre otros, el propio Felipe González, abstenerse para que pueda ser investido Presidente del Gobierno el Sr. Feijóo, como candidato más votado, o bien, en fin, si el Sr. Sánchez no estuviera dispuesto a ello, sea el PP, a pesar del ser el partido que ha ganado las elecciones, quien, para evitar continuar o empeorar lo que ha rechazado la mayoría de la ciudadanía que no cuestiona la unidad nacional, ofrezca a Sánchez abstenerse para que pueda seguir siendo Presidente, a condición de que gobierne en solitario sin pactos de legislatura con otras fuerzas políticas.

José Luis Martínez López-Muñiz

Catedrático de Derecho Administrativo y profesor emérito de la Universidad de Valladolid

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