El día de San Lorenzo, el patrón de Huesca, se celebró el primer festejo de la Feria de Albahaca. La plaza rebosaba de espectadores, llena del bullicio de las peñas, del sol inclemente y del viento. Una tarde alegre, resultó complicada para los diestros. Los cuatreños, excepto el sexto, procedían de la ganadería de Los Maños: a las desiguales hechuras, el parejo comportamiento, agravado en algunas ocasiones por la falta de fuerza o por una desacertada lidia.
Antonio Ferrera veroniqueó a Corbeta (1º 2/19) con el vistoso capote color albahaca, haciendo juego al nombre de la feria. El astado, muy alto, arremetió contra el burladero, pero ahí decidió poner fin a su actuación: andaba pendiente del callejón y observando con atención el escenario. Arremetió contra los dos caballos buscando salida y quitándose el hierro sin necesidad de quites. El toro manso, aguardaba su poder, pero no para la muleta de Ferrera: miraba por encima del hombro del diestro, embistiendo a veces con clara desgana por ambos pitones. El mayor acierto fue abreviar: una estocada baja al segundo intento. Secretario (4º 3/19), embadanado y alto, dio una fea coz al jinete, pero recibió por su mal genio un castigo de tres varas, la segunda larga y fuerte al toro que se empleó. Le sentó muy mal al bicho porque recibió los rehiletes parado, igual que los muletazos de Antonio Ferrera hasta que se echó en el albero y no hubo manera de reanimarlo. La presidencia acertó en autorizar el puntillazo.
José Garrido lleva una temporada deslucida por los contrarios que le tocan en suerte. Su primer contrario Quejoso (2º 2/19), un toro rechoncho, colaboró en el saludo capotero, pero acusó un agudo sentido marcado, quizá, por la mansedumbre o por la falta de fuerza. Ambos picadores enhebraron las puyas. Con el mismo resultado, Isaac Fonseca pudo haber hecho el quite al toro de Guisando: tan clavado se quedó el morlaco en el ruedo. A los rehileteros les entrampillaba en cada par y lo mismo, probando y buscando, hizo con José Garrido en frente. Nadie hablaba ya de la estética del toreo, se pensaba por dónde ofrecer la pañosa al bicho para que pase… El “maño” andaba y, hasta se las ingeniaba para embestir de costado. Al natural, Garrido, le hace desplazarse un poco, pero se acaba la paciencia porque el bicho iba buscándole y remata con un macheteo. Complicaciones con el acero, descabello a la primera. Pastor (5º2/19) salió como un señor, despacio. De talante impredecible, casi se cargó el burladero y levanto las tablas. Aparte de pararse, es decir, gazapear, escarbaba y acusaba la falta de fuerza. Recibió dos varas a su pesar: quiso escaquear ambas si no fuera por Aitor Sánchez. Las banderillas caían muy lentas, algunas al suelo otras al morillo. El toro marcaba la querencia a las tablas. José Garrido apechugó a otro torete que tenía mal genio y naufragó con la espada. Un aviso.
Isaac Fonseca no perdió ni una oportunidad de hacer el quite, aunque los toros no estaban por la labor. Corbeto (3º 3/19), de pata baja, salió con buen galope. Humillaba para coger el percal, pero perdía las manos. Se mostró muy voluntarioso tomando la vara, sin embargo, su falta de fuerza se volvió un sordo peligro para Isaac Fonseca. Los pases cambiado han sacudido al público del letargo, las primeras series le quitaron la desilusión. Mas la obra se truncó con un afarolado: el diestro fue sorprendido por un embiste del astado, cobró un pisotón y, finalmente, fue encunado sin consecuencias. La espada entró después de varios intentos. Listillo (6º 1/18), un cinqueño armiñado, deslució una larga cambiada de rodillas. Fonseca se rehace y lo ahorma por chicuelinas. No tenía mal natural: se empleó en el primer tercio y se prestó en el segundo. Isaac Fonseca optó por el comienzo complicado: de rodillas desvió la embestida del toro, lento y probón, por la espalda. El torero afinó la raza y remató la serie con un bello pase de pecho ya de pie. Sin más esperas que precisaba el astado, Fonseca hizo una faena por ambos pitones, con buenos naturales desmayados y resolviendo con un aliento artístico los desajustes de distancias que al toro que retrocedía y sacando por la espalda, resolviendo los desajustes de distancias que provocaba el burel. Las manoletinas y la estocada contraria a la segunda. Sin trofeos.